Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.

También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

viernes, 10 de junio de 2011

JORGE LUIS BORGES, O EL HACEDOR DE UN UNIVERSO LITERARIO INIGUALABLE

Buenos Aires, 10 jun (dpa) - "Sería tan raro que yo me muriera. No por el hecho de morirme en sí, que sería de lo más común, a todos les ocurre, sobre todo a mi edad; sino que sería raro que yo, tan rutinario, hiciera algo fuera de mis hábitos", bromeaba Jorge Luis Borges poco antes de su fallecimiento el 14 de junio de 1986 en la ciudad suiza de Ginebra.

Pero la vida del escritor argentino de mayor proyección universal finalmente se apagó hace un cuarto de siglo, a los 86 años. Lejos de su Buenos Aires natal, y con un enorme reconocimiento en todo el mundo, aunque sin adueñarse del Premio Nobel.

Nacido el 24 de agosto de 1899 en pleno corazón porteño, el precoz Georgie -así lo llamaban en casa- aprendió a leer en inglés antes que en castellano. Poco queda de esa ciudad que supo transformar en paisaje de sus escritos. Pero lo que sí persiste es su obra: con magistrales cuentos, poemas y ensayos, se erigió en una de las figuras más prominentes de las letras del siglo XX.

El autor de "El Aleph" y "El hacedor" trazó un inigualable universo literario habitado por espejos, laberintos, bibliotecas y tiempos circulares, donde también abundan la manipulación de la memoria y la identidad. A la vez, apeló a las citas de libros reales e imaginarios, con un estilo deslumbrante por su precisión.

La ensayista Beatriz Sarlo señala que Borges desclasificó los géneros literarios, las jerarquías culturales y el orden. "Los estremecimientos que recorren sus relatos son el efecto y el síntoma de la desclasificación", apunta.

En tanto, su biógrafo Alejandro Vaccaro explica a dpa: "La vigencia de la obra de Borges está dada por su originalidad y genialidad. Sus relatos de sesgo fantástico son únicos en el mundo. Su obra no sólo está vigente, sino que crece y agiganta su figura año tras año".

Borges se confesaba gran lector de cuentos, pero no así de novelas, género en el que no incursionó. Y comentaba: "No veo una literatura sin cuento o sin poesía, en tanto que una novela de 400, 500 páginas, puede muy bien desaparecer". También admitía: "Mis amigos me dicen que mis cuentos son muy superiores a mis poesías".

"He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay en la tierra una sola página, una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad", reveló en el prólogo de "El informe de Brodie" (1970).

Pasó su infancia en el barrio porteño de Palermo, donde conoció las andanzas de compadritos y cuchilleros que luego habitarían sus ficciones. Tenía apenas nueve años cuando realizó su primera traducción del inglés al castellano: "El príncipe feliz", de Oscar Wilde. En 1914 viajó con su familia a Europa y se instaló en Ginebra, donde cursó el bachillerato. En su posterior paso por España, entre 1919 y 1921, tomó contacto con el ultraísmo.

A su vuelta redescubrió su ciudad natal, que lo inspiró para su primer libro de poemas, "Fervor de Buenos Aires" (1923). Este primer ciclo poético se completó con "Luna de enfrente" (1925) y "Cuaderno San Martín" (1929). Por entonces gestó también sus primeros ensayos, "Inquisiciones" (1925), "El tamaño de mi esperanza" (1926) y "El idioma de los argentinos" (1928).

En la década del 30 inició una larga y entrañable amistad con Adolfo Bioy Casares. Compartieron numerosas aventuras literarias, como la compilación de antologías de la literatura fantástica y policial y la creación de un escritor imaginario, H. Bustos Domecq, seudónimo con el que publicaron entre otros "Seis problemas para don Isidro Parodi" (1942).

Borges, quien imaginaba que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, trabajó como auxiliar desde 1937 en la Biblioteca Municipal Miguel Cané. En la década siguiente fue testigo de una experiencia histórica crucial en la Argentina, la del peronismo, al que siempre se opuso. No casualmente el gobierno de Juan Domingo Perón lo degradó en 1946 al cargo de inspector de ferias municipales.

Por esos años, el escritor erudito, irónico y polémico se consagró con la publicación de los libros de cuentos "Ficciones" (1944) y "El Aleph" (1949).

