Buenos Aires, 22 dic (dpa) "Más vale tarde que nunca", opinó Mario Vargas Llosa sobre la concesión tardía del Cervantes a la española Ana María Matute, en una frase que bien podría aplicarse al propio escritor peruano. Porque hasta 2010 no pudo adueñarse del Nobel, para confirmar que este año estuvo signado por un resurgimiento de las letras latinoamericanas.
Considerado desde hace décadas uno de los "candidatos eternos" al galardón de la Academia Sueca, Vargas Llosa obtuvo finalmente un nuevo reconocimiento para la lengua española y para otro exponente del "boom" latinoamericano. Su "enemigo íntimo" Gabriel García Márquez, en las antípodas de su credo liberal, lo antecedió en nada menos que 28 años.
Dueño de un magistral manejo del idioma con el que enseñó América Latina al mundo, Vargas Llosa (Arequipa, 1936) se encargó de enfatizar que el Nobel de Literatura no sólo premia a un literato. "También lo hace a la lengua que escribo, la lengua maravillosa que es el español".
Asimismo el autor de "La ciudad y los perros", "La casa verde" y "Conversación en La Catedral" tuvo palabras para su patria, que tiene una fuerte impronta en su obra, incluso cuando ésta se sitúe en otras latitudes. "Yo soy el Perú (...) Perú me ha dado las experiencias básicas de todo lo que escribo".
El otrora derrotado candidato presidencial publicó además en noviembre su nueva novela, "El sueño del celta", que se convirtió en un importante éxito en las librerías. El entusiasmo por la adjudicación del Nobel también repercutió de inmediato en las ventas de sus obras previas.
Otra muestra del reposicionamiento de la literatura en español en la cartografía literaria fue la participación de Argentina en la Feria del Libro de Fráncfort, con una nutrida delegación de escritores de todas las generaciones, y que también propició numerosas traducciones. Tras el cierre de la cita editorial más importante del mundo, su director, Jürgen Boos, consideró que se está produciendo "un resurgimiento de la literatura en América Latina".
Sin embargo, 2010 vio frustrarse la máxima cita del idioma español en Valparaíso. El intenso sismo que devastó Chile a fines de febrero también dejó como uno de sus coletazos la cancelación definitiva del V Congreso Internacional de la Lengua Española, que tenía previsto rendir homenaje a los Premios Nobel chilenos Pablo Neruda y Gabriela Mistral.
Asimismo, 2010 fue el año de partida de otro Nobel: José Saramago, el primer portugués en conquistar este galardón, que combinó preocupación social y escepticismo en sus ficciones. Argentina, en tanto, despidió al reconocido periodista y escritor Tomás Eloy Martínez ("Santa Evita"), así como al irreverente Rodolfo Fogwill.
En el año de conmemoración del centenario de los nacimientos de Miguel Hernández y Gonzalo Torrente Ballester, España perdió a un referente de su literatura del siglo XX, el autor de "Los santos inocentes" Miguel Delibes.
México, por su parte, se condolió del fallecimiento del gran cronista de su cultura popular Carlos Monsiváis y de los escritores Carlos Montemayor y Germán Dehesa.
La compatriota de Monsiváis y flamante ganadora del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, Margo Glantz, evocó a su amigo entrañable durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que asimismo rindió homenajes póstumos a Saramago y Eloy Martínez.
Glantz, de 80 años, también celebró la tardía llegada del máximo galardón de las letras hispanas para Matute, de 85: "No sé por qué esperan que las escritoras se vuelvan viejas para premiarlas. Hay una gran tendencia a no reconocer a las mujeres".
Sin embargo, 2010 aportó algunas satisfacciones a las escritoras además de la cosechada por la catalana Matute, la tercera mujer que obtiene el Cervantes. Su compatriota Soledad Puértolas pasó a ser la quinta mujer en sentarse en el selecto club de la Real Academia Española (RAE), a la vez que la argentina Claudia Piñeiro pudo celebrar distinciones por partida doble, el Sor Juana Inés de la Cruz en México y el "LiBeraturpreis" en Alemania, y la chilena Isabel Allende recibió más allá de las polémicas el Premio Nacional de Literatura de su país.
Mientras, el premio mejor dotado de la escena editorial hispana, el Planeta de Novela, con 601.000 euros, fue para otro catalán, Eduardo Mendoza, por "Riña de gatos", ambientada en Madrid en los meses previos a la guerra civil. Algunas décadas después transcurre "El arte de la resurrección" en el desierto de Atacama, que le valió al chileno Hernán Rivera Letelier el Premio Alfaguara de Novela.
Otro galardonado fue el colombiano Antonio Ungar -uno de los escritores jóvenes que participaron en el encuentro Bogotá 39 en 2007-, que se hizo acreedor del Premio Herralde con su novela "Tres ataúdes blancos".
Y en otro hecho relevante del año literario, la prestigiosa revista "Granta" confeccionó por primera vez una lista de los 22 mejores escritores en español menores de 35 años y les dedicó un número con sus textos. Entre los elegidos se cuentan los españoles Andrés Barba, Sonia Hernández y Elvira Navarro, así como los argentinos Oliverio Coelho, Lucía Puenzo, Andrés Neuman y Samanta Schweblin.
Asimismo aparecen en la nómina de "estrellas literarias del futuro" tres autores que ya figuraban en Bogotá 39: el boliviano Rodrigo Hasbún, el peruano Santiago Roncagliolo y el chileno Alejandro Zambra.
La publicación trimestral británica no ahorró elogios para las letras iberoamericanas: "De Borges a Bolaño, el idioma español nos ha dado algunos de los escritores más queridos de los siglos XX y XXI. Pero a medida que el alcance de la cultura de lengua española se extiende mucho más allá de España y Latinoamérica, y Estados Unidos tiende a una mayoría hispana entre su población, es hora de preguntarse quién será el próximo en esta apasionante tradición".
Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.
También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
HACE 25 AÑOS, BORGES SE DESPEDÍA DE BUENOS AIRES ENTRE AMIGOS Y LIBROS
Buenos Aires, 25 nov (dpa) Con una reunión de amigos y entre libros, Jorge Luis Borges se despidió hace exactamente un cuarto de siglo de su Buenos Aires natal, ciudad por la que decía sentir un amor "celoso".
Alberto Casares le organizó en su librería el 27 de noviembre de 1985 una completa exposición con ejemplares de primeras ediciones de toda su obra. Tras algunos rodeos, el autor de "El Aleph" finalmente asistió y pudo reencontrarse allí con su entrañable amigo Adolfo Bioy Casares.
"El trato con Borges era que íbamos a hacer una reunión de amigos" y eso se cumplió a rajatabla, recuerda el reconocido librero en diálogo con dpa. Borges respondió mostrándose jovial, participativo y locuaz en su última aparición pública en Buenos Aires.
Casares apunta que por entonces su librería no era grande ni gozaba de renombre. Fue un encuentro discreto, para el que no se hizo publicidad y al que asistió apenas una periodista.
"Pese a que se iba al día siguiente, que sabía que era el último viaje, a pesar de todo quiso ir esa tarde a la librería", se enorgullece Casares. Borges incluso rechazó el ofrecimiento de que se adelantara la muestra e insistió en que fuera ese miércoles.
"Algunos dicen que él en ese momento estaba mal y que fue obligado por (su esposa) María Kodama a viajar a Europa. Yo lo que vi es otra cosa completamente distinta. Vi un hombre mayor pero muy lúcido, coherente, y me dio la impresión siempre que si se fue, es porque él quiso".
Eso no quiere decir que no le haya dolido dejar Buenos Aires, considera Casares desde su actual librería, a pocos pasos del solar que vio nacer al escritor argentino en 1899. Desde las paredes del espléndido local en la céntrica calle Suipacha, donde se venden libros modernos, antiguos y primeras ediciones, una fotografía testimonia el reencuentro de Borges y Bioy.
"Estaban bastante alejados en ese momento, no se veían con frecuencia. La relación con María Kodama los separó un poco. Unos dicen que fue Kodama quien los separó, otros dicen que fue el mismo Bioy que no aceptaba demasiado la presencia de Kodama", señala Casares, pariente lejano y amigo del autor de "La invención de Morel".
"Borges sabía que Bioy iba a estar allí. Él tuvo la oportunidad de estar ahí con Bioy y de despedirse de él", recuerda el presidente de la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (ALADA). "Estaban los dos muy contentos y retomaron sus conversaciones y sus consultas. '¿Cómo escribirías tal cosa, cómo escribirías tal otra?'", se preguntaban otra vez los dos grandes compinches, que supieron lanzarse juntos a numerosas aventuras literarias.
Esa tarde primaveral en la librería que Casares tenía en la calle Arenales entre Rodríguez Peña y Callao, en el barrio de Recoleta, Borges anticipó que se iba a Europa para morir allí, porque estaba muy enfermo. "Uno lo tomó como de un abuelo que siempre habla de que se va a morir", se lamenta el librero con más de cuatro décadas de experiencia.
La muerte de Borges tuvo un tremendo impacto en su amigo íntimo. "Bioy tenía la rutina de escribir todos los días a la mañana. Y me dijo: 'Desde que murió Borges, no pude escribir, es como si me hubieran cortado la mano'. Se sentía unido intelectualmente con Borges en una forma poco común entre escritores", evoca.
Borges viajó a Italia al día siguiente del encuentro y su vida se apagó en Ginebra el 14 de junio de 1986, con un enorme reconocimiento internacional y lejos de la geografía porteña a la que convirtió muchas veces en paisaje de su obra literaria.
"Él había pasado su juventud en Ginebra y tenía recuerdos muy lindos de esa ciudad. Y tenía una profunda admiración por la organización política de los suizos. Eso se ve muy bien reflejado en su último libro de 1985, 'Los conjurados'", indica Casares.
El organizador de la exposición, la única de ese tipo que se hizo en vida de Borges, apunta que ese momento inolvidable que compartió con una de las figuras más prominentes de la letras del siglo XX es "un honor inmerecido, inmenso", que lo marcó para toda la vida.
La muestra le brindó el privilegio de conocer a un hombre "absolutamente sencillo y que recibía a los demás sin ningún tipo de exigencia", explica.
Y el librero reflexiona: "No pude ser su amigo porque no me dio el tiempo y me daba mucho pudor. Después me di cuenta de que estaba equivocado, de que podría haber tenido una buena relación con él como tuve con otros escritores que no me inhibían tanto con su presencia".
Casares se muestra comprensivo por la resolución del escritor de morir lejos de su patria: "Es una decisión personal de un hombre que no tenía en su cabeza ni en su corazón límites políticos ni geográficos, un hombre universal".
Alberto Casares le organizó en su librería el 27 de noviembre de 1985 una completa exposición con ejemplares de primeras ediciones de toda su obra. Tras algunos rodeos, el autor de "El Aleph" finalmente asistió y pudo reencontrarse allí con su entrañable amigo Adolfo Bioy Casares.
"El trato con Borges era que íbamos a hacer una reunión de amigos" y eso se cumplió a rajatabla, recuerda el reconocido librero en diálogo con dpa. Borges respondió mostrándose jovial, participativo y locuaz en su última aparición pública en Buenos Aires.
Casares apunta que por entonces su librería no era grande ni gozaba de renombre. Fue un encuentro discreto, para el que no se hizo publicidad y al que asistió apenas una periodista.
"Pese a que se iba al día siguiente, que sabía que era el último viaje, a pesar de todo quiso ir esa tarde a la librería", se enorgullece Casares. Borges incluso rechazó el ofrecimiento de que se adelantara la muestra e insistió en que fuera ese miércoles.
"Algunos dicen que él en ese momento estaba mal y que fue obligado por (su esposa) María Kodama a viajar a Europa. Yo lo que vi es otra cosa completamente distinta. Vi un hombre mayor pero muy lúcido, coherente, y me dio la impresión siempre que si se fue, es porque él quiso".
Eso no quiere decir que no le haya dolido dejar Buenos Aires, considera Casares desde su actual librería, a pocos pasos del solar que vio nacer al escritor argentino en 1899. Desde las paredes del espléndido local en la céntrica calle Suipacha, donde se venden libros modernos, antiguos y primeras ediciones, una fotografía testimonia el reencuentro de Borges y Bioy.
