Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.

También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

sábado, 10 de noviembre de 2018

ESPACIO BORGES REVELA AÑOS CRUCIALES DEL ESCRITOR EN BIBLIOTECA CANÉ


"Los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo he estado siempre (y estaré) en Buenos Aires", escribió Jorge Luis Borges en "Fervor de Buenos Aires". Y la ciudad lo homenajea en estos días con la inauguración del Espacio Borges en el marco de la reapertura de la Biblioteca Miguel Cané, donde el autor argentino trabajó entre 1937 y 1946. 
La renovada biblioteca en el barrio porteño de Boedo ofrece ahora cinco salas que visibilizan distintas facetas del más universal de los escritores argentinos. Allí puede visitarse el pequeño cuarto que recrea el estudio donde se recluía a leer y trabajar en sus textos, así como las salas Borges autor y Borges lector, una línea de tiempo que recorre su biografía y un espacio audiovisual con diversas entrevistas.

La muestra permanente revela que la experiencia casi kafkiana de empleado municipal también tuvo su contracara fecunda. "No es exagerado decir que aquí, invisible, casi clandestinamente, nació ese Borges que cambió la literatura del siglo XX", apunta el curador de los textos Pablo Gianera.


El auxiliar primero contaba por entonces ya con varios libros publicados. Sin embargo, según rememoraba en su autobiografía, en el trabajo "los demás no se interesaban sino por las carreras de caballos, los partidos de fútbol y los chistes obscenos".
"Irónicamente, por ese entonces, yo era un escritor conocido, excepto en la biblioteca", se lamentaba. Pero con el paso del tiempo su perspectiva sobre esa etapa pareció ir cambiando, hasta llegar al reconocimiento de "una deuda de gratitud".
"Nueve años trabajó, mucho tiempo, como bibliotecario para la red de bibliotecas públicas. Fue el periodo del 37 al 46 donde él se termina de transformar en un escritor de ficción", destaca a dpa el coordinador general de la Dirección del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura, Ezequiel Mario Martínez.
Una de las joyas de la exposición es la recreación del espacio en el que Borges (1899-1986) solía recluirse por entonces, ambientado con silla, lámpara y escritorio antiguos, mientras se oye el rasgueo incansable de una estilográfica sobre el papel.
"Es un escritorio de época", comenta Martínez. "Quizás lo utilizó, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que se refugiaba en el sótano y en este lugar a leer y a escribir. Él contaba que en una hora y media, dos, cerraba todo el trabajo que tenía que hacer y después el resto de las horas leía. Acá leyó a Vicente Fidel López, a Paul Groussac. Y 'La Divina Comedia', en el viaje de tranvía 7 que hacía todos los días, una hora de ida y una hora de vuelta".
En una vitrina del estudio puede verse la ficha municipal del cuentista, poeta y ensayista, con el número de legajo 57323. Allí detalla "sí" detrás de "lee y escribe", así como sus estudios secundarios ("bachiller") y los "idiomas que posee": castellano, inglés, alemán y francés.
La viuda de Borges María Kodama recordó durante la inauguración el jueves pasado que "Las ruinas circulares", que el autor escribió en esa biblioteca, llegó a sus manos cuando ella tenía unos diez años y la impactó. 
Además relató que en una entrevista que Victoria Ocampo le hizo a Borges, éste  confesaba que nunca pudo volver a escribir algo con la intensidad con la que escribió ese cuento durante una semana. "Esa intensidad es lo que le tocó, sin entender intelectualmente nada, a una chica de diez años", comentó Kodama, quien hizo un llamamiento a "leer y sentir".
En la sala Borges autor descollan bajo las vitrinas las primeras publicaciones en la revista "Sur" en 1939 de "Pierre Menard, autor del Quijote" y de "La Biblioteca Total", ensayo que originó "La Biblioteca de Babel". Ambos relatos, asimismo imaginados entre las paredes de la Cané, también integran su celebrado libro "Ficciones" (1944).
Igualmente se destacan del acervo de la red de bibliotecas primeras ediciones de "Historia universal de la infamia" (1935), "Seis problemas para don Isidro Parodi" (de H. Bustos Domecq, seudónimo de Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares, 1942) y "El informe de Brodie" (1971).
Y en la sala Borges lector se despliegan obras que leyó en sus viajes en tranvía y en las instalaciones de la biblioteca, así como una breve constelación de libros que antologó, tradujo o reseñó. El autor de "El Aleph" opina por ejemplo sobre "La Divina Comedia" de Dante Alighieri: "es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos".
Años después de trabajar en el barrio de Boedo, el escritor quedó ciego en la década del 50. El gobierno militar que derrocó a Juan Domingo Perón lo nombró director de la Biblioteca Nacional en 1955, cargo que desempeñaría hasta 1973.
Los días de Borges en la Cané terminaron precisamente en 1946, con la llegada al poder del peronismo, al que siempre se opuso. Por entonces fue "ascendido" a la inspección de aves y conejos en los mercados públicos, según él mismo evocaba.
En las vitrinas del Espacio Borges pueden descubrirse también las palabras que el escritor pronunció con motivo de su renuncia, recuperadas por "Sur": "Nueve años concurrí a esa biblioteca, nueve años que serán en el recuerdo una sola tarde, una tarde monstruosa en cuyo decurso clasifiqué un número infinito de libros".
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miércoles, 7 de noviembre de 2018