Como consecuencia de una enfermedad congénita, la ceguera le sobrevino en la década del '50, aunque lo había ido alcanzando gradualmente desde la infancia. "Fue como un lento atardecer de verano", explicaba, que sin embargo no le impidió seguir dictando sus obras.

En 1955, el gobierno militar que derrocó a Perón designó a Borges director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñaría hasta 1973. Fue nombrado profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1956, tras afirmar: "Sin darme cuenta me estuve preparando para este puesto toda mi vida". De hecho, el escritor contaba que la primera vez que emprendió la lectura del Quijote lo hizo en la lengua de Shakespeare.

En la década del 60 comenzó a extenderse el reconocimiento a su obra. Fue galardonado con el Premio Formentor en 1961, compartido con Samuel Beckett, y el Cervantes en 1979, con Gerardo Diego. Pese a que su prestigio no paraba de crecer, no logró ser galardonado con el Nobel. Muchos lo adjudicaron a sus posturas políticas, que desagradaban a la Academia Sueca.

Aunque padeciera a causa del amor, se enamoró muchas veces. En 1967 se casó con Elsa Astete, pero luego se separó y regresó a vivir con su madre, Leonor Acevedo, con quien mantuvo siempre un vínculo muy estrecho. Poco antes de morir contrajo matrimonio con María Kodama, su acompañante de los últimos años. Eligió pasar sus días finales en Ginebra y pidió ser enterrado en esa ciudad, donde actualmente se encuentra su tumba, en el cementerio de Plainpalais.

En su vejez concedió numerosas entrevistas, en las que sorprendía con sus réplicas ingeniosas. Como por ejemplo cuando en un estudio de televisión parisino le preguntaron: "¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?" A lo que Borges respondió: "Es que éste ha sido un siglo muy mediocre".

EL PREMIO NOBEL, UN MITO ESCANDINAVO DESLUCIDO POR IGNORAR A BORGES

Buenos Aires, 10 jun (dpa) - Mario Vargas Llosa, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, pudo romper el año pasado la larga espera y atribuirse el galardón que la Academia Sueca le negó sistemáticamente a Jorge Luis Borges. En sus primeras reacciones, el escritor peruano dijo sin rodeos: "Pues me da un poco de vergüenza recibir yo el Premio Nobel, no habiéndolo recibido Borges".

Y es que a 25 años de la muerte del autor de "El Aleph", sus méritos para acceder al máximo galardón de las letras "son tan universales y actuales, que para siempre el Nobel será el premio que se deslució al ignorar a Borges", analiza el estudioso y testigo de la literatura latinoamericana contemporánea Julio Ortega.

"He sido, lo puedo contar ahora que dejé de serlo, uno de los críticos consultados por el premio. Y aunque el acuerdo era generalizado a favor de Borges, una y otra vez le fue denegado. Más ha perdido el Nobel que Borges", afirma el peruano Ortega a dpa.

María Kodama, viuda del escritor, sostuvo que su marido no inscribió su nombre en la lista de ganadores por "cuestiones políticas", pese a haber sido uno de los mejores autores del siglo XX. "Su forma de pensar no caía bien", dijo Kodama hace un tiempo en España. "Era un hombre íntegro y no se dejaba llevar por la corriente, aunque esto le supusiera perder muchas cosas".

Las razones para que Borges se quedara sin el galardón de la Academia Sueca fueron triviales, observa Ortega. "Porque habían premiado recientemente a otros escritores de lengua española, porque Borges había recibido una medalla de Pinochet, porque para algunos lectores Borges seguía siendo más europeo que latinoamericano, porque la diplomacia argentina ha solido ser muy poco borgiana, y, no hay que descartarlo, por mera ignorancia".

También el escritor argentino Pablo de Santis estima que Borges perdió el Nobel al aceptar una condecoración del dictador chileno y por el discurso que entonces pronunció. "El escritor chileno Miguel Rojas Mix, autor de grandes ensayos sobre América Latina, me recordó en una ocasión la frase que Borges dijo en esa oportunidad: 'Prefiero la clara espada a la furtiva dinamita'", indica De Santis, ávido lector de Borges, a dpa.

Y coincide: "Le quitó más prestigio al premio que a Borges. La fama de Borges está fundada en dos géneros casi olvidados por el siglo XX: el cuento y el ensayo breve. Si su obra alcanzó trascendencia sin haber escrito novelas, bien podía tenerla sin haber ganado el Nobel".