"Estaban bastante alejados en ese momento, no se veían con frecuencia. La relación con María Kodama los separó un poco. Unos dicen que fue Kodama quien los separó, otros dicen que fue el mismo Bioy que no aceptaba demasiado la presencia de Kodama", señala Casares, pariente lejano y amigo del autor de "La invención de Morel".
"Borges sabía que Bioy iba a estar allí. Él tuvo la oportunidad de estar ahí con Bioy y de despedirse de él", recuerda el presidente de la Asociación de Libreros Anticuarios de Argentina (ALADA). "Estaban los dos muy contentos y retomaron sus conversaciones y sus consultas. '¿Cómo escribirías tal cosa, cómo escribirías tal otra?'", se preguntaban otra vez los dos grandes compinches, que supieron lanzarse juntos a numerosas aventuras literarias.
Esa tarde primaveral en la librería que Casares tenía en la calle Arenales entre Rodríguez Peña y Callao, en el barrio de Recoleta, Borges anticipó que se iba a Europa para morir allí, porque estaba muy enfermo. "Uno lo tomó como de un abuelo que siempre habla de que se va a morir", se lamenta el librero con más de cuatro décadas de experiencia.
La muerte de Borges tuvo un tremendo impacto en su amigo íntimo. "Bioy tenía la rutina de escribir todos los días a la mañana. Y me dijo: 'Desde que murió Borges, no pude escribir, es como si me hubieran cortado la mano'. Se sentía unido intelectualmente con Borges en una forma poco común entre escritores", evoca.
Borges viajó a Italia al día siguiente del encuentro y su vida se apagó en Ginebra el 14 de junio de 1986, con un enorme reconocimiento internacional y lejos de la geografía porteña a la que convirtió muchas veces en paisaje de su obra literaria.
"Él había pasado su juventud en Ginebra y tenía recuerdos muy lindos de esa ciudad. Y tenía una profunda admiración por la organización política de los suizos. Eso se ve muy bien reflejado en su último libro de 1985, 'Los conjurados'", indica Casares.
El organizador de la exposición, la única de ese tipo que se hizo en vida de Borges, apunta que ese momento inolvidable que compartió con una de las figuras más prominentes de la letras del siglo XX es "un honor inmerecido, inmenso", que lo marcó para toda la vida.
La muestra le brindó el privilegio de conocer a un hombre "absolutamente sencillo y que recibía a los demás sin ningún tipo de exigencia", explica.
Y el librero reflexiona: "No pude ser su amigo porque no me dio el tiempo y me daba mucho pudor. Después me di cuenta de que estaba equivocado, de que podría haber tenido una buena relación con él como tuve con otros escritores que no me inhibían tanto con su presencia".
Casares se muestra comprensivo por la resolución del escritor de morir lejos de su patria: "Es una decisión personal de un hombre que no tenía en su cabeza ni en su corazón límites políticos ni geográficos, un hombre universal".
domingo, 3 de octubre de 2010
FRÁNCFORT, NIDO DE ILUSIONES: TRADUCCIONES, PRESTIGIO, FOTOS Y FÚTBOL
Buenos Aires, 3 oct (dpa) Una nutrida delegación de escritores representará a Argentina, invitada de honor en la Feria del Libro de Fráncfort 2010. Y desde los más jóvenes a los más experimentados, cada uno amasa sus expectativas: lograr traducciones de sus obras, acrecentar el prestigio literario nacional, sacarse una foto con alguna celebridad e incluso reivindicar al fútbol argentino.
En el año de su bicentenario, Argentina participará en la cita editorial más importante del mundo del 6 al 10 de octubre con unos 60 escritores e intelectuales, que participarán en diferentes actividades que apuntan a mostrar la diversidad de la cultura local.
A tierras germanas llegarán autores consagrados como Juan Gelman, Griselda Gambaro, Mempo Giardinelli y Luisa Valenzuela, escritores consolidados de generaciones más jóvenes como Alan Pauls, Martín Kohan y Pablo De Santis, así como nuevas voces de la literatura argentina, entre ellas Samanta Schweblin, Ariel Magnus y Fabián Casas.
"Creo que a través de muestras y conversaciones se va a construir una imagen del país, y me gusta mucho formar parte de eso", afirma De Santis, nacido en 1963. "Fráncfort es una oportunidad para ofrecer una imagen más precisa y real de nuestro país y nuestra cultura, fuera de los estereotipos a los que a menudo estamos condenados", explica a dpa el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta Casa de América por "El enigma de París".
Por su parte, la exitosa escritora Claudia Piñeiro, autora de "Las viudas de los jueves", valora que "la feria da oportunidad de que los textos de uno tengan presencia en Alemania tanto para el público de ese país como para editores que quieran llevar los títulos a otros países. Además hay otros eventos alrededor de la feria, como lecturas, presentaciones, entrevistas, que ayudan en ese camino".
Piñeiro (1960) y De Santis se encuentran entre los autores más traducidos del Programa Sur de apoyo a las traducciones, una de las principales iniciativas del comité organizador para la participación argentina COFRA, con el que Argentina busca fomentar su literatura. "El programa ayudó mucho, ya que al subsidiar la edición de más de 200 títulos permitió la inclusión de nuevos narradores además de autores consagrados", señala Piñeiro a dpa.
En tanto, Giardinelli (1947) asegura que no alimenta expectativas en el plano personal y que se conforma con que Argentina "haga un buen papel" y con que la literatura argentina "se conozca más y mejor". "Nuestra literatura pasa por uno de sus mejores momentos, y eso es producto de la fortaleza de nuestra democracia", evalúa el premio Rómulo Gallegos por "Santo oficio de la memoria".
El académico y escritor Mario Goloboff (1939), integrante del subcomité de selección del Programa Sur, se muestra esperanzado de que "en primer lugar, la literatura argentina, clásica y contemporánea, sea expuesta y presentada en toda su fuerza y brillantez. Y, por ende, que el país acreciente su prestigio en el extranjero".
El autor de "Criador de palomas" cuenta a dpa otra de sus expectativas: "Que algunos de mis libros, traducidos ya a varias lenguas europeas, lo sean al alemán".
Entre los nuevos narradores que pisarán Fráncfort se cuenta Magnus (1975), quien destaca: "Que el país sea invitado de honor nos dio la posibilidad de que nos tradujeran. Ahora hay que ver si los libros se la bancan (resisten) y las editoriales se animan a publicarnos otro, cuando volvamos a ser un país entre muchos por los próximos 200 años".
Y también lanza con franqueza qué espera de la cita: "Conseguir una editorial sueca que quiera traducir mi próximo libro, 'El hombre sentado'. Conocer a Gelman. Sacarme una foto con (la presidenta) Cristina (Kirchner)".
Magnus y De Santis formaron parte del original programa "Rayuela", que permitió que cinco escritores argentinos residieran por un tiempo en Alemania o Suiza, mientras que igual cifra de colegas alemanes lo hizo en Argentina. Los autores fueron dando cuenta de sus experiencias en diarios de viaje que pueden verse en Internet, y luego se reunirán en la feria.
En Fráncfort tampoco podía faltar otra de las grandes pasiones argentinas: el fútbol. En una curiosa reedición del duelo de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica, el Combinado Argentino de Dramaturgos, comandado por Rafael Spregelburd, fue especialmente invitado a medirse con un equipo de escritores alemanes. "No ganaremos, seguramente, pero comeremos todo tipo de delicias", anticipan con desparpajo sobre su primer desafío internacional preparatorio en Roma.
Y una vez que Argentina termine de exhibir su tradición editorial en el epicentro del mercado europeo bajo el lema "Cultura en movimiento", llegará la hora de los balances.
"Ser invitado de honor en Fráncfort le da al país un estatus literario dentro del mercado editorial del que probablemente puedan usufructuar también los que aún no fueron traducidos", aventura Magnus. De Santis remarca: "Creo que lo más importante ya ocurrió, y es el gran número de libros argentinos traducidos".
Goloboff considera con optimismo que la participación local dejará "una apertura al mundo como nunca la hemos tenido, cuantioso conocimiento de nuestras cultura y literatura en el extranjero, favorables intercambios culturales y probablemente en otras áreas que se verán favorecidas por esta presencia".
En tanto, Giardinelli apunta a dpa: "Sepamos de antemano que una feria de libros es sólo eso: una oportunidad de negocios. La literatura es otra cosa y en la Argentina vamos por buen camino".
Por su parte, Piñeiro destaca que la feria es una oportunidad, "como lo es ganar un premio o lograr determinado éxito con una obra. Luego lo obtenido sólo se consolidará con trabajo posterior". De lo contrario, sostiene, "la Feria no será más que un acontecimiento histórico que recordaremos con simpatía. No deberíamos conformarnos sólo con eso".
Mientras tanto, ya corre la cuenta regresiva para que Argentina concrete su esperado desembarco en Fráncfort y, a la búsqueda de traducciones y contratos, comience a irradiar su cultura, sus ediciones y sus letras.
En el año de su bicentenario, Argentina participará en la cita editorial más importante del mundo del 6 al 10 de octubre con unos 60 escritores e intelectuales, que participarán en diferentes actividades que apuntan a mostrar la diversidad de la cultura local.
A tierras germanas llegarán autores consagrados como Juan Gelman, Griselda Gambaro, Mempo Giardinelli y Luisa Valenzuela, escritores consolidados de generaciones más jóvenes como Alan Pauls, Martín Kohan y Pablo De Santis, así como nuevas voces de la literatura argentina, entre ellas Samanta Schweblin, Ariel Magnus y Fabián Casas.
"Creo que a través de muestras y conversaciones se va a construir una imagen del país, y me gusta mucho formar parte de eso", afirma De Santis, nacido en 1963. "Fráncfort es una oportunidad para ofrecer una imagen más precisa y real de nuestro país y nuestra cultura, fuera de los estereotipos a los que a menudo estamos condenados", explica a dpa el Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta Casa de América por "El enigma de París".
Por su parte, la exitosa escritora Claudia Piñeiro, autora de "Las viudas de los jueves", valora que "la feria da oportunidad de que los textos de uno tengan presencia en Alemania tanto para el público de ese país como para editores que quieran llevar los títulos a otros países. Además hay otros eventos alrededor de la feria, como lecturas, presentaciones, entrevistas, que ayudan en ese camino".
Piñeiro (1960) y De Santis se encuentran entre los autores más traducidos del Programa Sur de apoyo a las traducciones, una de las principales iniciativas del comité organizador para la participación argentina COFRA, con el que Argentina busca fomentar su literatura. "El programa ayudó mucho, ya que al subsidiar la edición de más de 200 títulos permitió la inclusión de nuevos narradores además de autores consagrados", señala Piñeiro a dpa.
En tanto, Giardinelli (1947) asegura que no alimenta expectativas en el plano personal y que se conforma con que Argentina "haga un buen papel" y con que la literatura argentina "se conozca más y mejor". "Nuestra literatura pasa por uno de sus mejores momentos, y eso es producto de la fortaleza de nuestra democracia", evalúa el premio Rómulo Gallegos por "Santo oficio de la memoria".
El académico y escritor Mario Goloboff (1939), integrante del subcomité de selección del Programa Sur, se muestra esperanzado de que "en primer lugar, la literatura argentina, clásica y contemporánea, sea expuesta y presentada en toda su fuerza y brillantez. Y, por ende, que el país acreciente su prestigio en el extranjero".
El autor de "Criador de palomas" cuenta a dpa otra de sus expectativas: "Que algunos de mis libros, traducidos ya a varias lenguas europeas, lo sean al alemán".
Entre los nuevos narradores que pisarán Fráncfort se cuenta Magnus (1975), quien destaca: "Que el país sea invitado de honor nos dio la posibilidad de que nos tradujeran. Ahora hay que ver si los libros se la bancan (resisten) y las editoriales se animan a publicarnos otro, cuando volvamos a ser un país entre muchos por los próximos 200 años".
Y también lanza con franqueza qué espera de la cita: "Conseguir una editorial sueca que quiera traducir mi próximo libro, 'El hombre sentado'. Conocer a Gelman. Sacarme una foto con (la presidenta) Cristina (Kirchner)".