HERNÁN CASCIARI; SOY UNA PERSONA COMÚN QUE ESCRIBE

"Soy una persona común que escribe", asegura el argentino Hernán Casciari. Y, hace ya un tiempo, el escritor disfruta narrando sobre diferentes escenarios sus historias, que suelen inspirarse en sus propias vivencias y las de su entorno.
"Toda la vida escribí y hace un par de años dejé de hacerlo y me dediqué casi de manera involuntaria a contar los cuentos que había escrito", dice en entrevista con dpa. "Es una especie de hobby que tengo en esta época, que de a poquito irá pasándole otra vez la posta a la escritura".
Sobre la génesis de su obra, que enhebra humor y drama, apunta: "Soy muy autorreferencial en todo lo que escribo. En la mayoría de los casos parto siempre de una verdad; después la maquillo un poco, a veces la exagero. Otras, me escondo detrás de personajes que no soy yo y me los apropio."
Casciari (Mercedes, 1971) reside desde 2016 en Buenos Aires, tras sufrir un infarto en Montevideo a fines del año anterior. Previamente vivió en Barcelona y ganó fama con sus blogs. "No podría contar nada a nadie si no existiera Internet", añade el escritor y periodista. 
Apostando por un proyecto propio, el autor de "Más respeto que soy tu madre" fundó Editorial Orsai, con la que publica sus libros y una revista homónima. "Es una maravilla no tener jefes ni dueños. Y no llevarte el 10 por ciento de tu obra, sino el 70. Es una maravilla de rentabilidad y de placer", subraya.
Casciari, quien presentó su unipersonal "Personajes secundarios" en el Festival Basado en Hechos Reales celebrado a principios de mes en Buenos Aires, adelanta que realizará próximamente lecturas de cuentos en Paraguay y Colombia. Además seguirá protagonizando diferentes espectáculos en Argentina -entre ellos, con el cantautor Zambayonny y con el tanguero Hernán "Cucuza" Castiello-.
dpa: ¿Cómo dio el salto de escribir a narrar sobre un escenario?
Casciari: Fue un poco casual. Inicialmente hubo como un paso intermedio que fue empezar a contar historias por radio, lo que me sugirió hace unos años (el conductor Mario) Pergolini. Le dije que no, que me parecía que iba a aburrir a la gente, y me insistió. Le mandé desde mi casa en Barcelona unos audios con algunos cuentos y, conforme se los iba mandando, me di cuenta de que editar un texto literario a su forma oral me empezaba a resultar muy divertido. 
Entonces empecé a hacerlo con muchas ganas. Y de ahí me invitaron a hacerlo en ferias del libro, en universidades, y me di cuenta de que la gente disfrutaba mucho en vivo y yo también. Comenzaba a encontrarle gestualidad a los textos, matices a la voz, y a descubrir que en todo eso había como adjetivos nuevos además de la palabra. Empecé a hacerlo con más fuerza en teatros y en auditorios y después de una forma un poco más profesional. 
dpa: ¿Le resulta catártico contar historias de su propia vida?
Casciari: En general siempre parto de una emoción, de una imagen que no logra asentarse con tranquilidad en mi memoria, está todo el tiempo como demasiado activa. Y a esa imagen la envuelvo alrededor de una historia y la entrego para ver si el otro la puede hacer propia e incluso si me puede ayudar a calmarla. Sobre todo con los dramas trabajo de esa manera.
Con la comedia es más una cuestión de compartir el humor. Pero con el drama trato de que se lo quede otro, de que a otro le dé vergüenza, de que otro llore. De que otro haga todas esas cosas que antes hacía en solitario con ese recuerdo.
dpa: ¿Alguna de las personas reales que aparecen reflejadas en sus textos se molestó alguna vez por eso?
Casciari: En general intento solamente utilizar personajes de mi familia, de mis amigos o de mi entorno que a priori sé que se van a sentir homenajeados y no traicionados con lo que cuento. Por ejemplo estuve en pareja 15 años con la que ahora es mi ex mujer, una chica catalana, y jamás he hablado de los que fueron mis suegros, y de hecho podría haber contado libros enteros al respecto. Yo sé que se hubieran sentido como intimidados al ser expuestos en la literatura, no lo hubieran entendido.
En cambio otros, familiares y amigos, siempre lo vivieron con mucho más ligereza y entonces con ellos me cebé y he contado muchas cosas. Por suerte no he tenido problema con ninguno, pero porque sé elegir a quién tocar y a quién no.
dpa: ¿Cuál es su balance del funcionamiento de editorial Orsai?
Casciari: Es una especie de hobby o de fórmula que tengo para la publicación de mis propios libros sin tener que entregárselos a la industria, sobre todo a las multinacionales, a las editoriales grandes, cosa que siempre me resultó muy desmoralizadora. Y además hacemos una revista con unos amigos que se llama "Orsai" y sale cada tres, cuatro meses, que también es un hobby más periodístico, más de edición (...) La editorial es una excusa para generar estas pequeñas aventuras del papel.
dpa: ¿Tiene nuevos proyectos entre manos?
Casciari: Estoy sacando un libro por año; seguramente saldrá uno en 2019. Va a salir una edición nueva de la revista a finales de diciembre. Y estoy preparando junto con un grupo de gente muy joven una versión móvil, digital, de contenido semanal de "Orsai". (...) Es una revista muy dinámica para toda Latinoamérica. 
HERNÁN CASCIARI (Mercedes, 1971) publicó las novelas "Más respeto que soy tu madre" y "El pibe que arruinaba las fotos", los libros de cuentos "España decí alpiste", "El nuevo paraíso de los tontos", "Charlas con mi hemisferio derecho", "Messi es un perro" y "El mejor infarto de mi vida" y los libros de historietas "Doce cuentos de verano" (junto a Horacio Altuna) y "Papelitos" (con Gustavo Sala). Ganó diversos premios como el Juan Rulfo (1998) y el de la Deutsche Welle al mejor blog del mundo (2005).

