Los países más al sur del continente americano se destacaron en el mapa literario de 2011 con reconocimientos a sus escritores, en un año que también reflejó las tensiones entre literatura y política y que develó varios secretos de las letras latinoamericanas.
La poesía de Chile protagonizó un trío de aniversarios, premios y fallecimientos. Cuarenta años después de que se le concediera el Nobel de Literatura a Pablo Neruda, el eterno candidato Nicanor Parra fue distinguido finalmente a los 97 años con el Premio Cervantes.

Además, 2011 se desplegó entre pérdidas y distinciones para la literatura argentina, que disfrutó a Buenos Aires como Capital Mundial del Libro y conmemoró los 25 años de la muerte del genial Jorge Luis Borges. Ernesto Sabato, último representante de una generación notable de autores argentinos, falleció poco antes de cumplir los 100 años, y también partieron la autora e ícono de la literatura infantil María Elena Walsh y el escritor David Viñas.

Martín Caparrós, por su parte, se hizo acreedor del Premio Herralde de Novela por "Los Living", a la que definió como una "farsa trágica" en la que vuelve a adentrarse en la historia argentina reciente. También dio testimonio de acontecimientos de los últimos años en su patria el colombiano Juan Gabriel Vásquez con "El ruido de las cosas al caer", que le valió el Premio Alfaguara 2011.
En tanto, el colombiano Fernando Vallejo recibió el Premio FIL de Literatura, al ser considerado una de las voces "más personales, controvertidas y exuberantes de la literatura actual en español". Y volvió a confirmarlo con un corrosivo discurso en su país de residencia, México, durante la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Su compatriota Gabriel García Márquez festejó el medio siglo de su llegada a México y salió airoso de una demanda de corte macondiano en Barranquilla: Un hombre cuya historia inspiró "Crónica de una muerte anunciada" le reclamó judicialmente un porcentaje de las ventas del libro.
Mientras, Carlos Fuentes recibió el Premio Formentor y regresó este año al ensayo con "La gran novela latinoamericana". Y el otro gran exponente vivo del "boom", el peruano Mario Vargas Llosa, se manifestó feliz de que terminara su "cuento de hadas" con la obtención del Nobel en 2010, con los focos en el sueco Tomas Tranströmer, el elegido de la Academia Sueca en 2011.
Sin embargo, Vargas Llosa se convirtió en fuerte protagonista de la campaña electoral en su país. En segunda vuelta apoyó a Ollanta Humala y suspendió sus colaboraciones con el diario “El Comercio”, al que acusó de favorecer a a Keiko Fujimori. Poco antes ocupó titulares la polémica en torno a su participación en la 37 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, cuestionada por sectores del oficialismo, a los que el autor peruano criticó con dureza.

Además, la FIL de Guadalajara festejó su cuarto de siglo y honró a dos autores afincados en México fallecidos en 2011: el cubano Eliseo Alberto y el español Tomás Segovia.
El año que termina también despidió al gran escritor español Jorge Semprún, cuya vida y obra estuvieron marcadas por el horror de los campos de concentración nazis y la lucha contra el totalitarismo, mientras España recordó los 75 años del fusilamiento de su más célebre poeta, Federico García Lorca.
El galardón mejor dotado de la escena editorial hispana, el Planeta de Novela, quedó en manos del español Javier Moro con "El imperio eres tú" sobre la vida de Pedro I de Brasil. Su compatriota Almudena Grandes se adjudicó premios por partida doble con "Inés y la alegría" (primero de la serie "Episodios de una guerra interminable"): el Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio Iberoamericano de novela Elena Poniatowska.
En otro hecho destacado, la mítica agente literaria Carmen Balcells vendió su archivo al Estado español, unas 2.000 cajas de documentos inéditos, con originales, pruebas corregidas y cartas de los principales literatos iberoamericanos. Entre algunos de los materiales que se difundieron, el chileno José Donoso confiesa estar "muy pobre, más que nunca", y Sabato manifiesta su disgusto por "salir en una editorial de segundo orden" en el mercado anglosajón.