Magnus y De Santis formaron parte del original programa "Rayuela", que permitió que cinco escritores argentinos residieran por un tiempo en Alemania o Suiza, mientras que igual cifra de colegas alemanes lo hizo en Argentina. Los autores fueron dando cuenta de sus experiencias en diarios de viaje que pueden verse en Internet, y luego se reunirán en la feria.
En Fráncfort tampoco podía faltar otra de las grandes pasiones argentinas: el fútbol. En una curiosa reedición del duelo de cuartos de final del Mundial de Sudáfrica, el Combinado Argentino de Dramaturgos, comandado por Rafael Spregelburd, fue especialmente invitado a medirse con un equipo de escritores alemanes. "No ganaremos, seguramente, pero comeremos todo tipo de delicias", anticipan con desparpajo sobre su primer desafío internacional preparatorio en Roma.
Y una vez que Argentina termine de exhibir su tradición editorial en el epicentro del mercado europeo bajo el lema "Cultura en movimiento", llegará la hora de los balances.
"Ser invitado de honor en Fráncfort le da al país un estatus literario dentro del mercado editorial del que probablemente puedan usufructuar también los que aún no fueron traducidos", aventura Magnus. De Santis remarca: "Creo que lo más importante ya ocurrió, y es el gran número de libros argentinos traducidos".
Goloboff considera con optimismo que la participación local dejará "una apertura al mundo como nunca la hemos tenido, cuantioso conocimiento de nuestras cultura y literatura en el extranjero, favorables intercambios culturales y probablemente en otras áreas que se verán favorecidas por esta presencia".
En tanto, Giardinelli apunta a dpa: "Sepamos de antemano que una feria de libros es sólo eso: una oportunidad de negocios. La literatura es otra cosa y en la Argentina vamos por buen camino".
Por su parte, Piñeiro destaca que la feria es una oportunidad, "como lo es ganar un premio o lograr determinado éxito con una obra. Luego lo obtenido sólo se consolidará con trabajo posterior". De lo contrario, sostiene, "la Feria no será más que un acontecimiento histórico que recordaremos con simpatía. No deberíamos conformarnos sólo con eso".
Mientras tanto, ya corre la cuenta regresiva para que Argentina concrete su esperado desembarco en Fráncfort y, a la búsqueda de traducciones y contratos, comience a irradiar su cultura, sus ediciones y sus letras.
sábado, 2 de octubre de 2010
ENTREVISTA/ORTEGA: BORGES Y CORTÁZAR CAMBIARON LUGAR DEL LECTOR EN LA LITERATURA
Buenos Aires, 2 oct (dpa) - El crítico literario peruano Julio Ortega considera que dos de los mayores escritores argentinos, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, "cambiaron el lugar del lector en la literatura", y sostiene que las letras argentinas se han visto marcadas por desapariciones diversas, configurando la alegoría de un "Desaparecedero".
En entrevista con dpa a su paso por Buenos Aires, Ortega -cuya obra recibió elogios del propio Cortázar, de José Lezama Lima y de Octavio Paz-, asegura que "Borges demostró que el lector es autor de lo que lee, y que somos lo que hemos leído porque estamos hechos por el lenguaje".
En tanto, Cortázar "encontró que nos leemos los unos a los otros en un mundo no siempre legible, a veces inexplicable y hasta asombroso. La inteligencia de leer es un juego preciso y azaroso. Pero la lectura es también espacio de la subjetividad, de los afectos y el diálogo".
Finalmente, los autores de "Ficciones" y "Rayuela" -dos de los íconos elegidos para representar a Argentina como país invitado de honor en la Feria del Libro de Fráncfort del 6 al 10 de octubre- "son caras de la misma moneda: el juego y el diálogo se turnan entre ellos, y ambos nos son del todo necesarios".
"Celebrarlos en Fráncfort es sumar lo mejor de nosotros mismos", observa el eminente estudioso de la literatura latinoamericana y profesor del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown (Providence, Rhode Island) hace 20 años.
Su nuevo libro de ensayos, "La imaginación crítica" (Universidad Alberto Hurtado, Chile) fue presentado en Lima y Santiago este año, y en la Feria del Libro de Guadalajara se lanzará su próximo trabajo crítico, "El sujeto dialógico: negociaciones de la modernidad conflictiva" (FCE).
Ortega cree que las desapariciones que ha comprobado en la literatura argentina alegorizan lo que él denomina el "Desaparecedero". Un juego de palabras a partir de "El matadero" de Esteban Echeverría, considerado el primer cuento argentino, al que califica de "documento fundador de Argentina".
Y recuerda que cuando advirtió que en "esa acta del nacimiento moderno en la violencia" el nombre se trocaba en "Matadero", con mayúscula, constató que en su primera publicación en la "Revista del Río de la Plata" se consignan los dos nombres.
Pero fue imposible verificarlo con el manuscrito, desaparecido al igual que los archivos de Juan María Gutiérrez -quien diera a conocer el cuento-, las crónicas de Rubén Darío en "La Nación", el archivo de la revista literaria "Sur", diferentes volúmenes de la Biblioteca Nacional y hasta primeras ediciones de la biblioteca de Victoria Ocampo.
"Tanto como han desaparecido Enrique Molina, Néstor Sánchez, Roberto Juarroz y otros desatendidos. Estas desapariciones, así como las pérdidas de la casa familiar en los cuentos de Borges y Cortázar 'El Aleph' y 'Casa tomada', alegorizan la mecánica de la substracción de la memoria", apunta Ortega, quien participó como conferencista a fines de septiembre en el XVIII Festival Internacional de Poesía en Rosario.
Ortega destaca que en la tensión entre lo local y lo universal se ha gestado lo mejor de la literatura argentina, a la vez que muestra escepticismo ante el concepto de "literaturas nacionales". "Todavía la 'academia' afinca en lo nacional como parque temático. Impone, así, una descendencia melancólica, de lectores que se parecen demasiado a sus maestros, a los que no logran reemplazar".
Maestros como Borges y Cortázar, y también Héctor A. Murena, Tomás Eloy Martínez, Luisa Valenzuela, Juan José Saer, Ricardo Piglia y Néstor Perlongher. "Pero para las nuevas voces del relevo, ya no se trata de la deuda de los afectos nativos", indica. "Por eso buscan recomenzar echando a las palabras del templo, haciéndolas chillar".
Y entre quienes indagan en los huecos del "discurso nacional", Ortega ubica a Tamara Kamenszain, Matilde Sánchez y Jorge Aulicino, así como "varios más jóvenes, hartos del español que habla Maradona", otro de los íconos que Argentina seleccionó para Fráncfort, junto a Carlos Gardel, Ernesto "Che" Guevara y Eva Perón, en una decisión acompañada de polémicas.
Asimismo matiza que "lo bueno de la literatura argentina es que cada lector pone al día su canon; lo malo, que ello hace irrelevante la idea misma del canon; y lo feo, que el canon se convierta en el capital simbólico de un mercado cultural, académico y periodístico, que perpetúa autoridades, impide el relevo y practica la exclusión".
Entre las críticas que dirige a la institución de las letras argentinas, apostilla: "Es irónico que una literatura que ha contemplado, con éxito, su bello ombligo, no haya hecho su propia crítica. Y no advierta, por eso, el provincianismo de una melancolía que pregunta quejosamente por el sujeto". Por eso, propone un subcánon integrado entre otros por Silvina Ocampo, Arturo Carrera, Fogwill, Josefina Ludmer y Héctor Libertella.
Ortega, quien estudió a los autores latinoamericanos consagrados pero también sigue con gran atención a los talentos más jóvenes, que ha convocado en diversas antologías, foros y coloquios, señala: "Creo y apuesto con fe en las penúltimas promociones, y también en las renovadas literaturas de las regiones, más que en las nacionales".
"Los que empiezan tienen que expulsar al español del lenguaje para poder escribir en un español más libre. El español es el idioma que arrastra más peso tradicional, ideología ultramontana, autoritarismo jurásico, machismo, racismo, xenofobia... Batir el mercado, resistir la banalidad del éxito, restaurar el entusiasmo del riesgo y cruzar las fronteras es la lista de pendientes de esta nueva década", apunta.
Y Ortega concluye: "Confiemos que la crítica argentina adelante una política de reapariciones, capaz de retener lo que de otro modo seguirá desapareciendo".
En entrevista con dpa a su paso por Buenos Aires, Ortega -cuya obra recibió elogios del propio Cortázar, de José Lezama Lima y de Octavio Paz-, asegura que "Borges demostró que el lector es autor de lo que lee, y que somos lo que hemos leído porque estamos hechos por el lenguaje".
En tanto, Cortázar "encontró que nos leemos los unos a los otros en un mundo no siempre legible, a veces inexplicable y hasta asombroso. La inteligencia de leer es un juego preciso y azaroso. Pero la lectura es también espacio de la subjetividad, de los afectos y el diálogo".
Finalmente, los autores de "Ficciones" y "Rayuela" -dos de los íconos elegidos para representar a Argentina como país invitado de honor en la Feria del Libro de Fráncfort del 6 al 10 de octubre- "son caras de la misma moneda: el juego y el diálogo se turnan entre ellos, y ambos nos son del todo necesarios".
"Celebrarlos en Fráncfort es sumar lo mejor de nosotros mismos", observa el eminente estudioso de la literatura latinoamericana y profesor del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown (Providence, Rhode Island) hace 20 años.
Su nuevo libro de ensayos, "La imaginación crítica" (Universidad Alberto Hurtado, Chile) fue presentado en Lima y Santiago este año, y en la Feria del Libro de Guadalajara se lanzará su próximo trabajo crítico, "El sujeto dialógico: negociaciones de la modernidad conflictiva" (FCE).
Ortega cree que las desapariciones que ha comprobado en la literatura argentina alegorizan lo que él denomina el "Desaparecedero". Un juego de palabras a partir de "El matadero" de Esteban Echeverría, considerado el primer cuento argentino, al que califica de "documento fundador de Argentina".
Y recuerda que cuando advirtió que en "esa acta del nacimiento moderno en la violencia" el nombre se trocaba en "Matadero", con mayúscula, constató que en su primera publicación en la "Revista del Río de la Plata" se consignan los dos nombres.
Pero fue imposible verificarlo con el manuscrito, desaparecido al igual que los archivos de Juan María Gutiérrez -quien diera a conocer el cuento-, las crónicas de Rubén Darío en "La Nación", el archivo de la revista literaria "Sur", diferentes volúmenes de la Biblioteca Nacional y hasta primeras ediciones de la biblioteca de Victoria Ocampo.
"Tanto como han desaparecido Enrique Molina, Néstor Sánchez, Roberto Juarroz y otros desatendidos. Estas desapariciones, así como las pérdidas de la casa familiar en los cuentos de Borges y Cortázar 'El Aleph' y 'Casa tomada', alegorizan la mecánica de la substracción de la memoria", apunta Ortega, quien participó como conferencista a fines de septiembre en el XVIII Festival Internacional de Poesía en Rosario.
Ortega destaca que en la tensión entre lo local y lo universal se ha gestado lo mejor de la literatura argentina, a la vez que muestra escepticismo ante el concepto de "literaturas nacionales". "Todavía la 'academia' afinca en lo nacional como parque temático. Impone, así, una descendencia melancólica, de lectores que se parecen demasiado a sus maestros, a los que no logran reemplazar".
Maestros como Borges y Cortázar, y también Héctor A. Murena, Tomás Eloy Martínez, Luisa Valenzuela, Juan José Saer, Ricardo Piglia y Néstor Perlongher. "Pero para las nuevas voces del relevo, ya no se trata de la deuda de los afectos nativos", indica. "Por eso buscan recomenzar echando a las palabras del templo, haciéndolas chillar".
Y entre quienes indagan en los huecos del "discurso nacional", Ortega ubica a Tamara Kamenszain, Matilde Sánchez y Jorge Aulicino, así como "varios más jóvenes, hartos del español que habla Maradona", otro de los íconos que Argentina seleccionó para Fráncfort, junto a Carlos Gardel, Ernesto "Che" Guevara y Eva Perón, en una decisión acompañada de polémicas.
Asimismo matiza que "lo bueno de la literatura argentina es que cada lector pone al día su canon; lo malo, que ello hace irrelevante la idea misma del canon; y lo feo, que el canon se convierta en el capital simbólico de un mercado cultural, académico y periodístico, que perpetúa autoridades, impide el relevo y practica la exclusión".