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jueves, 1 de noviembre de 2018

FABIO MORÁBITO: "TODO ESCRITOR TIENE QUE SABER HACER TRAMPA"



El escritor Fabio Morábito nació en Egipto de padres italianos, vivió su infancia en Milán y se mudó a México a los 15 años, donde adoptó el español para su obra literaria. Una vida trashumante que tiene correlato en su tránsito por la poesía y el cuento, pero también por la novela y el
ensayo.


Mientras en estos días se publica en México su segunda novela, "El lector a domicilio", que presentará durante la próxima Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, Morábito está terminando un nuevo libro de poemas. En entrevista con dpa, el destacado poeta y cuentista no duda a la hora de definir los atributos de un buen narrador: "Cautiva sin querer cautivar, que es quizás la receta de oro".

El autor de volúmenes de relatos como "Grieta de fatiga" y "Madres y perros" o textos de género incierto como "También Berlín se olvida" apunta que en todos los cuentos "tiene que haber algo de trampa".

"Todo escritor tiene que saber hacer trampa", dice Morábito, cuya lengua materna es el italiano. "Una historia es un buen engaño. Toda historia tiene una cosa impredecible y el autor debe aprovechar eso a su favor", añade. 


El protagonista de "El lector a domicilio" (Sexto Piso) es un hombre joven, Eduardo, incapaz de involucrarse en los libros que lee y que apenas capta el sentido de las palabras que desfilan antes sus ojos. "Como ha cometido un delito menor, tiene que pagarlo con trabajo comunitario, visitando casas de gente enferma, jubilados, y leerles", adelanta Morábito, quien participó en octubre en el festival literario Filba Internacional en Buenos Aires.
dpa: Pensando en el personaje de Eduviges, supuesto mal narrador del cuento "The next stop" de "Madres y perros", ¿cuáles cree que deben ser las características de un buen narrador? 
Morábito: Sabe dosificar el suspenso y cautiva sin querer cautivar, que es quizás la receta de oro. De una manera casi displicente, dejar que la historia agarre su fuerza, libre de la autoridad del narrador. No mostrarse dueño de un tesoro, pero para que ese tesoro se muestre de una manera mucho más contundente, precisamente porque nadie se lo esperaba.

