Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.

También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

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jueves, 25 de mayo de 2017

"CIEN AÑOS DE SOLEDAD", UN VIAJE DESDE BUENOS AIRES A LA CELEBRIDAD

La editora argentina Gloria Rodrigué fue testigo cercana de la publicación de "Cien años de soledad", la novela de Gabriel García Márquez que cambió el mapa literario de América Latina. Y recuerda que el escritor colombiano recibió un adelanto de 500 dólares por la obra aparecida por primera vez hace medio siglo en Buenos Aires, que lo lanzó al reconocimiento universal.
Rodrigué había empezado a trabajar en 1965, a los 16 años, con su abuelo Antonio López Llausás, quien dirigía el prestigioso sello argentino Sudamericana. En diálogo con dpa, Rodrigué dice: "Fue un contrato con un anticipo de 500 dólares, que hoy parece absurdo. Pero en esa época era un autor colombiano desconocido acá absolutamente, que no había tenido éxito con ninguno de sus libros". 
La primera edición de la saga de los Buendía en Macondo publicada por Sudamericana se terminó de imprimir el 30 de mayo de 1967 y se "vendió volando". "No había pasado ni un mes y ya tuvimos que reeditarla, increíble. Fue como un milagro, porque tampoco hicimos publicidad. El boca a boca es lo que funciona, en esa época y siempre", analiza la reconocida editora.
Fue el legendario asesor de Sudamericana Francisco Porrúa quien descubrió a García Márquez, así como a Julio Cortázar y tantos otros autores. "Paco" Porrúa leyó "El coronel no tiene quien le escriba", "La hojarasca" y "La mala hora" -también de García Márquez- por recomendación del crítico Luis Harss y del escritor y periodista Tomás Eloy Martínez, apunta la ex directora de Sudamericana, actualmente al frente de Edhasa.
Luego Porrúa escribió a García Márquez para manifestarle interés en editar sus obras. El colombiano le contestó que "justo acababa de hacer un acuerdo con una editorial uruguaya, Arca, para publicar los libros, y que medio tenía comprometido, pero no firmado, el contrato para una novela que estaba terminando, que era 'Cien años de soledad'".
Sin embargo, "Gabo" agregó que "le gustaba tanto la idea de publicar en Sudamericana, porque era una editorial que él siempre había admirado, que si podía deshacer los compromisos les iba a volver a escribir y se los iba a mandar", indica Rodrigué.
La confirmación del futuro Nobel de Literatura no tardaría en llegar a la editorial. Dejó sin efecto esos acuerdos y le envió a Porrúa el primer capítulo de "Cien años de soledad", "para ver si le gustaba". "Porrúa lo leyó y al toque le mandó el contrato y le dijo que sí, que la hacíamos, y que hacíamos todos los otros libros que ya habían aparecido. Eso fue a finales del '65", rememora.
Gabo con el editor Paco Porrúa
Rodrigué también se encarga de aclarar ciertos mitos en torno a la obra cumbre del maestro del realismo mágico, como el que señala que varias editoriales la desestimaron. "Dijeron que Carlos Barral la rechazó y también otros decían que Losada la había rechazado. Siempre hay mitos de que la novela anduvo dando vueltas, pero la verdad que no".
"Lo divertido fue cuando la terminó", evoca Rodrigué. "En realidad cuando fue al correo para mandarla, o por lo menos esa es la historia, no pudo mandarla toda, porque era muy caro y él no tenía dinero. Entonces mandó la mitad". 
"Yo no estoy segura, pero la historia dice que mandó sin querer la segunda mitad", cuenta. "Y que cuando Porrúa la recibió, le mandó la plata para que mandara la primera. Pero la cuestión es que no tenían ni un peso. Con el anticipo pudieron pagar el alquiler de la casa que ya estaba recontra vencido y que Mercedes, su mujer, iba aguantando y diciendo 'mi marido está terminando una novela que va a ser un éxito'. Con eso le iba a pagar tanto al almacén de la esquina como al que le alquilaba la casa. Y fue un éxito, tenía razón".
Rodrigué recuerda que apenas Porrúa leyó la novela completa, "vino y nos contó que era fantástica y dijo 'hay que apostar'. Y apostamos. Hicimos (una primera edición de) 8.000 ejemplares, cuando lo habitual hubiera sido, con suerte, 3.000". La revista "Primera Plana", dirigida por Eloy Martínez, invitó por esos días a García Márquez a Buenos Aires y dedicó su tapa al escritor. 
"Él vino justo cuando el libro salió", afirma la editora sobre la única e inolvidable visita del autor a la capital argentina. El Nobel de Literatura 1982 contaba "que un día fue al cine o al teatro y vio entrar a una mujer con una de esas bolsas de rejilla que se usaban antes para las compras, y en ella había un ejemplar de 'Cien años de soledad'. Entonces dijo 'ya está, porque si una mujer en la bolsa de compras lleva mi libro, quiere decir que llegué al pueblo'".
Rodrigué mantiene un vivo recuerdo de esos días de 1967 en que conoció al escritor nacido en Aracataca: "Era muy afable, muy simpático, aunque más bien retraído, no era muy hablador. Lo que pasa que cuando uno se sentaba con él a charlar y se ponía a contar era lindísimo escucharlo, era como un contador de cuentos. Contaba historias de su pueblo, de cuando era chico, de su abuelo".
La palabra que mejor define cómo vivió "Gabo" su paso por Buenos Aires es "feliz". "Estaba muy contento, la gente fue muy cálida con él, lo pasó muy bien. Por eso siempre dijo que nunca quiso volver, fue como un momento mágico en su vida y decía que nunca se iba a repetir. Y no hubo forma de que rompiera esa cábala: "Lo invitamos 20.000 veces de todos los medios y formas y nunca logramos que volviera". 
Rodrigué destaca que García Márquez siempre fue "muy consecuente y muy constante" con Sudamericana, la editorial que con el paso de los años publicaría todos sus libros y actualmente forma parte del grupo Penguin Random House.
Lo que ocurrió en Sudamericana con "Cien años de soledad" y García Márquez "es algo fantástico", añade. "Porque no siempre se descubren autores así, que tienen esa trayectoria, que llegan a ser lo que él fue, donde toda su obra es pareja y parejamente buena, donde se combina la parte comercial con la parte literaria. Entonces, cuando se dan las dos cosas, es lo que uno aspira como editor: como un sueño".
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domingo, 30 de noviembre de 2014