Entre las críticas que dirige a la institución de las letras argentinas, apostilla: "Es irónico que una literatura que ha contemplado, con éxito, su bello ombligo, no haya hecho su propia crítica. Y no advierta, por eso, el provincianismo de una melancolía que pregunta quejosamente por el sujeto". Por eso, propone un subcánon integrado entre otros por Silvina Ocampo, Arturo Carrera, Fogwill, Josefina Ludmer y Héctor Libertella.
Ortega, quien estudió a los autores latinoamericanos consagrados pero también sigue con gran atención a los talentos más jóvenes, que ha convocado en diversas antologías, foros y coloquios, señala: "Creo y apuesto con fe en las penúltimas promociones, y también en las renovadas literaturas de las regiones, más que en las nacionales".
"Los que empiezan tienen que expulsar al español del lenguaje para poder escribir en un español más libre. El español es el idioma que arrastra más peso tradicional, ideología ultramontana, autoritarismo jurásico, machismo, racismo, xenofobia... Batir el mercado, resistir la banalidad del éxito, restaurar el entusiasmo del riesgo y cruzar las fronteras es la lista de pendientes de esta nueva década", apunta.
Y Ortega concluye: "Confiemos que la crítica argentina adelante una política de reapariciones, capaz de retener lo que de otro modo seguirá desapareciendo".
jueves, 9 de septiembre de 2010
MUJICA LAINEZ, EL ARISTÓCRATA DE LAS LETRAS QUE SIGUIÓ SU CAMINO
Buenos Aires, 9 sep (dpa) - Manuel Mujica Lainez fue uno de los grandes escritores argentinos del siglo XX, que logró cautivar tanto en la novela como en el cuento con un manejo exquisito del idioma.
Refinado cronista de la clase alta argentina en su apogeo y decadencia, vino al mundo hace un siglo, el 11 de septiembre de 1910, en el seno de una familia aristocrática porteña con notables precedentes literarios.
Le tocó pertenecer a una generación de escritores argentinos mayúsculos, como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, y no dudó en seguir su propio camino. Manucho, como lo llamaban sus amigos, escribió más de veinte libros y fue traducido a más de quince idiomas.
El autor colombiano Fernando Vallejo ha sostenido sin medias tintas que Mujica Lainez "es el prosista más grande del idioma español". Novelista, cuentista, ensayista y poeta, educado durante su primera adolescencia en colegios de París y Londres, creyó inicialmente que su destino estaba ligado a la lengua francesa.
Sin embargo, contaba años más tarde que cuando volvió de Europa se dio cuenta "de que si quería ser escritor en mi lengua, yo, que escribía en francés muy bien, sin ningún problema, tenía que armarme de un idioma y me propuse leer a los clásicos españoles".
Comenzó con "El Quijote" y el primer resultado de ese contacto fue la serie de ensayos "Glosas castellanas", de 1936, el mismo año en que contrajo matrimonio con Ana María de Alvear, con quien tendría tres hijos.
Dos años después vio la luz su primera novela, "Don Galaz de Buenos Aires", que sería seguida por las biografías de su antepasado Miguel Cané (padre) en 1942, más las de Hilario Ascasubi ("Vida de Aniceto el Gallo", 1943) y de Estanislao del Campo ("Vida de Anastasio el Pollo", 1947). De la misma época es "Canto a Buenos Aires" (1943), su único libro en verso.
Posteriormente, dos colecciones de relatos marcaron su regreso a la ficción: "Aquí vivieron" (1949), en torno a una quinta del barrio de San Isidro, y "Misteriosa Buenos Aires" (1950), una destacada reconstrucción literaria de la historia de la ciudad. Esta se inicia con el cuento "El hambre" en 1536, fecha de la primera fundación de Buenos Aires, y termina con "El salón dorado" en 1904, donde refleja la decadencia de la clase alta.
Manucho volvió a profundizar en esta clase social en su famosa tetralogía integrada por "Los ídolos" (1953), "La casa" (1954), "Los viajeros" (1955) e "Invitados en El Paraíso" (1957), ciclo central de su obra donde también desplegó su pasión por objetos artísticos y decorativos.
En diálogo con Borges, Mujica Lainez sostuvo que "la ventaja, cuando hemos tratado los temas de Buenos Aires, es que estaba prácticamente todo por hacer. Si nosotros hubiéramos nacido en Londres o en París, habríamos encontrado todo hecho. Creo que Balzac y Dickens se habían ocupado bastante bien...".
No formó parte de grupos, corrientes ni generaciones literarias y sus gustos clásicos lo mantuvieron ajeno a las vanguardias. Entre la última novela de la "saga porteña" y su obra siguiente, con la que inició un nuevo ciclo, transcurrieron cinco años.
En su novela "Bomarzo" (1962) traza la biografía del duque Pier Franceso Orsini y sumerge al lector en un clima renacentista. El gobierno militar de Juan Carlos Onganía prohibió la puesta de la ópera homónima, con música de Alberto Ginastera.
Luego, el escritor rumbeó hacia otra etapa de la historia de Occidente: "El unicornio" (1965), que se sitúa en la Edad Media francesa.
La crítica literaria Cristina Piña ha sostenido que "ninguno de los autores que han afirmado rotundamente nuestra raigal relación con lo europeo -Borges, Sábato, Marechal, implícitamente Cortázar- ha adoptado una postura tan absolutamente cosmopolita y universalista como Mujica Lainez, ni ha entendido hasta tal punto lo nacional como continuación de lo europeo".
Posteriormente Mujica Lainez publicó "Crónicas reales" (1967) y "De milagros y de melancolías" (1968). Al año siguiente se instaló con su familia en Cruz Chica, provincia de Córdoba, en una casa bautizada "El paraíso".
Desde allí, el prolífico escritor retomó su ritmo de trabajo y se sucedieron obras como "El laberinto" (1974), "Sergio" (1976), "El Gran Teatro" (1979), "El escarabajo" (1982) y "Un novelista en el Museo del Prado" (1984).
"Tu versión de la patria, con sus fastos y sus brillos, /Entra en mi vaga sombra como si entrara el día", fueron los versos que le dedicó Borges, con quien compartía una visión idealizada de la Argentina.
Mujica Lainez trabajó como periodista en el diario "La Nación", donde fue crítico de arte durante muchos años, y también tradujo a Molière, Racine y Shakespeare, entre otros.
A lo largo de su vida ocupó diferentes puestos en el mundo de la cultura local: fue funcionario del Museo Nacional de Arte Decorativo, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de Letras y también de la Academia Nacional de Bellas Artes.
El escritor porteño falleció en Córdoba el 21 de abril de 1984, dejando como legado un universo literario que proyectó una mirada enriquecedora sobre los avatares del país, sus habitantes y sus mundos perdidos.
Refinado cronista de la clase alta argentina en su apogeo y decadencia, vino al mundo hace un siglo, el 11 de septiembre de 1910, en el seno de una familia aristocrática porteña con notables precedentes literarios.
Le tocó pertenecer a una generación de escritores argentinos mayúsculos, como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, y no dudó en seguir su propio camino. Manucho, como lo llamaban sus amigos, escribió más de veinte libros y fue traducido a más de quince idiomas.
El autor colombiano Fernando Vallejo ha sostenido sin medias tintas que Mujica Lainez "es el prosista más grande del idioma español". Novelista, cuentista, ensayista y poeta, educado durante su primera adolescencia en colegios de París y Londres, creyó inicialmente que su destino estaba ligado a la lengua francesa.
Sin embargo, contaba años más tarde que cuando volvió de Europa se dio cuenta "de que si quería ser escritor en mi lengua, yo, que escribía en francés muy bien, sin ningún problema, tenía que armarme de un idioma y me propuse leer a los clásicos españoles".
Comenzó con "El Quijote" y el primer resultado de ese contacto fue la serie de ensayos "Glosas castellanas", de 1936, el mismo año en que contrajo matrimonio con Ana María de Alvear, con quien tendría tres hijos.
Dos años después vio la luz su primera novela, "Don Galaz de Buenos Aires", que sería seguida por las biografías de su antepasado Miguel Cané (padre) en 1942, más las de Hilario Ascasubi ("Vida de Aniceto el Gallo", 1943) y de Estanislao del Campo ("Vida de Anastasio el Pollo", 1947). De la misma época es "Canto a Buenos Aires" (1943), su único libro en verso.
Posteriormente, dos colecciones de relatos marcaron su regreso a la ficción: "Aquí vivieron" (1949), en torno a una quinta del barrio de San Isidro, y "Misteriosa Buenos Aires" (1950), una destacada reconstrucción literaria de la historia de la ciudad. Esta se inicia con el cuento "El hambre" en 1536, fecha de la primera fundación de Buenos Aires, y termina con "El salón dorado" en 1904, donde refleja la decadencia de la clase alta.
Manucho volvió a profundizar en esta clase social en su famosa tetralogía integrada por "Los ídolos" (1953), "La casa" (1954), "Los viajeros" (1955) e "Invitados en El Paraíso" (1957), ciclo central de su obra donde también desplegó su pasión por objetos artísticos y decorativos.
En diálogo con Borges, Mujica Lainez sostuvo que "la ventaja, cuando hemos tratado los temas de Buenos Aires, es que estaba prácticamente todo por hacer. Si nosotros hubiéramos nacido en Londres o en París, habríamos encontrado todo hecho. Creo que Balzac y Dickens se habían ocupado bastante bien...".
No formó parte de grupos, corrientes ni generaciones literarias y sus gustos clásicos lo mantuvieron ajeno a las vanguardias. Entre la última novela de la "saga porteña" y su obra siguiente, con la que inició un nuevo ciclo, transcurrieron cinco años.
En su novela "Bomarzo" (1962) traza la biografía del duque Pier Franceso Orsini y sumerge al lector en un clima renacentista. El gobierno militar de Juan Carlos Onganía prohibió la puesta de la ópera homónima, con música de Alberto Ginastera.
Luego, el escritor rumbeó hacia otra etapa de la historia de Occidente: "El unicornio" (1965), que se sitúa en la Edad Media francesa.
La crítica literaria Cristina Piña ha sostenido que "ninguno de los autores que han afirmado rotundamente nuestra raigal relación con lo europeo -Borges, Sábato, Marechal, implícitamente Cortázar- ha adoptado una postura tan absolutamente cosmopolita y universalista como Mujica Lainez, ni ha entendido hasta tal punto lo nacional como continuación de lo europeo".
Posteriormente Mujica Lainez publicó "Crónicas reales" (1967) y "De milagros y de melancolías" (1968). Al año siguiente se instaló con su familia en Cruz Chica, provincia de Córdoba, en una casa bautizada "El paraíso".
Desde allí, el prolífico escritor retomó su ritmo de trabajo y se sucedieron obras como "El laberinto" (1974), "Sergio" (1976), "El Gran Teatro" (1979), "El escarabajo" (1982) y "Un novelista en el Museo del Prado" (1984).
"Tu versión de la patria, con sus fastos y sus brillos, /Entra en mi vaga sombra como si entrara el día", fueron los versos que le dedicó Borges, con quien compartía una visión idealizada de la Argentina.
Mujica Lainez trabajó como periodista en el diario "La Nación", donde fue crítico de arte durante muchos años, y también tradujo a Molière, Racine y Shakespeare, entre otros.
A lo largo de su vida ocupó diferentes puestos en el mundo de la cultura local: fue funcionario del Museo Nacional de Arte Decorativo, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de Letras y también de la Academia Nacional de Bellas Artes.
El escritor porteño falleció en Córdoba el 21 de abril de 1984, dejando como legado un universo literario que proyectó una mirada enriquecedora sobre los avatares del país, sus habitantes y sus mundos perdidos.
viernes, 3 de septiembre de 2010
FILBA RINDE SU TRIBUTO A ONETTI, ENTRE EL ANÁLISIS Y LA LEYENDA
Buenos Aires, 3 sep (dpa) - La figura de Juan Carlos Onetti tuvo su noche de protagonismo en el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA), donde conocedores de su obra se dieron cita para analizar sus escritos, en un panel que también derribó leyendas y evocó anécdotas vinculadas con el escritor uruguayo.
