Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.

También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

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lunes, 28 de abril de 2014

COETZEE Y AUSTER, DOS AMIGOS LEEN SUS CARTAS EN FERIA DEL LIBRO DE BS. AS.

El Premio Nobel de Literatura sudafricano John Maxwell Coetzee y el estadounidense Paul Auster dieron testimonio de su profunda amistad en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde repasaron sus intercambios epistolares que atraviesan el hábito de escribir, el deporte y la política.

   Protagonistas estelares del capítulo 40 del evento cultural y editorial que se celebra hasta el 12 de mayo en el predio de la Rural, Coetzee y Auster leyeron en la noche del domingo fragmentos del libro "Aquí y ahora" (Anagrama y Mondadori), que reúne la correspondencia entre ambos de 2008 a 2011.

   "Tener esta noche aquí a dos autores de la talla de Auster y Coetzee realmente es la muestra del gran recorrido que ha hecho esta feria, del lugar realmente central que tiene para América en torno a todo lo que tiene ver con la promoción del libro y de la lectura", los presentó la directora ejecutiva de la cita porteña, Gabriela Adamo.

   El ganador del Premio Príncipe Asturias de las Letras y el Nobel de Literatura fueron recibidos con el estruendoso aplauso de una sala Jorge Luis Borges colmada por unas 1.000 personas, según indicaron los organizadores. El público había formado fila desde primera hora de la tarde para ingresar. Varios centenares debieron conformarse con seguir el encuentro cumbre desde una pantalla gigante fuera del auditorio. 

   Auster abrió el fuego de la lectura, pero de arranque sufrió algunos problemas e interferencias de sonido. El autor de "La trilogía de Nueva York" (Nueva Jersey, 1947) los tomó con humor y bromeó: "Creo que es mi voz convertida en otra voz". Tras una interrupción de pocos minutos, los inconvenientes quedaron resueltos.

   Posteriormente continuó leyendo la misiva en la que refirió varios encuentros con Charlton Heston ("no solo consideraba que era mal actor, sino que sus ideas políticas me resultaban abominables"), desde Cannes a Chicago y Manhattan, en abierto desafío a la lógica de las probabilidades.

   Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), en tanto, recordó cómo se posesionó durante su juventud con el ajedrez y mostró su desagrado con "las formas del deporte que imitan demasiado fielmente a la guerra, en las que lo único que importa es la victoria y la victoria se convierte en una cuestión de vida o muerte".

   Se trató de la primera vez que los dos grandes escritores contemporáneos se dieron cita juntos en Buenos Aires, aunque ya tuvieron encuentros similares en Australia, Francia, Portugal, Estados Unidos e Italia. Durante la charla de alrededor de una hora en el marco del programa Lectura Mundi de la Universidad Nacional de San Martín también reflexionaron sobre el peso de nombres y números. 


   "Tu nombre es tu destino", leyó el autor de "Desgracia". Y el novelista estadounidense complementó: "Crecemos con los nombres que nos han dado, los ponemos a prueba, lidiamos con ellos hasta que llegamos a aceptar que son los nombres que llevamos".

   También abordaron sus diferentes modalidades de creación literaria: "En mis novelas, el espacio es algo enteramente concreto para mí. Cada calle, cada casa, cada habitación tiene una vívida existencia real en mi cabeza", apuntó Auster. 

   Coetzee, residente en Australia, graficó por su parte: "Creo que yo soy un poco menos concienzudo. La habitación en que se desarrolla mi acción ficticia es un sitio muy desnudo, un cubo vacío, de hecho".

   Tras varios años de diálogo epistolar, Auster le escribió al Nobel de Literatura 2003 que se había convertido en una especie de "primo adulto de los amigos imaginarios que los niños se inventan" y que muchas veces deseaba que estuviera a su lado para compartir experiencias o llevarlo al lugar donde compra sándwiches.
   
   Coetzee fue el encargado de cerrar la velada con la lectura de una última carta en la que consideró que ve las cosas con mayor claridad que cuando era joven. Allí saludó el derrocamiento de Muammar al Gaddafi en Libia, incluso cuando "no hay duda de que el régimen que lo sustituya será venal y corrupto y tal vez incluso dictatorial". 

   Y bajó el telón del concurrido evento con las palabras finales del libro común: "El mundo sigue enviándonos sorpresas. Y nosotros seguimos aprendiendo. Fraternalmente, John".