Hay algo de trampa en todos los cuentos, tiene que haber algo de trampa. Todo escritor tiene que saber hacer trampa. Si es demasiado buena persona para no hacer trampa, seguirá siendo buena persona nada más (se ríe). Una historia es un buen engaño. Toda historia tiene una cosa impredecible y el autor debe aprovechar eso a su favor. 
dpa: ¿El cuento sigue siendo un género relegado frente a la novela?
Morábito: El cuento tiene poca fortuna editorial y mucho respeto crítico, un poco avasallado por la novela. Es una lástima porque se escriben tantas malas novelas, es tan fácil escribir malas novelas y publicarlas. Y en cambio no es tan fácil escribir un mal libro de cuentos. Uno se da cuenta enseguida si un cuento vale la pena o no. A la novela le damos más posibilidades. Puede tener un comienzo demorado, un poco difuso, y después tenemos la esperanza de que va a agarrar su ritmo.
Leer un libro de cuentos es más difícil, nos exige más atención que una novela, cuyas aguas son más hospitalarias, porque corren más lentamente. Nos encariñamos con los personajes, nos familiarizamos. Por eso los bestseller tienen 600, 700 páginas. Lo que leen los gringos en las playas son librotes que uno diría 'qué trabajo arduo', pero no es tan arduo, porque uno entra en una especie de telenovela y ahí va navegando.
dpa: ¿Cuándo sabe que tiene entre manos algo para escribir en poesía o en prosa?
Morábito: No tengo ese problema, porque como escribo por temporadas, si escribo un libro de cuentos todo lo que se me ocurre lo pienso en términos de cuentos. Y al revés, cuando estoy escribiendo poesía me concentro en ella y todo lo que me pasa alrededor, cualquier estímulo, va para el lado de la poesía. 
Son dos facetas muy separadas, lo cual no significa que no encuentre cada vez más semejanza entre la poesía y el cuento. De hecho lo encuentro al cuento más semejante al poema que a la propia novela.  
dpa: ¿Y cuáles serían esas semejanzas?
Morábito: Por el lado de no saber adónde va la historia, como no sabes nunca adónde va el poema. Una novela de algún modo tienes que planteártela en términos un poco estratégicos, tienes que saber la historia aunque quizás no sepas el final. El grado de improvisación se da dentro de las distintas partes o capítulos, pero el armazón lo tienes que tener más o menos hecho para lanzarte a esta ardua empresa de escribir una novela. Un cuento, igual que un poema, a veces necesita nada más un mínimo estímulo, una imagen, una situación, una frase. 
dpa: ¿En qué género se siente más cómodo para escribir?
Morábito: Me gusta más escribir poesía, porque el cuento es muy problemático. Es tan difícil escribir un buen poema como un buen cuento, pero el cuento nunca termina, siempre puedes corregir una frase, quitar una palabra, mover una coma de lugar. (...) El cuento es una bestia peluda (se ríe), entonces prefiero escribir poemas.
FABIO MORÁBITO: Narrador, poeta, ensayista y traductor, nació en 1955 en Alejandría (Egipto) de padres italianos y vive en México. Es autor de los libros de poesía "Lotes baldíos", "De lunes todo el año", "Alguien de lava" y "Delante de un prado una vaca", los libros de cuentos "La lenta furia", "La vida ordenada", "Grieta de fatiga" y "Madres y perros" y la novela "Emilio, los chistes y la muerte". Asimismo publicó "También Berlín se olvida" y "El idioma materno". Tradujo del italiano a diversos autores como Eugenio Montale.
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miércoles, 24 de octubre de 2018