Con participación del uruguayo Carlos Liscano y los argentinos Roberto Ferro y Carlos Gamerro, la mesa "Larga vida a Onetti" contó anoche con la moderación del escritor Martín Kohan.
Kohan sostuvo que hay cierto imaginario literario argentino respecto del Uruguay, una "disposición a inventar espacios en común y apropiarnos de esos escritores uruguayos que nos gustan demasiado, y a los que decidimos sentir y pensar como propios, como Felisberto Hernández, o actualmente Mario Levrero. "(Levrero) nos gusta tanto que no podemos soportar que no lo sea (argentino)", bromeó.
"Y me parece que el caso de Onetti también por ciertas claves biográficas es justamente una referencia clave para ese modo de articular nuestra literatura con ciertos escritores uruguayos", apuntó el autor de "Dos veces junio" y "Ciencias morales".
El escritor y crítico literario Ferro, quien consideró que "la vida de Onetti es la de un personaje de sus novelas", subrayó además que el Premio Cervantes 1980 es "la exhibición desaforada de la falsedad de que Latinoamérica es Macondo".
En ese sentido, Gamerro recordó que en 'Construcción de la noche' "Onetti dice por ahí 'cómo se va a comparar mi pobre Santa María con Macondo, un pueblo donde ocurren milagros'".
"No hay autor más realista, al menos en el tratamiento del detalle de la vida de sus personajes, es un realismo exacerbado. Uno lo podría considerar incluso una anticipación de lo que después se pone de moda a partir de la literatura de Estados Unidos, el realismo sucio. Estos ambientes están siempre degradados, usados, camas donde siempre ha dormido gente antes, colchones que nunca son nuevos".
"Ciertamente en la literatura de Onetti no pasan alfombras voladoras. Si pasaran estarían bastante desgastadas, no podrían volar, pero ni siquiera se plantean. Las muchachas no suben al cielo rodeadas de sábanas, ni siquiera de sábanas raídas", recalcó el escritor y traductor Gamerro.
Liscano, director de la Biblioteca Nacional de Uruguay, advirtió que en Europa la novela latinoamericana todavía se evalúa por su vinculación con el pueblo mítico creado por el colombiano Gabriel García Márquez. "Y en cambio Santa María, que es una ciudad de ficción igual que Macondo, no es considerada el prototipo de ciudad sudamericana".
El escritor uruguayo rememoró que una de las grandes influencias intelectuales de Onetti (1909-1994) fue Julio Payró. "Onetti lo admiraba y, cosa rara, lo quería mucho. Porque Onetti no quería a nadie, no se quería ni a sí mismo".
Y a través de correspondencia entre ambos, publicada recientemente en Uruguay, se rompieron algunos mitos. "Creíamos que Onetti había escrito 'El pozo' en un fin de semana. Esa leyenda circuló hasta ahora, que tenemos las cartas que Onetti le mandó a Payró. Para alegría de nosotros escritores, escribió tres veces 'El pozo', le dio mucho trabajo, la arrastró años y se la rechazaron en más de una editorial aquí en Argentina".
En Buenos Aires entre el 40 y el 50 convivieron entre otros Macedonio Fernández, Witold Gombrowicz y Onetti, recordó Ferro. "Macedonio, Gombrowicz, Onetti, exigen un esfuerzo. Son generosos, pero también plantean que el acto de lectura es un acto riesgoso. Hay que bancarse ser lector de Onetti. No hay ninguna razón para leer rápido a Onetti. Hay que tardar leyéndolo, hay que degustarlo", señaló el autor de "Onetti/La fundación imaginada".
Gamerro también consideró que Onetti es quizás "el escritor más representativo de lo que (Jorge Luis) Borges llamaba las dos patrias, Argentina y el Uruguay".
Otras leyendas en torno a Onetti también rondaron el panel. "El que dio pie para crearlas fue Onetti", apuntó Liscano. En este contexto, recordó que "se dice que leía a (Marcel) Proust y a (Louis-Ferdinand) Celine en francés y a (William) Faulkner en inglés", pero jamás quedó en claro cómo aprendió esos idiomas.
"Cuando los críticos lo entrevistaban, él decía: 'poné lo que quieras'", contó Liscano. "Onetti nunca estuvo comprometido con nada más que con la literatura, el vino y el tabaco", aseveró respecto de la leyenda de algún compromiso político del escritor nacido en Montevideo y fallecido en Madrid.
Asimismo emergieron del público reunido en la librería "Eterna Cadencia" testimonios de personas que conocieron a Onetti, entre ellos el del escritor Noé Jitrik, quien evocó un homenaje realizado en 1978 al autor de "Cuando ya no importe" en una universidad en Xalapa, México.
FILBA, inaugurado el miércoles con una conferencia del antropólogo francés Marc Augé y que finalizará el próximo domingo, también recibe por estos días a escritores reconocidos como el irlandés John Connolly y el español Manuel Rivas, así como a la mexicana Guadalupe Nettel y al peruano Diego Trelles Paz.
Con participación del uruguayo Carlos Liscano y los argentinos Roberto Ferro y Carlos Gamerro, la mesa "Larga vida a Onetti" contó anoche con la moderación del escritor Martín Kohan.
Kohan sostuvo que hay cierto imaginario literario argentino respecto del Uruguay, una "disposición a inventar espacios en común y apropiarnos de esos escritores uruguayos que nos gustan demasiado, y a los que decidimos sentir y pensar como propios, como Felisberto Hernández, o actualmente Mario Levrero. "(Levrero) nos gusta tanto que no podemos soportar que no lo sea (argentino)", bromeó.
"Y me parece que el caso de Onetti también por ciertas claves biográficas es justamente una referencia clave para ese modo de articular nuestra literatura con ciertos escritores uruguayos", apuntó el autor de "Dos veces junio" y "Ciencias morales".
El escritor y crítico literario Ferro, quien consideró que "la vida de Onetti es la de un personaje de sus novelas", subrayó además que el Premio Cervantes 1980 es "la exhibición desaforada de la falsedad de que Latinoamérica es Macondo".
En ese sentido, Gamerro recordó que en 'Construcción de la noche' "Onetti dice por ahí 'cómo se va a comparar mi pobre Santa María con Macondo, un pueblo donde ocurren milagros'".
"No hay autor más realista, al menos en el tratamiento del detalle de la vida de sus personajes, es un realismo exacerbado. Uno lo podría considerar incluso una anticipación de lo que después se pone de moda a partir de la literatura de Estados Unidos, el realismo sucio. Estos ambientes están siempre degradados, usados, camas donde siempre ha dormido gente antes, colchones que nunca son nuevos".
"Ciertamente en la literatura de Onetti no pasan alfombras voladoras. Si pasaran estarían bastante desgastadas, no podrían volar, pero ni siquiera se plantean. Las muchachas no suben al cielo rodeadas de sábanas, ni siquiera de sábanas raídas", recalcó el escritor y traductor Gamerro.
Liscano, director de la Biblioteca Nacional de Uruguay, advirtió que en Europa la novela latinoamericana todavía se evalúa por su vinculación con el pueblo mítico creado por el colombiano Gabriel García Márquez. "Y en cambio Santa María, que es una ciudad de ficción igual que Macondo, no es considerada el prototipo de ciudad sudamericana".
El escritor uruguayo rememoró que una de las grandes influencias intelectuales de Onetti (1909-1994) fue Julio Payró. "Onetti lo admiraba y, cosa rara, lo quería mucho. Porque Onetti no quería a nadie, no se quería ni a sí mismo".
Y a través de correspondencia entre ambos, publicada recientemente en Uruguay, se rompieron algunos mitos. "Creíamos que Onetti había escrito 'El pozo' en un fin de semana. Esa leyenda circuló hasta ahora, que tenemos las cartas que Onetti le mandó a Payró. Para alegría de nosotros escritores, escribió tres veces 'El pozo', le dio mucho trabajo, la arrastró años y se la rechazaron en más de una editorial aquí en Argentina".
En Buenos Aires entre el 40 y el 50 convivieron entre otros Macedonio Fernández, Witold Gombrowicz y Onetti, recordó Ferro. "Macedonio, Gombrowicz, Onetti, exigen un esfuerzo. Son generosos, pero también plantean que el acto de lectura es un acto riesgoso. Hay que bancarse ser lector de Onetti. No hay ninguna razón para leer rápido a Onetti. Hay que tardar leyéndolo, hay que degustarlo", señaló el autor de "Onetti/La fundación imaginada".
Gamerro también consideró que Onetti es quizás "el escritor más representativo de lo que (Jorge Luis) Borges llamaba las dos patrias, Argentina y el Uruguay".
Otras leyendas en torno a Onetti también rondaron el panel. "El que dio pie para crearlas fue Onetti", apuntó Liscano. En este contexto, recordó que "se dice que leía a (Marcel) Proust y a (Louis-Ferdinand) Celine en francés y a (William) Faulkner en inglés", pero jamás quedó en claro cómo aprendió esos idiomas.
"Cuando los críticos lo entrevistaban, él decía: 'poné lo que quieras'", contó Liscano. "Onetti nunca estuvo comprometido con nada más que con la literatura, el vino y el tabaco", aseveró respecto de la leyenda de algún compromiso político del escritor nacido en Montevideo y fallecido en Madrid.
Asimismo emergieron del público reunido en la librería "Eterna Cadencia" testimonios de personas que conocieron a Onetti, entre ellos el del escritor Noé Jitrik, quien evocó un homenaje realizado en 1978 al autor de "Cuando ya no importe" en una universidad en Xalapa, México.
FILBA, inaugurado el miércoles con una conferencia del antropólogo francés Marc Augé y que finalizará el próximo domingo, también recibe por estos días a escritores reconocidos como el irlandés John Connolly y el español Manuel Rivas, así como a la mexicana Guadalupe Nettel y al peruano Diego Trelles Paz.
lunes, 30 de agosto de 2010
MARC AUGÉ ADVIERTE: "NO ESTAMOS CAMINANDO HACIA LA DEMOCRACIA"
Buenos Aires, 30 ago (dpa) - "No estamos caminando hacia la democracia", alertó hoy el antropólogo francés Marc Augé, uno de los invitados al Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA), quien también destacó que en el mundo actual se produce un efecto de descentramiento en ciudades, viviendas e individuos.
"Son siempre las mismas cosas las que dicen todos los periódicos. Hay una uniformización de la prensa de manera general. Es un problema importante, porque si hay una uniformización de los medios de comunicación hay también una uniformización del pensamiento, de lo que se llamaba cuando era joven la ideología dominante", apuntó en la conferencia de prensa de apertura de FILBA, que dará inicio el miércoles.
"Hay una oligarquía planetaria que toma forma, hay un mundo de consumidores y hay una tercera clase de excluidos del saber, del poder y de la riqueza, es la situación actual", lamentó el autor de "Los no lugares: espacios del anonimato" y "Hacia una antropología de los mundos contemporáneos", entre muchas otras obras.
"Si estuviera hablando de una nación particular, diría que estamos en una situación prerrevolucionaria, pero estamos hablando del planeta. Y no estoy seguro de que haya una revolución planetaria", sacó su conclusión.
El etnólogo francés que acuñó "los no lugares" para referirse a ciertos espacios de transitoriedad que no tienen la suficiente importancia como para ser considerados "lugares", como una autopista, un aeropuerto o un supermercado, admitió entre risas que "este concepto (se) me ha escapado totalmente".
"Hay una aclaración que hacer: no existen a nivel empírico lugares puros y no lugares puros. Por ejemplo hay supermercados en las campiñas francesas donde los jóvenes de diversos pueblos se encuentran el fin de semana; para ellos es un lugar".
En el contexto del descentramiento en el mundo global, Augé expresó que "no hay más una ciudad tradicional, sino que las grandes ciudades se definen a partir de sus medios de relación con las otras ciudades, aparte de sus aeropuertos y la red de autopistas".
"Hay un crecimiento de las grandes ciudades, pero que tiene que ver también con las relaciones con el afuera. Los centros de trabajo no se encuentran más, al menos en Europa, en el centro histórico, que se vuelve el centro para los turistas del mundo entero. Las grandes empresas están mayormente afuera y las viviendas también, como consecuencia de los medios de transporte que se desarrollan de manera extensiva", señaló.