Tras el anuncio de que sería el undécimo hispanohablante en quedarse con la máxima distinción a la que puede aspirar un literato, Vargas Llosa reflexionó en medio de su alegría: "Creo que es una ausencia (Borges) que ha sido muy justamente criticada. También la Academia Sueca se equivoca a veces".

Y antes de llevarse el Nobel, el colombiano Gabriel García Márquez comentaba en una nota periodística la infructuosa espera del asiduo candidato: "Borges es el escritor de más altos méritos artísticos en lengua castellana, y no pueden pretender que le excluyan, sólo por piedad, de los pronósticos anuales". "Lo malo es que el resultado final no depende del derecho propio del candidato, y ni siquiera de la justicia de los dioses, sino de la voluntad inescrutable de los miembros de la Academia Sueca".

"Yo siempre seré el futuro Premio Nobel. Debe ser una tradición escandinava", se resignaba el autor fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra, cuyas opiniones políticas escandalizaron a la Academia Sueca. El argentino Roberto Alifano, quien fuera secretario de Borges, cuenta a dpa cómo vivía el escritor el anuncio del esquivo Nobel: "La noticia, cada año, cuando no se lo otorgaban, la recibía con una sonrisa y con una broma. Decía: 'Está bien que no me lo den; no me lo merezco. Pero eso hace que muchos se sientan culpables y me otorguen otros premios'".

Borges obtuvo todas las distinciones posibles a excepción del Nobel, subraya el biógrafo y coleccionista argentino Alejandro Vaccaro. "Las razones por las cuales no le han concedido el Nobel son sin dudas de orden político. Fue candidato durante 25 años y en ese lapso lo obtuvieron muchos escritores notablemente inferiores a Borges desde el punto de vista literario. Esa negativa constante ha desprestigiado el premio".

Mientras, el español Agustín Fernández Mallo, quien publicó recientemente "El hacedor (de Borges), Remake", homenaje y reelaboración del libro original, explica a dpa: "Si lo comparamos con el alcance de la obra de otros escritores, sí debería haber recibido el Nobel, ya que Borges es uno de los autores que más ha influido a partir de la primera mitad del siglo XX, y no sólo en habla hispana, sino también en el ámbito anglosajón. Lo que el 'caso Borges' ha demostrado es que ese premio no es el territorio, sino un sesgado mapa del territorio".

Los criterios de la Academia Sueca para decidir el galardón cambian según los jurados, indica Ortega. "En una época favorecían a los escritores de izquierda, porque representaban la resistencia de las sociedades sometidas por la violencia. O a escritores del bloque soviético, censurados y mal traducidos. En otra, favorecieron las voces del Tercer Mundo, para ensayar la inclusividad. Más recientemente, han optado por premiar a escritores de lenguas que no han tenido aún un Premio Nobel de Literatura. Es un premio, qué duda cabe, político hasta cuando no quiere serlo".

El profesor del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown (Providence, Rhode Island) considera que el Nobel es más importante en español que en otras lenguas. "Es, como dijo Borges, un mito nórdico. Es remoto, más bien imprevisible, y tiende al patetismo", concluye Ortega.

Entretanto, hasta que la Academia Sueca abra en unos cuantos años los archivos que arrojen luz sobre qué sucedió con la candidatura del escritor argentino, la única certeza es que Borges quedará para siempre como el Nobel que no fue.

jueves, 9 de junio de 2011

ENTREVISTA / ALIFANO:EN BORGES CONVIVÍAN "SER LITERARIO" Y "EXQUISITO CONVERSADOR"

Buenos Aires, 11 jun (dpa) - "Siempre digo que haber trabajado con Borges es un don que debo a la vida", considera Roberto Alifano, colaborador del escritor argentino durante más de una década, a quien describe como un "ser literario", pero también un "exquisito conversador".

Su experiencia junto a la genial figura de las letras -que que quedó ciego en la década del '50- le permitió conocer un Jorge Luis Borges muy diferente. "Hay mucha gente que cree que Borges era el intelectual subido a la torre de marfil, que todo lo contemplaba desde esa altura", explica a dpa desde España, donde se encuentra participando en diferentes actividades culturales.

Autor entre otras publicaciones de "Borges biografía verbal" y "El humor de Borges", Alifano manifiesta que intenta modificar esa opinión, al "mostrar el ser humano, el hombre lleno de gracia, de ironía, que se divertía con los demás y consigo mismo, ya que no se tomaba en serio y hacía bromas todo el tiempo".