PIÑEIRO SE VUELCA AL CUENTO CON "QUIEN NO" Y SUS PERSONAJES AL LÍMITE


La escritora argentina Claudia Piñeiro publica su primer libro de cuentos, "Quién no", tras haberse involucrado intensamente en la campaña por la legalización del aborto. "Tuve otra urgencia este año, que claramente era una urgencia por encima de la literatura quizás", apunta a dpa.
Y Piñeiro revela que siente un "cariño especial" por el volumen que presentará este jueves en el Centro Cultural Kirchner (CCK) en Buenos Aires, porque "Quién no" (Alfaguara) le permitió seguir el camino de la escritura mientras apoyaba el proyecto, aprobado en Diputados pero rechazado luego por el Senado.
La exitosa novelista ("Las viudas de los jueves", "Las grietas de Jara") afirma que el hilo conductor de este libro se encuentra en los "personajes que están en un límite". "El lector puede reaccionar diciendo 'yo jamás haría eso', o bien 'no pasaría de ese lado, pero a lo mejor puedo entender lo que le pasa al personaje'. Se pone en juego la pregunta de quién no haría eso si estuviera en ese lugar. No lo sabemos", explica. 
Piñeiro posa su mirada en situaciones cotidianas, interfamiliares y hasta de la industria editorial en esta obra que reúne cuentos de los últimos 15 años. Un padre separado carece de departamento propio para celebrar el cumpleaños de su hijo ("Lo de papá"), una mujer descubre por una maleta el secreto de su marido fallecido ("Dos valijas") y un escritor famoso es acusado de plagio ("La muerte y la canoa").
dpa: ¿Cómo es su relación con el cuento?
Piñeiro: A mí el género me encanta como lectora. Pero siempre me sentí más cómoda escribiendo novela, tengo la cabeza más formateada para irme por ciertos meandros que el cuento no permite tanto. El cuento tiene otra precisión, otra síntesis. A lo largo de estos años escribí muchos cuentos por distintas circunstancias. Al principio por el hecho de asistir a un taller literario con Guillermo Saccomanno. Y después durante estos años me han pedido para distintos medios del exterior y de acá, para antologías.
dpa: ¿Hay cuentos que son los pilares del libro o sus preferidos?
Piñeiro: Cada uno tiene cosas por las cuales me interesa. Por ejemplo tiene el único cuento de terror que escribí en mi vida, "Alquiler temporario". Y hay algunos que habían sido pequeñas grageas de cuentos que se llamaban "miniaturas negras" para "El País" de España, que después hice un poco más extensos.
Tenés que elegir con qué cuento arrancás, con qué cuento cerrás, qué cuentos ponés en el medio. Hay un cuento que tiene que ver con el aborto, "Basura para las gallinas", que escribí hace siete años. Pero arrancar con ese cuento me parecía demasiado exclamativo. A veces a los lectores hay que llevarlos de a poco hacia determinado lugar. Entonces preferí arrancar con "Lo de papá", que tiene que ver con el momento actual desde el punto de vista de los hombres. Las mujeres hicimos un avance tremendo, estamos en otra posición con respecto a años anteriores, y los hombres quedaron con cierto desconcierto.
dpa: Este año estuvo muy involucrada en la campaña a favor de la legalización del aborto. ¿Pudo seguir escribiendo entretanto?
Piñeiro: Creo que justamente este libro de cuentos tiene que ver con eso. Muchos de estos cuentos ya estaban escritos, entonces lo que tenía que hacer era corregirlos. Ese tipo de trabajo de corrección y tan compartimentado lo podía hacer en medio de esa vorágine. Tenía una novela para empezar este año y no pude, porque el proceso fue agotador física y mentalmente. Además si tenés que estar en la calle peleando un derecho no tenés ese tiempo para estar sentado a tu escritorio escribiendo una novela. 
dpa: Con el debate sobre la legalización del aborto, más allá de que no se aprobó, ¿se ganó una batalla al plantear una discusión inédita en el país y en América Latina?
Piñeiro: Absolutamente. La palabra aborto no se decía, era disruptiva. Se pudo usar la palabra, se pudo hablar en las familias. Gente que lo tenía totalmente oculto pudo abrazarse, consolarse, contarse sus experiencias. Es una batalla que ganamos hablando de esto y eso no nos lo van a quitar. Después nos darán la ley o no. Yo creo que sí, es una ley de salud pública, es una ley que no se le puede negar a las mujeres. No puede ir presa una mujer por hacerse un aborto ni puede morirse desangrada en un consultorio clandestino.  
dpa: El narrador del último cuento sostiene: "Hoy un escritor (...) con solo escribir no llega a ninguna parte". ¿El escritor es cada vez más una figura mediática?
Piñeiro: Todos somos cada vez figuras más mediáticas, no solamente el escritor. Lo que pasa, pasa en los medios. Lo que pasa, pasa en los redes. Si vos no tenés cierta participación en esos lugares te ven menos, compran menos tu libro. Entramos en una nueva etapa, en la cual si querés que tus libros se conozcan, tenés que hacer algunas cosas que antes no hacías. Y algunos están dispuestos a hacerlo y otros no. Algunos con límites y otros no.
dpa: ¿Cree que se está produciendo una renovación entre los cuentistas argentinos?
Piñeiro: Hay muchas apuestas editoriales a los cuentos que antes no la había. Últimamente con Mariana Enríquez, con Samanta Schweblin, con otros autores que han sacado libros de cuentos que se han leído muy bien, también extranjeros como Lucia Berlin, se empezó a mover ese prejuicio con respecto a que la gente no lee cuentos.
SOBRE CLAUDIA PIÑEIRO (Gran Buenos Aires, 1960): Escritora, dramaturga y guionista de televisión. Publicó "Las viudas de los jueves" (Premio Clarín de Novela 2005), "Tuya", "Elena sabe" (Premio LiBeraturpreis 2010), "Las grietas de Jara" (Sor Juana Inés de la Cruz 2010), "Betibú", "Un comunista en calzoncillos", "Una suerte pequeña" y "Las maldiciones". Varias de sus novelas fueron llevadas al cine. También es autora de relatos para niños y obras de teatro.
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lunes, 8 de octubre de 2018