"Pero en la vivienda también hay un descentramiento, porque no existe más el hogar, sino la televisión y la computadora. Hay un descentramiento de la vida doméstica y además hay un descentramiento del individuo, porque no hay persona en las partes más desarrolladas del mundo que no circule con su teléfono portátil".
Augé, quien dictará el miércoles por la noche la conferencia "Antropología y literatura", se mostró muy feliz de ser parte de FILBA y agregó que está muy interesado en las relaciones entre ambas. "Estoy escribiendo un pequeño libro sobre este tema", adelantó en la conferencia, en la que también participó el director del festival Pablo Braun.
Según expresó este lunes, en su contribución a FILBA ahondará en la sobremodernidad y también reflexionará sobre el anonimato en las redes de comunicación.
Nacido en Poitiers en 1935, Augé contó que ha escrito a mano hasta hace cuatro o cinco años, cuando se dio cuenta de que era el "momento de participar en el futuro, que sino era un hombre del pasado".
"La escritura a mano no necesita la firma, porque es una firma perpetuada, una expresión del cuerpo simultáneamente con el cerebro, con la emoción. Cuando pienso que no tendremos más en las historias de la literatura de los siglos que vienen los testimonios de los intercambios de misivas, esa es una pérdida realmente", analizó.
Augé se mostró fascinado por Latinoamérica, por sus paisajes y las relaciones humanas, y por "esta mezcla de esta doble posibilidad de descubrir y recordar". A la vez, indicó: "No puedo pensar en América Latina sin incluir a los grandes escritores. El problema hoy en día es saber cuál es el futuro no de América Latina, sino de la novela en los diversos continentes".
Respecto de la perspectiva del libro en papel, consideró que en el sentido clásico "tiene un futuro, porque hay un placer de tipo físico con él, se puede transportar". Aunque matizó que los libros electrónicos se van a desarrollar y ya son más fáciles para la consulta. "A mí me parece una cosa terrible", admitió.
En cuanto a Internet, el teórico de los "no lugares" opinó que "es algo fabuloso, pero no es un instrumento pedagógico". La red permite a los que ya gozan del conocimiento utilizarla para precisar sus saberes, dijo, y consideró que la libertad que reivindica Internet es una libertad sin forma.
FILBA convocará del 1 al 5 de septiembre a escritores reconocidos como el irlandés John Connolly, el español Manuel Rivas y los argentinos Martín Caparrós y Pablo De Santis, a la vez que invitará a descubrir nuevas figuras del panorama de las letras.
"Son siempre las mismas cosas las que dicen todos los periódicos. Hay una uniformización de la prensa de manera general. Es un problema importante, porque si hay una uniformización de los medios de comunicación hay también una uniformización del pensamiento, de lo que se llamaba cuando era joven la ideología dominante", apuntó en la conferencia de prensa de apertura de FILBA, que dará inicio el miércoles.
"Hay una oligarquía planetaria que toma forma, hay un mundo de consumidores y hay una tercera clase de excluidos del saber, del poder y de la riqueza, es la situación actual", lamentó el autor de "Los no lugares: espacios del anonimato" y "Hacia una antropología de los mundos contemporáneos", entre muchas otras obras.
"Si estuviera hablando de una nación particular, diría que estamos en una situación prerrevolucionaria, pero estamos hablando del planeta. Y no estoy seguro de que haya una revolución planetaria", sacó su conclusión.
El etnólogo francés que acuñó "los no lugares" para referirse a ciertos espacios de transitoriedad que no tienen la suficiente importancia como para ser considerados "lugares", como una autopista, un aeropuerto o un supermercado, admitió entre risas que "este concepto (se) me ha escapado totalmente".
"Hay una aclaración que hacer: no existen a nivel empírico lugares puros y no lugares puros. Por ejemplo hay supermercados en las campiñas francesas donde los jóvenes de diversos pueblos se encuentran el fin de semana; para ellos es un lugar".
En el contexto del descentramiento en el mundo global, Augé expresó que "no hay más una ciudad tradicional, sino que las grandes ciudades se definen a partir de sus medios de relación con las otras ciudades, aparte de sus aeropuertos y la red de autopistas".
"Hay un crecimiento de las grandes ciudades, pero que tiene que ver también con las relaciones con el afuera. Los centros de trabajo no se encuentran más, al menos en Europa, en el centro histórico, que se vuelve el centro para los turistas del mundo entero. Las grandes empresas están mayormente afuera y las viviendas también, como consecuencia de los medios de transporte que se desarrollan de manera extensiva", señaló.
"Pero en la vivienda también hay un descentramiento, porque no existe más el hogar, sino la televisión y la computadora. Hay un descentramiento de la vida doméstica y además hay un descentramiento del individuo, porque no hay persona en las partes más desarrolladas del mundo que no circule con su teléfono portátil".
Augé, quien dictará el miércoles por la noche la conferencia "Antropología y literatura", se mostró muy feliz de ser parte de FILBA y agregó que está muy interesado en las relaciones entre ambas. "Estoy escribiendo un pequeño libro sobre este tema", adelantó en la conferencia, en la que también participó el director del festival Pablo Braun.
Según expresó este lunes, en su contribución a FILBA ahondará en la sobremodernidad y también reflexionará sobre el anonimato en las redes de comunicación.
Nacido en Poitiers en 1935, Augé contó que ha escrito a mano hasta hace cuatro o cinco años, cuando se dio cuenta de que era el "momento de participar en el futuro, que sino era un hombre del pasado".
"La escritura a mano no necesita la firma, porque es una firma perpetuada, una expresión del cuerpo simultáneamente con el cerebro, con la emoción. Cuando pienso que no tendremos más en las historias de la literatura de los siglos que vienen los testimonios de los intercambios de misivas, esa es una pérdida realmente", analizó.
Augé se mostró fascinado por Latinoamérica, por sus paisajes y las relaciones humanas, y por "esta mezcla de esta doble posibilidad de descubrir y recordar". A la vez, indicó: "No puedo pensar en América Latina sin incluir a los grandes escritores. El problema hoy en día es saber cuál es el futuro no de América Latina, sino de la novela en los diversos continentes".
Respecto de la perspectiva del libro en papel, consideró que en el sentido clásico "tiene un futuro, porque hay un placer de tipo físico con él, se puede transportar". Aunque matizó que los libros electrónicos se van a desarrollar y ya son más fáciles para la consulta. "A mí me parece una cosa terrible", admitió.
En cuanto a Internet, el teórico de los "no lugares" opinó que "es algo fabuloso, pero no es un instrumento pedagógico". La red permite a los que ya gozan del conocimiento utilizarla para precisar sus saberes, dijo, y consideró que la libertad que reivindica Internet es una libertad sin forma.
FILBA convocará del 1 al 5 de septiembre a escritores reconocidos como el irlandés John Connolly, el español Manuel Rivas y los argentinos Martín Caparrós y Pablo De Santis, a la vez que invitará a descubrir nuevas figuras del panorama de las letras.
domingo, 29 de agosto de 2010
FILBA, UN FESTIVAL LITERARIO CELEBRA LAS LETRAS EN BUENOS AIRES
Buenos Aires, 29 ago (dpa) - El Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires FILBA convocará a escritores reconocidos como el irlandés John Connolly, el español Manuel Rivas y el colombiano Santiago Gamboa, a la vez que invitará a descubrir del 1 al 5 de septiembre a nuevas figuras del panorama de las letras.
En su segunda edición, FILBA contará con una nutrida participación de autores consagrados del ámbito local, como Martín Caparrós, Pablo De Santis, Martín Kohan, Sergio Olguín, Claudia Piñeiro y la poeta Diana Bellesi, en tanto que también le dará mayor visibilidad a autores argentinos como GabrielaCabezón Cámara y Juan Terranova, así como a la mexicana Guadalupe Nettel y al peruano Diego Trelles Paz.
El director de FILBA Pablo Braun considera que "está bueno haber agregado a la agenda cultural porteña un festival de literatura. Estoy contento de que FILBA aporte a Buenos Aires un oasis de cultura, que se hable un poquito más de libros que el común de los días".
FILBA sigue en parte el modelo de diversos festivales que proliferaron en otras ciudades del mundo, aunque busca cultivar su propio perfil. "Tiene una mayor elaboración en el programa y es un poquito más literario. El Hay Festival de repente ofrece recitales de músicos, que no tienen nada que ver con la literatura", explica Braun en diálogo con dpa. "Nosotros vamos a hacer un par de recitales, pero también tienen que ver con la escritura", apunta.
"El programa intenta tener una profundidad para que algo de lo que se habla quede, sin caer en el academicismo. Y que no sea sólo un encuentro al que vienen figuras", explica Braun, dueño de la librería Eterna Cadencia en el barrio de Palermo, con un sello editorial del mismo nombre que publica una veintena de títulos al año, y que es una de las sedes del festival.
Mesas, paneles y debates servirán de escenario para el intercambio de ideas y palabras de las figuras de FILBA, a la vez que también se sucederán entrevistas, workshops y performances.
Entre las secciones de FILBA se destacan la de Cultura Contemporánea, con participación del antropólogo francés Marc Augé, quien tendrá a su cargo el miércoles la conferencia de apertura "Antropología y literatura", y de su colega argentino Néstor García Canclini.
Asimismo, en Uruguay en Foco, se analizarán las manifestaciones literarias y culturales de la nación rioplatense, con exponentes de la narrativa uruguaya actual como Alejandro Ferreiro, Ercole Lissardi y Felipe Polleri, y también se homenajeará a tres de sus grandes representantes: Juan Carlos Onetti, Marosa Di Giorgio y Mario Levrero.
"A mí la literatura uruguaya me parece muy interesante a nivel latinoamericano. 2009 fue el 'Año Onetti', se reeditó todo Felisberto (Hernández), hubo una especie de auge con Levrero, Marosa Di Giorgio que viene siendo reeditada por Cuenco del Plata", apunta Braun.
"Y después había una cuestión de hermandad. Desde ese lugar de los puentes cortados -yo nunca pude entender como uno no puede pasar de un lado al otro (de la frontera)-, me parecía que era como tirar un puente imaginario, literario, para amigarnos", señala.
En tanto, la sección Tinta Activa presentará en Plurilingua paneles con escritores de diferentes orígenes y lenguas, entre ellos el danés Peter Adolphsen, el alemán Tilman Rammstedt y el belga Dimitri Verhulst.
"Es una de las funciones del festival traer a autores de diferentes lugares y que puedan llegar al público, a las librerías, a los lectores", dice Braun, director de FILBA junto a María Soledad Costantini.
Braun destaca que en esta edición, a diferencia de 2008 que se desarrolló únicamente en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), habrá otras sedes como Fundación Proa, Villa Ocampo y varias librerías, con entrada gratuita. "Tengo una alta expectativa de que el festival se empiece a acercar a la gente", indica.
Además, considera que el evento tiene la riqueza de desarrollarse en una ciudad como Buenos Aires, "que es un faro para muchos escritores".
El festival literario organizado por la Fundación FILBA se celebrará a futuro en forma anual y aspira a ampliarse en días y sedes, según adelanta Braun. De modo que Buenos Aires se afiance como punto de reunión de narradores y testigo del transcurrir de la literatura.
En su segunda edición, FILBA contará con una nutrida participación de autores consagrados del ámbito local, como Martín Caparrós, Pablo De Santis, Martín Kohan, Sergio Olguín, Claudia Piñeiro y la poeta Diana Bellesi, en tanto que también le dará mayor visibilidad a autores argentinos como GabrielaCabezón Cámara y Juan Terranova, así como a la mexicana Guadalupe Nettel y al peruano Diego Trelles Paz.
El director de FILBA Pablo Braun considera que "está bueno haber agregado a la agenda cultural porteña un festival de literatura. Estoy contento de que FILBA aporte a Buenos Aires un oasis de cultura, que se hable un poquito más de libros que el común de los días".
FILBA sigue en parte el modelo de diversos festivales que proliferaron en otras ciudades del mundo, aunque busca cultivar su propio perfil. "Tiene una mayor elaboración en el programa y es un poquito más literario. El Hay Festival de repente ofrece recitales de músicos, que no tienen nada que ver con la literatura", explica Braun en diálogo con dpa. "Nosotros vamos a hacer un par de recitales, pero también tienen que ver con la escritura", apunta.