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viernes, 26 de abril de 2013

COETZEE EXPLORA LOS MECANISMOS DE LA CENSURA DEL APARTHEID


   El Premio Nobel de Literatura sudafricano John Maxwell Coetzee le dio brillo anoche al inicio de la 39 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con una conferencia magistral sobre la censura, durante la cual desgranó su propia experiencia bajo el régimen del apartheid.

   El autor reacio a las entrevistas, uno de los grandes protagonistas del megaevento cultural y editorial que se extiende hasta el 13 de mayo en Buenos Aires, explicó que su pasión por este tema apunta a "lo que subyace a los sistemas de censura, y particularmente lo que impulsa a personas inteligentes, educadas y cultivadas a participar" en este tipo de actividades.

   Coetzee, quien partió en 2002 de Sudáfrica para instalarse en Australia, relató que reaccionó con incredulidad cuando un amigo le contó que allí el Consejo Australiano para las Artes, organismo dependiente del gobierno, ofrecía apoyo financiero para que los artistas, incluyendo a los escritores, pudieran seguir desarrollando su obra.

   "En Sudáfrica el gobierno nunca apoyó a los escritores. El único organismo que alguna vez se creó para escritores tuvo la intención de obstaculizarlos en su trabajo, no de ayudarlos, por eso me sorprendió", señaló en el comienzo de su disertación "Sobre la censura". 

   "En Sudáfrica nos considerábamos afortunados si el gobierno ignoraba lo que estábamos haciendo", evocó el afamado novelista y ensayista (Ciudad del Cabo, 1940), conocido por su hermetismo.

   La censura fue un hecho corriente para los escritores sudafricanos hasta alrededor de 1990, cuando comenzó a desmantelarse la legislación creada bajo el gobierno del apartheid. Bajo dichas normas, para que un libro se pusiera a la venta debía contar con la aprobación de un comité anónimo de censores. 

   "La censura era el telón de fondo sobre el que se movía todo artista sudafricano: novelistas, dramaturgos, poetas, cineastas", indicó durante la lectura en inglés, con traducción simultánea para una sala colmada en el predio de la Rural, en el barrio de Palermo.

   Coetzee desarrolló un interés por la censura como fenómeno histórico general y escribió un ensayo que se publicó en Estados Unidos bajo el título "Giving Offense" ("Contra la censura"). "Allí me refería a los efectos de la censura no sólo en Sudáfrica, sino también en la entonces Unión Soviética y en Europa del Este".

   Pero su pasión por el tema resurgió cuando recientemente apareció un libro sobre el sistema de censura sudafricano llamado "The Literature Police", de Peter McDonald.

   Grande fue la sorpresa de Coetzee cuando le ofrecieron acceder a los reportes de los censores sobre tres de sus novelas: "En medio de ninguna parte" (1977), "Esperando a los bárbaros" (1980) y "Vida y época de Michael K" (1983). 

   "Los tres libros en su momento pasaron por el examen y fueron autorizados para su venta en librerías. Ninguno fue prohibido", explicó el primer autor que ganó dos veces el premio Booker, el más prestigioso de las letras inglesas. 

   A través de los informes, Coetzee conoció mejor los mecanismos de la censura. "Yo había dado por hecho que la documentación interna generada por los censores habría sido destruida durante los últimos días del antiguo régimen, pero me había equivocado. Gran parte había sobrevivido". 

   Desde entonces, el Premio Nobel de Literatura se interesó cada vez más en la identidad de esos censores. Gracias a esos registros descubriría que no se trataba de "burócratas anodinos", sino que algunos eran escritores o profesores universitarios de Ciudad del Cabo.

   "Una consecuencia de esto es que yo diariamente me codeaba con personas que en secreto, al menos para mí, estaban emitiendo juicio  sobre si yo iba a ser autorizado a ser publicado y leído en mi país. Sin divulgar sus identidades burocráticas no les parecía raro mantener relaciones sociales cordiales conmigo y posiblemente con otros escritores", consideró el autor de "Desgracia".

   Los censores pueden ser personas inteligentes "que en sus ratos libres se dedican a censurar, porque les da un ingreso adicional y porque creen en la censura, porque tienen inclinaciones conservadoras y porque se han dicho a sí mismos que si no son ellos los que hacen el trabajo, lo hará algún funcionario estatal incapaz de discernir literatura seria de la comercial".

   "Fui tratado con indulgencia porque un mínimo sector de la población me leería", evaluó. "Los libros que cambian la historia no necesariamente son comprados apenas aparecen y devorados por las masas, que caen de inmediato bajo su influjo y son incitadas a la acción política. Los procesos de la historia son mucho más indirectos y llevan mucho más tiempo, pero eso sería para otra conferencia", advirtió.