FESTIVAL LITERARIO FILBA CELEBRA SUS DIEZ AÑOS ENTRE TRES CIUDADES


El festival literario Filba Internacional celebrará en los próximos días su décima edición, desparramando autores y textos entre Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile, con una programación que tendrá como eje central la fiesta, con sus facetas de alegría y resistencia.
Entre la veintena de invitados internacionales que animarán el evento entre el miércoles y el domingo en la capital argentina estarán la poeta canadiense Anne Carson, el autor estadounidense David Levitt, el escocés Irvine Welsh, la escritora y crítica de arte francesa Catherine Millet, así como la cantautora mexicana Julieta Venegas.
También le darán brillo a este Filba Internacional nombres como los españoles Fernando Savater y Mercedes Cebrián, el mexicano Fabio Morábito, el chileno Raúl Zurita, el boliviano Edmundo Paz Soldán, el salvadoreño Horacio Castellanos Moya y la colombiana Carolina Sanín.
Catherine Millet. Foto de María Teresa Slanzi
Nacido en Buenos Aires en 2008, el festival organizado por la Fundación Filba será inaugurado el miércoles por Millet, autora de "La vida sexual de Catherine M.", con una conferencia sobre qué significa ser mujer en una era de luchas y reivindicaciones.
Y como broche de la apertura en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), los organizadores anunciarán el "Premio Nobel de Literatura 2018", en un año en el que la Academia Sueca de las Letras, inmersa en una fuerte crisis, no concederá el galardón.
La directora del Filba, Gabriela Adamo, explica en tanto a dpa la elección del eje temático: "Sostenerse como una fundación independiente durante diez años en una región que tiene los vaivenes políticos, sociales y económicos como la nuestra y en la que los apoyos estatales y privados para la cultura son mínimos es motivo de fiesta, sin lugar a dudas".
Adamo, directora del Filba
Y Adamo sostiene que además la fiesta está omnipresente en la literatura: "Capote, Fitzgerald, Hemingway, pero también la cultura argentina del Happening en los años ’60, las bacanales griegas, el Decamerón y miles de ejemplos. Sin olvidar la fiesta como crítica y resistencia: cuando el mundo que nos rodea se vuelve difícil y hostil, la literatura es un refugio, un amparo, un motivo de alegría".
En el capítulo uruguayo del festival, del 13 al 16 de octubre, participarán las argentinas Claudia Piñeiro, Samanta Schweblin y María Negroni, así como Welsh y Zurita, con el Centro Cultural de España y la Librería Escaramuza entre sus sedes.
Y, tras una breve pausa, el Filba Internacional volverá a desembarcar en Santiago de Chile entre el 16 y el 17 de octubre, con la presencia de Carson, Venegas, el chileno Álvaro Bisama y la argentina María Moreno, entre otros en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales.
Anne Carson, invitada estelar del Filba
Adamo destaca que el festival busca lograr año tras año una importante representación de autores latinoamericanos. "Siempre es difícil, porque los recursos para viajar en Latinoamérica son mucho menores que en Europa o Estados Unidos. Pero nunca bajamos los brazos ni dejamos de tener un buen porcentaje de autores de nuestra región. Volver a Chile refuerza ese compromiso, porque intensifica las posibilidades de mirarnos y leernos entre nosotros".
Entre las características distintivas del Filba Internacional, Adamo apunta a su programación totalmente independiente. "No estamos atados a criterios de propaganda estatal ni tampoco de modas comerciales, porque no nos financian el Estado ni las editoriales", señala. "Solo programamos autores que leímos y que nos gustan".
El festival desplegará en sus cinco jornadas en Buenos Aires más de 50 actividades entre lecturas, paneles, performances, talleres, entrevistas y recitales. Algunos de los invitados locales son Martín Kohan, Carlos Busqued, Pedro Mairal, Tununa Mercado y Fito Páez. Asimismo asistirán dos escritores que viven fuera del país, Schweblin y Rodrigo Fresán.
"Oda al tedio" será uno de los paneles protagonizado por el cruce epistolar sobre el aburrimiento y su potencial creativo entre el argentino Damián Tabarovsky y la francesa Valérie Mréjen. Carson brindará una performance de lecturas, "Las palabras que faltan", y también debatirá con Leavitt y Savater sobre literatura y amor.
Julieta Venegas le pondrá música al Filba
Como parte de los habituales cruces con otras expresiones artísticas, la mexicana Venegas compartirá un encuentro de música y lectura con el poeta argentino Mariano Blatt en el Centro Cultural Kirchner (CCK). Además habrá recorridos literarios por una muestra de dos referentes de la fotografía contemporánea, Cindy Sherman y Richard Prince, en el Malba, y por la fotogalería FOLA.
Entre otras actividades de formato no tradicional, Paz Soldán y el suizo Vanni Bianconi protagonizarán las Lecturas 1 a 1, en las que un escritor lee a una persona del público.
En el marco de esta edición aniversario, un grupo de directores y organizadores de festivales literarios de todo el mundo participarán martes y miércoles en un encuentro en Buenos Aires para intercambiar experiencias.
Y el fin de semana, el Filba Internacional festejará tomando la plaza República del Perú, junto al Malba, que se llenará de canciones y relatos, fiel a su meta de hacer circular la literatura.
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domingo, 12 de agosto de 2018

EDUARDO RABASA: DESDOBLARSE ENTRE LOS OFICIOS DE EDITOR Y ESCRITOR

El mexicano Eduardo Rabasa, cofundador del reconocido sello independiente Sexto Piso y quien concilia su oficio de editor con su más reciente rol de escritor, cree que "el mundo del libro es muy jerárquico".

"Es como muy vertical y cada quien tiene su lugar como muy marcado. Entonces cuando
yo publiqué un libro es como si me hubiera salido de mi lugar de alguna manera", dice a dpa Rabasa, cuya segunda novela, "Cinta negra", llega en estos días a  Argentina (Ediciones Godot).