"El programa intenta tener una profundidad para que algo de lo que se habla quede, sin caer en el academicismo. Y que no sea sólo un encuentro al que vienen figuras", explica Braun, dueño de la librería Eterna Cadencia en el barrio de Palermo, con un sello editorial del mismo nombre que publica una veintena de títulos al año, y que es una de las sedes del festival.
Mesas, paneles y debates servirán de escenario para el intercambio de ideas y palabras de las figuras de FILBA, a la vez que también se sucederán entrevistas, workshops y performances.
Entre las secciones de FILBA se destacan la de Cultura Contemporánea, con participación del antropólogo francés Marc Augé, quien tendrá a su cargo el miércoles la conferencia de apertura "Antropología y literatura", y de su colega argentino Néstor García Canclini.
Asimismo, en Uruguay en Foco, se analizarán las manifestaciones literarias y culturales de la nación rioplatense, con exponentes de la narrativa uruguaya actual como Alejandro Ferreiro, Ercole Lissardi y Felipe Polleri, y también se homenajeará a tres de sus grandes representantes: Juan Carlos Onetti, Marosa Di Giorgio y Mario Levrero.
"A mí la literatura uruguaya me parece muy interesante a nivel latinoamericano. 2009 fue el 'Año Onetti', se reeditó todo Felisberto (Hernández), hubo una especie de auge con Levrero, Marosa Di Giorgio que viene siendo reeditada por Cuenco del Plata", apunta Braun.
"Y después había una cuestión de hermandad. Desde ese lugar de los puentes cortados -yo nunca pude entender como uno no puede pasar de un lado al otro (de la frontera)-, me parecía que era como tirar un puente imaginario, literario, para amigarnos", señala.
En tanto, la sección Tinta Activa presentará en Plurilingua paneles con escritores de diferentes orígenes y lenguas, entre ellos el danés Peter Adolphsen, el alemán Tilman Rammstedt y el belga Dimitri Verhulst.
"Es una de las funciones del festival traer a autores de diferentes lugares y que puedan llegar al público, a las librerías, a los lectores", dice Braun, director de FILBA junto a María Soledad Costantini.
Braun destaca que en esta edición, a diferencia de 2008 que se desarrolló únicamente en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), habrá otras sedes como Fundación Proa, Villa Ocampo y varias librerías, con entrada gratuita. "Tengo una alta expectativa de que el festival se empiece a acercar a la gente", indica.
Además, considera que el evento tiene la riqueza de desarrollarse en una ciudad como Buenos Aires, "que es un faro para muchos escritores".
El festival literario organizado por la Fundación FILBA se celebrará a futuro en forma anual y aspira a ampliarse en días y sedes, según adelanta Braun. De modo que Buenos Aires se afiance como punto de reunión de narradores y testigo del transcurrir de la literatura.
jueves, 5 de agosto de 2010
ENTREVISTA / VALENZUELA NAVEGA CONJETURAS E INCERTIDUMBRES EN NOVELA "EL MAÑANA"
Buenos Aires, 5 ago (dpa) - "El pensamiento siempre es peligroso. Cuanto más gente piensa, más incomodidad genera, pero eso es lo maravilloso también", indica la escritora argentina Luisa Valenzuela, quien acaba de presentar su nueva novela, "El Mañana", una reflexión sobre el lenguaje y la relación de las mujeres con el poder.
Valenzuela considera que "la alta literatura no está hecha para generar comodidades, sino justamente inquietudes que te mueven a otro lugar y te hacen pensar desde otro lugar y quizás te aclaran cosas". Ese es el camino que debe recorrer también la escritora protagonista de su más reciente obra, explica en diálogo con dpa.
"El Mañana" que da nombre a la novela publicada por Seix Barral es en realidad un barco en el que viajan 18 importantes autoras que intercambian experiencias en un encuentro. Pero la embarcación es abordada por un comando que las acusa de terroristas y las condena al arresto domiciliario. "Es una novela de conjeturas, no de afirmaciones", expresa Valenzuela.
El porqué es la pregunta que moviliza la trama de este thriller contemporáneo, en el que la autora despliega su sentido del humor y su aguda mirada. La protagonista, la escritora Elisa Algañaraz, decide relatar su odisea, en la que se involucran entre otros pintorescos personajes un hacker argentino, Esteban Clementi, su cómplice, el israelí Omer Katvani, y el Viejo de los Siglos, líder del barrio marginal Villa Indemnización.
Mientras en la ficción las 18 mujeres son borradas del mapa literario e incluso de Internet, la escritora nacida en Buenos Aires en 1938 recuerda haber sido blanco de censura en varias oportunidades.
"'Cambio de armas', que es un libro sobre la época de la dictadura militar y la predictadura, salió en Estados Unidos en castellano y en inglés, se publicó en México, y tardó 20 años en aparecer acá", apunta la dueña de una extensa obra novelística. Y "me tocó la censura en España con 'El gato eficaz'. Lo publicó Joaquín Mortiz en México, lo iba a publicar en España y se lo censuraron".
Valenzuela, autora de novelas como "Cola de lagartija" y "Realidad nacional desde la cama", opina que a veces hay cierto miedo de generar incomodidad en el lector. Pero "éste necesita un poco de incomodidad para cuestionarse la situación. Si le das todo tan cómodo, servido y masticado para qué vas a leer, para eso seguís leyendo los cómics, las novelas bestsellers y esas cosas son divertidísimas".
Desde su colorida vivienda porteña en el barrio de Belgrano, apunta que el sistema no quiere que las cosas varíen. "Entonces este poder que está adquiriendo la mujer y en este país sobre todo marca algo que incomoda a muchísima gente, hombres y mujeres", señala la también periodista y ensayista.
"Mi esperanza, que puede ser falsa, es que sea mucho más pacífico un mundo gobernado por mujeres que el de los hombres. Hasta ahora nos fue bastante mal con el mundo gobernado por hombres. Julia Kristeva dice que el siglo XXI será femenino o no será, para mejor o para peor, no podemos saberlo. En América Latina hay bastantes mujeres (en el poder)", subraya con cauto optimismo.
Valenzuela cuenta sin tapujos que no escribe siguiendo un plan, como tantos de sus colegas. "No sé adónde voy a ir a parar, es un salto al vacío mi escritura. No solamente no tengo claro (el final), no lo tengo siquiera no claro, ¡no lo tengo!", exclama.
"Los personajes van surgiendo a medida que la trama se desenvuelve. Trabajando con el lenguaje, que es lo que a mí me interesa, también entra mucho el sentido del humor, los dobles mensajes de las palabras, los discursos entrecruzados, todo aquello que se dice a pesar de uno mismo y alcanzar lo inefable", añade.
La novela le insumió unos siete años, tiempo durante el cual también vio la luz el volumen de cuentos "Tres por cinco", publicado en 2008 en España por Páginas de Espuma y hace pocos días también en Argentina. "Por eso empezaron a nacer nuevos personajes. Los cartoneros, la villa, todo eso entró después, a medida que iban sucediendo las cosas. La realidad regala cositas", expresa.
Valenzuela, que se mueve con comodidad entre la novela y el cuento, confiesa: "A mí me gusta más como género en general el cuento. La novela tiene más salida y tiene esa propiedad, que te acompaña mucho, son personajes que están con vos".
"Cuando empiezo un cuento, un microrrelato, una novela, lo que sí sé es que es lo que va a ser. De ahí en más, cómo va a ser, ese es el misterio. Esa es la aventura, eso es lo divertido", expresa la autora, cuyos relatos fueron reunidos hace pocos años en "Cuentos completos y uno más".
Viajera incansable, pasó años radicada en Francia, España, México y Estados Unidos y luego volvió a su Buenos Aires natal. Los viajes, que jugaron un papel central en su vida, "son interiores aparte de externos", considera.
"Mi novela anterior, 'La travesía', también está hecha de viajes, pero es muy diferente. Son siempre caminos de búsqueda, son caminos interiores en general, aunque no lo parezcan", indica la narradora que se define como "más cortazariana que borgeana".
Entre los escritores iberoamericanos que más la han marcado en distintas etapas nombra a Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Clarice Lispector, Alejo Carpentier y Margo Glantz. "Conocemos poco de la escritura latinoamericana, estamos muy separados desgraciadamente", apunta. "Una cosa que nos falta es una muy buena revista literaria que difunda eso", opina.
Mientras tanto, Valenzuela adelanta que ya tiene entre manos varios cuentos inéditos, bastantes microrrelatos y está dedicada a escribir "directamente sobre viajes". "Creo que uno viaja dos veces, es decir viajás con tu cuerpo y viajás con tu mente a otros lugares", reflexiona.
Valenzuela considera que "la alta literatura no está hecha para generar comodidades, sino justamente inquietudes que te mueven a otro lugar y te hacen pensar desde otro lugar y quizás te aclaran cosas". Ese es el camino que debe recorrer también la escritora protagonista de su más reciente obra, explica en diálogo con dpa.
"El Mañana" que da nombre a la novela publicada por Seix Barral es en realidad un barco en el que viajan 18 importantes autoras que intercambian experiencias en un encuentro. Pero la embarcación es abordada por un comando que las acusa de terroristas y las condena al arresto domiciliario. "Es una novela de conjeturas, no de afirmaciones", expresa Valenzuela.
El porqué es la pregunta que moviliza la trama de este thriller contemporáneo, en el que la autora despliega su sentido del humor y su aguda mirada. La protagonista, la escritora Elisa Algañaraz, decide relatar su odisea, en la que se involucran entre otros pintorescos personajes un hacker argentino, Esteban Clementi, su cómplice, el israelí Omer Katvani, y el Viejo de los Siglos, líder del barrio marginal Villa Indemnización.
Mientras en la ficción las 18 mujeres son borradas del mapa literario e incluso de Internet, la escritora nacida en Buenos Aires en 1938 recuerda haber sido blanco de censura en varias oportunidades.
"'Cambio de armas', que es un libro sobre la época de la dictadura militar y la predictadura, salió en Estados Unidos en castellano y en inglés, se publicó en México, y tardó 20 años en aparecer acá", apunta la dueña de una extensa obra novelística. Y "me tocó la censura en España con 'El gato eficaz'. Lo publicó Joaquín Mortiz en México, lo iba a publicar en España y se lo censuraron".
Valenzuela, autora de novelas como "Cola de lagartija" y "Realidad nacional desde la cama", opina que a veces hay cierto miedo de generar incomodidad en el lector. Pero "éste necesita un poco de incomodidad para cuestionarse la situación. Si le das todo tan cómodo, servido y masticado para qué vas a leer, para eso seguís leyendo los cómics, las novelas bestsellers y esas cosas son divertidísimas".
Desde su colorida vivienda porteña en el barrio de Belgrano, apunta que el sistema no quiere que las cosas varíen. "Entonces este poder que está adquiriendo la mujer y en este país sobre todo marca algo que incomoda a muchísima gente, hombres y mujeres", señala la también periodista y ensayista.
"Mi esperanza, que puede ser falsa, es que sea mucho más pacífico un mundo gobernado por mujeres que el de los hombres. Hasta ahora nos fue bastante mal con el mundo gobernado por hombres. Julia Kristeva dice que el siglo XXI será femenino o no será, para mejor o para peor, no podemos saberlo. En América Latina hay bastantes mujeres (en el poder)", subraya con cauto optimismo.
Valenzuela cuenta sin tapujos que no escribe siguiendo un plan, como tantos de sus colegas. "No sé adónde voy a ir a parar, es un salto al vacío mi escritura. No solamente no tengo claro (el final), no lo tengo siquiera no claro, ¡no lo tengo!", exclama.
"Los personajes van surgiendo a medida que la trama se desenvuelve. Trabajando con el lenguaje, que es lo que a mí me interesa, también entra mucho el sentido del humor, los dobles mensajes de las palabras, los discursos entrecruzados, todo aquello que se dice a pesar de uno mismo y alcanzar lo inefable", añade.
La novela le insumió unos siete años, tiempo durante el cual también vio la luz el volumen de cuentos "Tres por cinco", publicado en 2008 en España por Páginas de Espuma y hace pocos días también en Argentina. "Por eso empezaron a nacer nuevos personajes. Los cartoneros, la villa, todo eso entró después, a medida que iban sucediendo las cosas. La realidad regala cositas", expresa.