   Coetzee analizó con escepticismo que "la verdad es que no existe el progreso cuando se trata de la censura: Llevamos el impulso censor en lo más profundo de nosotros". Y concluyó: "Cuanto más cambian las cosas, más iguales permanecen".

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lunes, 19 de septiembre de 2011

EL SUDAFRICANO COETZEE EN UN CIERRE DEL FILBA A TODA LITERATURA

El Premio Nobel sudafricano John Maxwell Coetzee brilló fiel a su estilo en la noche del domingo, en un emotivo cierre del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires, Filba.


Presentado por la periodista y escritora argentina Matilde Sánchez, el Nobel de Literatura 2003 leyó un relato de ficción inédito en castellano, "The Old Woman and the Cats" ("La anciana y los gatos").

El afamado novelista y ensayista (Ciudad del Cabo, 1940), conocido por su hermetismo, también se abstuvo de dar conferencias o entrevistas en Buenos Aires antes de desgranar su relato ante el micrófono en el museo Malba.

Apenas se limitó a dar una breve introducción previa a su lectura, en un esforzado pero comprensible español: "Quiero agradecer al Filba y su comité literario por haberme invitado a Buenos Aires. Esta noche voy a leer un relato, un capítulo en la vida de Elizabeth Costello, sobre quien ya he escrito un libro titulado 'Elizabeth Costello. Ocho lecciones'".

"Elizabeth es una escritora muy conocida; en el ocaso de su vida ella vive en aislamiento en un pueblo de España. Allí es visitada por su hijo John, un profesor de mediana edad", adelantó.

A partir de ese momento, el hombre de traje oscuro y gafas hipnotizó al auditorio parado en soledad ante el estrado del escenario dominado por el color negro. Su lectura en inglés, de unos 40 minutos y sin traducción, pudo ser seguida también en una pantalla en el hall del museo.

Con voz pausada, moviendo a veces sus manos para darle énfasis a su relato, el autor de "Desgracia" deleitó al público con el conflictivo vínculo del hijo que visita a su madre y que discute con ella, ya sea por los gatos que la mujer cuida o por un hombre, Pablo, que también vive allí con la anciana.

Al finalizar la lectura, Coetzee simplemente se desplazó al medio del escenario y agradeció los aplausos con una pequeña inclinación, para luego dedicarse a firmar con paciencia -ya liberado del saco y las gafas- los libros que le fueron acercando sus lectores.

"Creo que la palabra emoción es importante en este autor, sobre todo porque es muy contenida, muy concentrada, pero llega a puntos de desnudez que pocos autores consiguen por estos días", analizó previamente Sánchez en su presentación.

En palabras de Elizabeth Costello, "uno de los más sorprendentes alter egos que haya dado la literatura en las últimas décadas", el escritor "debe desplegar el destino humano caso por caso", citó Sánchez al único autor que ganó dos veces el premio Booker, el más prestigioso de las letras inglesas.

La presencia de Coetzee, quien reside desde hace casi una década en Australia y suele rehuir a las apariciones públicas, se enmarca también en el festejo de los diez años del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

"Es más o menos como tener a (el ex futbolista Diego Armando) Maradona haciendo jueguito en vivo, pero mucho más. Porque hemos visto a Maradona, pero en cambio a Coetzee no", manifestó su orgullo el director del Filba Pablo Braun momentos antes de la participación del autor de la trilogía autobiográfica "Infancia", "Juventud" y "Verano".

Por estos días también pasaron por la capital argentina otras voces destacadas de la literatura, como el holandés Cees Nooteboom, el italiano Ermanno Cavazzoni, la española Elvira Lindo y la japonesa Minae Mizumura.

El tercer Filba, que se inició el 9 de septiembre y homenajeó a la literatura brasileña, contó con más de 25 invitados del extranjero y medio centenar de la Argentina.

El primer balance arroja que "la tercera edición termina con evidentes signos de crecimiento. Más días, más actividades, más público. Siento que el Filba comienza a instalarse en la agenda de la ciudad y eso no es poco", destacó Braun.

Mientras Coetzee seguía firmando ejemplares en el escenario casi en penumbras y aún resonaban los ecos de su lectura, el auditorio se fue vaciando de a poco. Una mujer de mediana edad, que se alejaba caminando con dos amigas y lamentaba no haber podido ir más allá del hall, describió su sensación a las puertas del Malba: "Muy tierno, en lo escueto que es para escribir y para hablar".