"No ha sido agradable. En lo laboral me ha causado problemas por ejemplo con algunos de os autores y autoras de la editorial, pues no les hizo gracia que yo publicara un libro o dos ahora. No entiendo muy bien porqué, porque no los publiqué en mi editorial ni creo estar haciendo peor mi trabajo", apunta el autor elegido entre las mejores plumas jóvenes de Latinoamérica por la lista Bogotá 39-2017.

Rabasa es uno de los invitados de la VII Feria de Editores que finaliza este domingo en Buenos Aires, con participación de numerosos sellos independientes argentinos y latinoamericanos, entre ellos Sexto Piso. Y además llega con "Cinta negra", una parodia corrosiva que pone el foco en las relaciones de poder dentro de las grandes corporaciones.

Su protagonista, el inescrupuloso Fernando Retencio, trabaja en la empresa Soluciones y está obsesionado por acceder a la cinta negra. Se trata del máximo reconocimiento que otorga la compañía, que computa en una pizarra aciertos e infortunios de sus empleados, mientras estos libran una feroz competencia entre sí.

Esta novela distópica, que ya se publicó en México y Alemania y próximamente saldrá en Italia, surgió de la percepción de que "las empresas son como el gran actor económico, sin duda, pero cada vez más político e incluso cultural de la época. Los medios como
Facebook, Google son como los nuevos héroes, además son filántropos y buena onda", señala el escritor y editor.

Rabasa (Ciudad de México, 1978) buscó seguir "el recorrido de un personaje protagonista que hubiera hecho totalmente suyo este credo corporativo, como esta tecnología del management, del éxito", explica. El objetivo fue por tanto "explorar un poco esa mentalidad y qué tipo de individuo está produciendo".

Feria de Editores en el Konex
Para ello leyó especialmente libros de management y filosofía empresarial, entre ellos uno "súper-autocelebratorio" que le impresionó mucho de Laszlo Bock, quien dirigió recursos humanos de Google.

Su filosofía implica "la alberca (piscina) de pelotas, la fuente de soda, si estás estresado puedes bajar y tocar la guitarra un rato. Tiene como esta cosa casi lúdica, puedes venir en sandalias y shorts, pero al lado de eso describe unos mecanismos laborales horrorosos".

Rabasa, quien se tituló en Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dice que la escritura de su primera novela "La suma de los ceros" (2015) tuvo "un proceso muy ordenado, tranquilo" y que le sirvió "para sanar algunas cosas".

"Cinta negra" resultó ser todo lo contrario. "Fue un proceso muchísimo más frenético desde los horarios, eran sesiones mucho más largas y me quedaba en un estado de exaltación, soñaba con el libro. Muchas veces me despertaba a medianoche y ahí apuntaba", señala. "Apenas estoy pudiendo volver a poner orden en mi vida".

A la pregunta de cómo se gestó la consolidación de Sexto Piso, afirma: "Cuando empezamos nos topábamos casi siempre con un discurso de 'en México no se puede tener una editorial así'. Esa idea de que no se podía acababa en la práctica siendo lo que hacía que la gente no lo intentara. Y nosotros, porque no teníamos experiencia, no conocíamos el mundo del libro, no conocíamos las dificultades, simplemente decidimos intentarlo".

El sello -que nació en México en 2002 y desde 2005 cuenta con una sede en España- apostó a iniciar con un catálogo sólido de autores clásicos "y después quizá de ahí empezar a arropar a escritores menos conocidos. Tomamos el camino inverso de lo que hacía mucha gente y supongo que en parte eso fue lo que funcionó".

Respecto de las futuras políticas culturales del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, destaca el nombramiento de Margo Glantz –una de las autoras que publica Sexto Piso- al frente del Fondo de Cultura Económica (FCE) como "una muy buena señal" y "una noticia extraordinaria".

A la vez, Rabasa lamenta que la administración saliente "tuvo un desdén tremendo por la cultura. Hay programas de compras de libros que funcionaban muy bien y los fueron reduciendo y reduciendo", ejemplifica.

¿Qué gratificación le dejan sus oficios? Ser editor "produce mucha satisfacción, porque es un trabajo en equipo" y por "estar publicando buenos libros", reflexiona. En la escritura, en cambio, encuentra el placer en "el momento de escribir" y no tanto en la parte pública.

Y confiesa: "Casi siempre cuando me preguntan '¿tú que eres?' yo digo 'editor'. No acabo de asumir que también escribo. Supongo que será cosa de tiempo".