Valenzuela, que se mueve con comodidad entre la novela y el cuento, confiesa: "A mí me gusta más como género en general el cuento. La novela tiene más salida y tiene esa propiedad, que te acompaña mucho, son personajes que están con vos".
"Cuando empiezo un cuento, un microrrelato, una novela, lo que sí sé es que es lo que va a ser. De ahí en más, cómo va a ser, ese es el misterio. Esa es la aventura, eso es lo divertido", expresa la autora, cuyos relatos fueron reunidos hace pocos años en "Cuentos completos y uno más".
Viajera incansable, pasó años radicada en Francia, España, México y Estados Unidos y luego volvió a su Buenos Aires natal. Los viajes, que jugaron un papel central en su vida, "son interiores aparte de externos", considera.
"Mi novela anterior, 'La travesía', también está hecha de viajes, pero es muy diferente. Son siempre caminos de búsqueda, son caminos interiores en general, aunque no lo parezcan", indica la narradora que se define como "más cortazariana que borgeana".
Entre los escritores iberoamericanos que más la han marcado en distintas etapas nombra a Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Clarice Lispector, Alejo Carpentier y Margo Glantz. "Conocemos poco de la escritura latinoamericana, estamos muy separados desgraciadamente", apunta. "Una cosa que nos falta es una muy buena revista literaria que difunda eso", opina.
Mientras tanto, Valenzuela adelanta que ya tiene entre manos varios cuentos inéditos, bastantes microrrelatos y está dedicada a escribir "directamente sobre viajes". "Creo que uno viaja dos veces, es decir viajás con tu cuerpo y viajás con tu mente a otros lugares", reflexiona.
miércoles, 7 de julio de 2010
MERCEDES SOSA, VOZ EMBAJADORA DEL CANTO LATINOAMERICANO, CUMPLIRÍA 75
Buenos Aires, 7 jul (dpa) - La cantante argentina Mercedes Sosa, ícono de la canción popular que paseó los ritmos latinoamericanos por escenarios de todo el mundo, habría cumplido 75 años el 9 de julio.
Interpretó a los mejores compositores del continente, convirtiendo en clásicos temas como "Gracias a la vida", de Violeta Parra, "Canción con todos", de Armando Tejada Gómez y César Isella, o "Alfonsina y el mar", de Ariel Ramírez y Félix Luna.
Su firme compromiso político y su simpatía por causas de izquierda le valieron el exilio durante la última dictadura militar (1976- 1983). Dueña de una voz privilegiada, "la Negra" incursionó en diversos géneros musicales, en un abanico que sumó al pop, el rock y el tango.
En el marco de los festejos por el Día de la Independencia en su provincia natal, Tucumán, el viernes habrá un recital popular en su homenaje. Con Teresa Parodi como anfitriona, también subirán al escenario entre otros Víctor Heredia, Liliana Herrero y Tania Libertad.
"Creo haber hecho, dentro de mis posibilidades, una obra honesta en la música popular", afirmaba la legendaria artista, también llamada "la Voz de América", que murió el 4 de octubre del año pasado a los 74 años, a causa de una enfermedad hepática.
Su velatorio en el Congreso nacional se convirtió en un acontecimiento multitudinario, que convocó a miles de personas, así como a personalidades del ámbito de la política, la música y la cultura e incluso hasta el astro del fútbol Diego Maradona.
"El artista verdadero no graba un disco pensando en vender. Trata de hacer una buena obra, con buena poesía y buenos músicos. El camino de un artista verdadero es largo, lleno de espinas y no sólo de halagos", reflexionaba la "gran dama de la canción latinoamericana".
Entre muchas otras distinciones, recibió el galardón CAMU-UNESCO, el premio de la UNIFEM y la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. También cosechó cuatro Grammy latinos al mejor álbum folclórico por "Misa Criolla" (2000), "Acústico" (2003), "Corazón libre" (2006) y "Cantora 1" (2009).
La cantante tucumana lanzó el año pasado el disco doble con duetos con reconocidos artistas iberoamericanos como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Shakira y Julieta Venegas. Sin embargo, no pudo hacer una presentación de la obra debido a sus problemas de salud.
Haydée Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935 en un hogar humilde, pero "abrigada por los afectos primordiales", en la norteña ciudad de San Miguel de Tucumán. Durante esos años se enraizó su apego por las expresiones artísticas populares.
Ya quinceañera, triunfó en un certamen organizado por una radio de Tucumán. Más tarde se casó con el músico Oscar Matus, con quien tuvo un hijo e integró la corriente renovadora del folclore Nuevo Cancionero, uno de cuyos mentores fue Tejada Gómez.
"La Negra" se dio a conocer a todo el país a través de su debut en 1965 en el festival folclórico de Cosquín, en la provincia de Córdoba, de la mano del cantor Jorge Cafrune. Iniciaba un exitoso camino que la conduciría al Carnegie Hall de Nueva York, al Concertgebouw de Amsterdam y a la Plaza de Toros de Madrid, así como a compartir escenario entre otros con Luciano Pavarotti y Joan Baez.
A fines de la década del 60, la cantante de rasgos aindiados ya había subyugado al público europeo y de los Estados Unidos con sus actuaciones. En 1969 grabó "Mujeres Argentinas", y al año siguiente, "El grito de la tierra" y "Navidad con Mercedes Sosa".
En 1971 lanzó su tributo a la gran protagonista del canto popular chileno con "Homenaje a Violeta Parra" y en 1977, con "Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui", hizo lo propio con el compositor y cantor argentino.
En 1982 regresó al país, donde la esperaba una calurosa acogida por parte del público mientras la dictadura llegaba a su fin. Dio una serie de conciertos históricos, de lo cual da testimonio el álbum "Mercedes Sosa en Argentina".
Acompañados por la euforia del regreso a la democracia, se sucedieron nuevos discos como "Será posible el sur" (1984), "Yo vengo a ofrecer mi corazón" y "Corazón americano" (1985), junto con extensas giras.
En 1997 fue ella quien presentó a su amigo y rockero Charly García en Cosquín, un acontecimiento que marcó la historia del evento folclórico. Un gesto coherente con su permanente acercamiento y apertura hacia otros géneros musicales.
Así, en el disco "Alta Fidelidad" Mercedes cantó ese año al mito del rock argentino, al igual que ha interpretado numerosos temas y compartido micrófono con otros músicos argentinos como León Gieco, Víctor Heredia y Fito Páez. Lo mismo cooperó para que llegaran a nuevos públicos las canciones de los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, o para que el brasileño Milton Nascimento ingresara al mercado de la lengua española.
En 1998, el álbum "Al despertar" marcó su reencuentro a pleno con su raíz folclórica, y dos años más tarde concretó la grabación de la obra cumbre del folclore local, la "Misa Criolla" de Ramírez. Volvió a ratificar su vigencia en 2005, con la salida de "Corazón Libre".
No casualmente Mercedes Sosa interpretaba frecuentemente "Gracias a la vida", con la que probablemente pudo sentirse identificada: "Gracias a la vida, que me ha dado tanto, me ha dado la marcha de mis pies cansados, con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos". Y, según escribió un fan suyo en la página oficial de la cantante, "La Negra no murió, se fue de gira".
Interpretó a los mejores compositores del continente, convirtiendo en clásicos temas como "Gracias a la vida", de Violeta Parra, "Canción con todos", de Armando Tejada Gómez y César Isella, o "Alfonsina y el mar", de Ariel Ramírez y Félix Luna.
Su firme compromiso político y su simpatía por causas de izquierda le valieron el exilio durante la última dictadura militar (1976- 1983). Dueña de una voz privilegiada, "la Negra" incursionó en diversos géneros musicales, en un abanico que sumó al pop, el rock y el tango.
En el marco de los festejos por el Día de la Independencia en su provincia natal, Tucumán, el viernes habrá un recital popular en su homenaje. Con Teresa Parodi como anfitriona, también subirán al escenario entre otros Víctor Heredia, Liliana Herrero y Tania Libertad.
"Creo haber hecho, dentro de mis posibilidades, una obra honesta en la música popular", afirmaba la legendaria artista, también llamada "la Voz de América", que murió el 4 de octubre del año pasado a los 74 años, a causa de una enfermedad hepática.
Su velatorio en el Congreso nacional se convirtió en un acontecimiento multitudinario, que convocó a miles de personas, así como a personalidades del ámbito de la política, la música y la cultura e incluso hasta el astro del fútbol Diego Maradona.
"El artista verdadero no graba un disco pensando en vender. Trata de hacer una buena obra, con buena poesía y buenos músicos. El camino de un artista verdadero es largo, lleno de espinas y no sólo de halagos", reflexionaba la "gran dama de la canción latinoamericana".
Entre muchas otras distinciones, recibió el galardón CAMU-UNESCO, el premio de la UNIFEM y la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania. También cosechó cuatro Grammy latinos al mejor álbum folclórico por "Misa Criolla" (2000), "Acústico" (2003), "Corazón libre" (2006) y "Cantora 1" (2009).
La cantante tucumana lanzó el año pasado el disco doble con duetos con reconocidos artistas iberoamericanos como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Shakira y Julieta Venegas. Sin embargo, no pudo hacer una presentación de la obra debido a sus problemas de salud.
Haydée Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935 en un hogar humilde, pero "abrigada por los afectos primordiales", en la norteña ciudad de San Miguel de Tucumán. Durante esos años se enraizó su apego por las expresiones artísticas populares.
Ya quinceañera, triunfó en un certamen organizado por una radio de Tucumán. Más tarde se casó con el músico Oscar Matus, con quien tuvo un hijo e integró la corriente renovadora del folclore Nuevo Cancionero, uno de cuyos mentores fue Tejada Gómez.
"La Negra" se dio a conocer a todo el país a través de su debut en 1965 en el festival folclórico de Cosquín, en la provincia de Córdoba, de la mano del cantor Jorge Cafrune. Iniciaba un exitoso camino que la conduciría al Carnegie Hall de Nueva York, al Concertgebouw de Amsterdam y a la Plaza de Toros de Madrid, así como a compartir escenario entre otros con Luciano Pavarotti y Joan Baez.
A fines de la década del 60, la cantante de rasgos aindiados ya había subyugado al público europeo y de los Estados Unidos con sus actuaciones. En 1969 grabó "Mujeres Argentinas", y al año siguiente, "El grito de la tierra" y "Navidad con Mercedes Sosa".
En 1971 lanzó su tributo a la gran protagonista del canto popular chileno con "Homenaje a Violeta Parra" y en 1977, con "Mercedes Sosa interpreta Atahualpa Yupanqui", hizo lo propio con el compositor y cantor argentino.
En 1982 regresó al país, donde la esperaba una calurosa acogida por parte del público mientras la dictadura llegaba a su fin. Dio una serie de conciertos históricos, de lo cual da testimonio el álbum "Mercedes Sosa en Argentina".
Acompañados por la euforia del regreso a la democracia, se sucedieron nuevos discos como "Será posible el sur" (1984), "Yo vengo a ofrecer mi corazón" y "Corazón americano" (1985), junto con extensas giras.
En 1997 fue ella quien presentó a su amigo y rockero Charly García en Cosquín, un acontecimiento que marcó la historia del evento folclórico. Un gesto coherente con su permanente acercamiento y apertura hacia otros géneros musicales.
Así, en el disco "Alta Fidelidad" Mercedes cantó ese año al mito del rock argentino, al igual que ha interpretado numerosos temas y compartido micrófono con otros músicos argentinos como León Gieco, Víctor Heredia y Fito Páez. Lo mismo cooperó para que llegaran a nuevos públicos las canciones de los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, o para que el brasileño Milton Nascimento ingresara al mercado de la lengua española.
En 1998, el álbum "Al despertar" marcó su reencuentro a pleno con su raíz folclórica, y dos años más tarde concretó la grabación de la obra cumbre del folclore local, la "Misa Criolla" de Ramírez. Volvió a ratificar su vigencia en 2005, con la salida de "Corazón Libre".
No casualmente Mercedes Sosa interpretaba frecuentemente "Gracias a la vida", con la que probablemente pudo sentirse identificada: "Gracias a la vida, que me ha dado tanto, me ha dado la marcha de mis pies cansados, con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos". Y, según escribió un fan suyo en la página oficial de la cantante, "La Negra no murió, se fue de gira".
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