Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
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También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

miércoles, 4 de julio de 2012

FUENTES REÚNE A SUS COMPAÑEROS DE TRAVESÍA EN SU LIBRO PÓSTUMO "PERSONAS"

Fuentes, gran cronista de su tiempo.
Pablo Neruda y Lázaro Cárdenas. Julio Cortázar y Luis Buñuel. François Mitterrand y Alfonso Reyes. Esta constelación de personalidades se despliega en las páginas del primer libro póstumo de Carlos Fuentes, "Personas".


Cronista de su tiempo que se codeó con eminentes políticos, escritores y periodistas, el gran autor mexicano enhebra semblanzas íntimas y emotivas de sus compañeros de travesía en la obra publicada por Alfaguara a fines de junio. 


A casi dos meses de su muerte, el escritor cosmopolita y viajero incansable seduce con su amena prosa engalanada de anécdotas. Por ejemplo cuando refiere sus peripecias durante la asunción de Mitterrand, o cómo pensó la primera vez que vio a Cortázar que se trataba de un hijo del escritor.


Asimismo revela la composición del "Buñueloni", bebida que Buñuel le ofrecía a Fuentes cuando lo visitaba en su casa en Ciudad de México. "Consiste en mitad ginebra, un cuarto de cárpano y un cuarto de martini dulce", recuerda Fuentes, quien tuvo una relación cercana con el cine, también como guionista.


El cineasta español sentía gran aprecio por su colección de pistolas de los siglos XVII y XVIII. Cuando recibió el León de Oro en Venecia en 1967, le confesó a Fuentes y Juan Goytisolo: "Ahora derretiré el premio para fabricar balas".


Asimismo Fuentes evoca la multitudinaria toma de posesión de su admirado Mitterrand, para la cual cruzó el Atlántico con Arthur Miller, William Styron y Elie Wiesel. En un "caos digno de los Marx", lograron su objetivo siguiendo a la espléndida actriz griega Melina Mercouri, que supo abrirse paso hábilmente entre el gentío. "Detrás de ella cuatro ignorados escritores con impermeables a la Bogart, gafas oscuras y cabezas gachas", se regodea.


Y si la cultura literaria de un presidente francés nunca asombra, lo que sí sorprende "es que un presidente de Estados Unidos lea libros", lanza Fuentes. "Cosa que descubrimos Gabo y yo una noche en Martha's Vineyard, escuchando a Bill Clinton recitar de memoria pasajes enteros de Faulkner, demostrar que había leído el Quijote y por qué Marco Aurelio era su autor de cabecera".


El estadista al que dedica el capítulo final del libro es el general Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940. Fuentes –apasionado por la historia y la política- cuenta que lo trató por primera vez durante una gira por varios estados mexicanos en 1961, aunque sintiera "que lo había conocido desde siempre".


"Las estadísticas demuestran que nunca en nuestra historia, como durante el sexenio cardenista, todas las clases sociales de México crecieron de manera más equilibrada y constante", destaca.




Fuentes evoca su amistad con Neruda y Cortázar,
El ganador del Premio Cervantes considera que aunque Cárdenas cometió errores, algunos atribuibles al tiempo, "luchó contra un peso histórico que otros hubiesen considerado fatal pero que él transformó en base para una libre determinación mexicana".

Y entre sus compañeros de las letras, recuerda que a su viejo cuate Cortázar le debe el impulso inicial de su carrera literaria. "Sin conocernos aún, me mandó la carta más estimulante que recibí al publicar, en 1958, mi primera novela, 'La región más transparente'".


Grande fue la sorpresa para Fuentes en su primer encuentro con el escritor argentino en 1960 en París. Salió a recibirlo "un joven desmelenado, pecoso, lampiño, desgarbado, con pantalones de dril y camisa de manga corta, abierta en el cuello", al que Fuentes le dijo: "Pibe, quiero ver a tu papá". Y a lo que el propio Cortázar replicó: "Soy yo".


"Así nació la leyenda de un Julio Cortázar que era la versión risueña de Dorian Gray", evoca. Y no escatima elogios para su amigo: "Lo llamé un día el Bolívar de la novela latinoamericana. Nos liberó liberándose, con un lenguaje nuevo, airoso, capaz de todas las aventuras".


A Neruda, escribe Fuentes, lo escuchó antes de conocerlo. Fue en una lectura junto al mar chileno, donde "la voz del hombre y la del océano parecía fundirse en una sola, vasta y anónima". "Sin la aventura poética de Neruda, no habría literatura moderna en América Latina. Su enorme alcance se debe a que asumió los riesgos de la impureza de la imperfección y, también, de la banalidad", indica.


Fuentes selló una amistad duradera con el Premio Nobel chileno. "Si sus disputas con los hombres de su generación fueron a menudo amargas, con nosotros, los escritores entonces jóvenes, siempre fue generoso, abierto, inteligente, capaz de diálogo, razón y disensión".


El autor de "Aura" ubica a Alfonso Reyes entre sus mayores influencias. "Todo está en la obra de Reyes, como están Eurípides y Goethe y Mallarmé", apunta. "Don Alfonso, de quien me separaban 40 años, era amigo cercano de mi familia, y me dispensó, desde la niñez, atención y enseñanzas que nunca podré pagar", reconoce.


Por las 259 páginas del libro de memorias también desfilan entre otros la intelectual estadounidense Susan Sontag, el escritor francés André Malraux, la ensayista española María Zambrano, el cardiólogo Ignacio Chávez y el presidente del Grupo Prisa Jesús de Polanco.


En la tapa del libro, los apellidos de cada una de las personas retratadas se forman con los tradicionales cuadraditos amarillos de "scrabble", que se cruzan sobre un fondo verde oscuro. Por ejemplo, Reyes comparte la "ese" con Styron, y Buñuel la "e" con Mitterrand. Una muestra de que Fuentes sigue jugando con las fichas de la literatura.


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