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martes, 7 de agosto de 2018

"CUENTOS DE LA SELVA" DE QUIROGA, ECO INCESANTE DE UNA GEOGRAFÍA

"Cuentos de la selva" del uruguayo Horacio Quiroga, con sus relatos protagonizados por yacarés, flamencos, tigres y coatíes, celebra este año el centenario de su primera publicación en Buenos Aires, convertido en un clásico de la literatura infantil con innumerables reediciones y traducciones.
Quiroga (Salto, Uruguay, 1878-Buenos Aires, 1937) fue un autor atravesado por la selva misionera, donde encontró inspiración y refugio de una vida marcada por la tragedia. Su experiencia en esa exuberante geografía no pudo ser más directa: allí crió a sus hijos, cultivó yerba mate y levantó una casa con sus propias manos.
"Todos los cuentos de Quiroga, cualquiera fuera su tema, están construidos de manera impecable. Pero debo señalar que aquellos que se sitúan en Misiones están impregnados del misterio, la pobreza, la amenaza latente de la selva", lo elogiaba su compatriota Juan Carlos Onetti. 
Los ocho relatos que atraparon a numerosas generaciones tienen como personajes a animales selváticos representados de forma humanizada, que hacen uso de la palabra y del pensamiento. A veces se enfrentan o se alían entre ellos; otras, su socio o adversario es el hombre.
En sus páginas una tortuga busca salvar a su amigo humano enfermo ("La tortuga gigante"), los yacarés se enfrentan a un buque ("La guerra de los yacarés") y las rayas dan encarnizada batalla a los tigres para defender a un hombre ("El paso del Yabebirí"). Completan el libro "Las medias de los flamencos", "El loro pelado", "La gama ciega", "Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre" y "La abeja haragana".
La primera edición de la obra vio la luz en 1918 como "Cuentos de la selva para los niños", publicada por la Sociedad Cooperativa Editorial Limitada en Buenos Aires. Sin embargo, sus relatos habían ido difundiéndose en las páginas de populares revistas y semanarios porteños a partir de 1916. 
Entre las innovaciones del libro se encuentra, "en primer lugar, un golpe de aire fresco gracias a la naturalidad con que narra pero hay más: acierta en el movimiento de atención que mueve a todo lector y, en especial, a los niños que perciben la trampa de la niñería", apunta a dpa el crítico literario argentino Noé Jitrik.
Lo que el cuentista rioplatense descubre en la selva misionera "está en estrecha relación con una mirada que actúa por capas, del exterior brumoso de personajes en apariencia simples a situaciones que 'significan' poderosamente, el sentido de la experiencia, el trato con la muerte", indica Jitrik.
En 1903, en lo que devendría el viaje iniciático que impregnaría su vida y su literatura, Quiroga acompañó como fotógrafo al escritor Leopoldo Lugones a una expedición a las misiones jesuíticas en la provincia argentina de Misiones.
Fascinado por ese paisaje, lo eligió para vivir allí años después junto a su esposa, la joven Ana María Cirés, con quien tuvo dos hijos. Tras seis años de jungla y matrimonio, Cirés se suicidó en 1915 y Quiroga se trasladó luego con sus hijos a Buenos Aires.
El maestro del cuento latinoamericano regresó por última vez a la selva entre 1932 y 1936 con su segunda mujer, María Elena Bravo, tres décadas menor que él, y quien dio a luz a su tercera hija.
El libro, con su prosa sencilla, clara y por momentos violenta como la propia naturaleza, contó con adaptaciones teatrales en diversas latitudes. 
El argentino Gastón Marioni, quien recientemente escribió y dirigió una versión de "Cuentos de la selva" en el Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata, una precuela de estos relatos con música de Damián Mahler, dice a dpa: "Me parecieron más que oportunos los universos que despliega, en tanto cualidades, valores e idiosincrasia en tiempos de tanta globalización, individualismo y sectación".
Asimismo el clásico de la literatura infantil inspiró un film argentino-uruguayo de animación en 2010, una versión libre dirigida por Liliana Romero y Norman Ruiz. Previamente tres de sus relatos se convirtieron en dibujos animados, en cortos producidos por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
¿A qué se debe la vigencia de esta obra de Quiroga? "Son hechos que no se pueden explicar; no les sucede a todos los libros, ni siquiera a otros de su mano", analiza Jitrik. "Debe ser porque en su oportunidad tocó alguna cuerda humana sensible y la resonancia que produjo no se apaga porque no es inherente a los niños ni al ambiente que describe", concluye el escritor y crítico.
Por su parte, el dramaturgo Marioni considera: "La vigencia será perenne mientras la condición humana siga siendo tal. Allí su validez, su inmortalidad; ese espejo que nos devuelve a pensarnos en sociedad".
Quiroga, quien publicó también obras como "Cuentos de amor, de locura y de muerte", "Anaconda" y "Los desterrados", fue además poeta, dramaturgo, docente, ciclista aficionado, inventor amateur y juez de paz. En 1937, enfermo de cáncer, se quitó la vida en Buenos Aires. 
Mientras tanto, los "Cuentos de la selva" siguen acercando al lector los mágicos ecos de esa geografía que tanto lo apasionó. Como escribiera la autora argentina Liliana Bodoc: Al terminar de leer el libro "es posible que haya barro en la suela de nuestros zapatos, porque, página a página, hemos atravesado una selva".
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