Durante los años que compartió con el escritor, hasta que éste partió de Buenos Aires en 1985 para morir en Ginebra el 14 de junio del año siguiente, fueron muchísimas las anécdotas que quedaron grabadas en la memoria de Alifano, quien se define como el amanuense de Borges.

Por ejemplo, apunta, cuando llevó en 1980 a Mario Vargas Llosa a la casa de Borges en la calle Maipú, en el centro de Buenos Aires. El futuro Nobel de Literatura "se asombró mucho, porque esperaba encontrar un cómodo y suntuoso departamento".

"Cuando estábamos conversando empezó a llover. Era una fuerte tormenta y el departamento de Borges tenía goteras. Por lo tanto el pobre Vargas Llosa se empezó a mojar, porque estaba debajo de una. Yo le sugerí que se corriera, pero era tan interesante la conversación que Mario prefirió mojarse", recuerda divertido.

Alifano señala que trabajaba todas las mañanas con el autor de "Ficciones" en el departamento modesto, "apenas setenta metros". "Borges dormía en un cuarto muy pequeño que, en realidad, era la antecocina. Su cama era un catre de hierro. Y el sitio donde trabajábamos era la pieza de su madre, en donde se conservaba la cama, tal cual como cuando doña Leonor vivía".

Cuando llegaba, lo encontraba siempre de buen humor. "Risueño, jugueteando con alguna ocurrencia o algún episodio pasado que su prodigiosa memoria había recuperado". "Trabajar con Borges era una verdadera delicia; tenía la cortesía de hacerme participar de su creación literaria. Nunca le oí decir: 'Le voy a dictar tal o cual cosa', sino, 'qué le parece si escribimos'".

A la hora de escribir, define a Borges como "muy disciplinado". "Decía que si lograba escribir diez líneas por día ya se sentía justificado. Fue el enorme escritor que nos dejó una obra asombrosa y original, pero también el gran comentarista y el enorme lector, quizá el más grande de la historia de la literatura", analiza el autor nacido en General Pinto, provincia de Buenos Aires, en 1943.

Asimismo destaca su calidad humana, como "un caballero respetuoso y respetable, un excelente ser humano. Le encantaba estar rodeado de gente, un hombre de diálogo, curioso por conocer más de todo, porque le interesaba todo, y de escuchar opiniones aún diversas a las suyas. Un exquisito conversador; yo diría que uno de los primeros que ha dado la Argentina".

"Por eso sus conferencias y conversaciones atraían tanto público", indica Alifano. Y "si bien era un ser literario, podía hablar de todo. Eso sí, siempre lo relacionaba a la literatura. Era raro que sus comparaciones no fueran literarias; nunca faltaba un escritor o un hecho de novela o de cuento para ejemplificar su palabra", expresa.

Alifano se cruzó por primera vez con Borges a principios de los años sesenta, en la librería "El Ateneo". Y en 1974, cuando trabajaba como periodista de la revista "Siete Días", le hizo una entrevista. "Una vez concluida, él me propuso dictarme un poema. Fui al día siguiente para corregirlo y, a partir de ese día, empecé a ser su colaborador, o su amanuense, como me gusta decir", relata el director de la revista literaria "Proa", que Borges fundara en 1922.

También recalca que el autor de "Ficciones" era un hombre generoso y desinteresado. "La fama le llegó sin haberla buscado nunca; él tenía prestigio, que es algo distinto. Famoso puede ser cualquiera, prestigioso no. Esa fama no le agradaba debido a que le restaba privacidad. Decía que le hubiera gustado ser el hombre invisible de (Herbert George) Wells".

Borges gozó de casi todo el reconocimiento en vida, a excepción del Nobel. "Pero eso no habla bien del premio, ya que se le negó al escritor más grande y reconocido del siglo XX", dice Alifano. Y evoca con nostalgia: "La última vez que trabajé con él fue día de su partida de Buenos Aires para ya no regresar".

"La muerte de Borges nos dejó inmensamente solos a quienes lo queríamos y admirábamos su obra. Borges fue un ser excepcional desde todo punto de vista. A mí me consuela releer su literatura, en especial su poesía, donde se revela el enorme artista que fue. La muerte de los grandes deja siempre un enorme vacío", concluye.