GUADALAJARA DEDICÓ UN EMOTIVO HOMENAJE A GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

El espíritu de Gabriel García Márquez rondó en la noche del sábado la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la cita editorial con la que el padre del realismo mágico mantuvo un vínculo entrañable.
Amigos, colegas y editores del Premio Nobel de Literatura colombiano lo evocaron en sus diversas facetas, como escritor, periodista y compinche, durante un emotivo homenaje al cierre de la primera jornada del evento.
“Con él abrimos el Salón Literario en 1993 y estuvo presente en la mayoría de las ediciones de esta feria desde hace 27 años”, recordó el presidente de la FIL, Raúl Padilla López, al introducir el panel con la escritora mexicana Angeles Mastretta, la periodista española y viuda de José Saramago Pilar del Río y el periodista colombiano Jaime Abello Banfi.
Mastretta recordó cuando compartió una mesa con su amigo en un restaurante de Cartagena de Indias y el autor fue descubierto por sus admiradores, que armaron “una peregrinación que no cesó hasta la madrugada”.
La extensa velada concluyó con Gabo, de por entonces 80 años y recién homenajeado por el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, bailando el vallenato “La gota fría” en plena calle.
“Leer a Gabo era volverse su amigo, estaba cerca con sus palabras, con sus historias. Imposible no querer a Gabo”. Y la autora de “Mal de amores” advirtió: “Morirse para él va a ser más difícil de lo que fue para Aureliano Buendía. Por eso estamos aquí. ¡Viva Gabo!”.
Gabo junto a Saramago
En tanto, Pilar del Río señaló que fue en Guadalajara donde Saramago y García Márquez consolidaron su amistad.
“No siempre estaban de acuerdo. Y una característica de los hombres grandes es que no tienen que estar usando medias palabras para entenderse, dicen las palabras enteras y de forma rotunda porque se respetan y se valoran. Entonces, las discusiones que tuvieron a veces eran extraordinariamente interesantes”, señaló.
El escritor colombiano más célebre de todos los tiempos falleció a los 87 años en abril pasado en Ciudad de México. Desde la década de 1960, el premio Nobel de Literatura 1982 pasó muchos años en México, donde escribió la obra paradigmática del realismo mágico, “Cien años de soledad".
Por su parte, el escritor y guionista de cine cubano Senel Paz trabajó con Gabo en la escuela de cine de San Antonio de los Baños, donde el autor de “El amor en los tiempos del cólera” impartía sus talleres sobre cómo escribir un cuento.
Recordó “la alegría casi infantil con que García Márquez marchaba a la escuela, su euforia durante el trayecto. Llegaba a la escuela exultante, vestido de blanco”. Y “era feliz en cada sesión, rodeado de muchachos y muchachas que llegaban de todas partes”.
En tanto, Abello Banfi, cofundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), destacó que para Gabo “el periodismo era una forma de hacer política, de ejercer ciudadanía, de divertirse, de gozar la vida”.
La secretaria general iberoamericana Rebeca Grynspan Mayufis consideró a su turno que el novelista y narrador nacido en Aracataca en 1927 representa “un tesoro para toda Iberoamérica”.
El director de la división literaria de Penguin Random House, Claudio López de Lamadrid, editor del escritor desde 1996, se encargó de coordinar el homenaje en el que también intervinieronla directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes de México, María Cristina García, el escritor colombiano Jorge Francoy la editora Doris Bravo.
Durante el concurrido acto se proyectó un video sobre vida y obra del escritor, que probablemente sintetizó en una de sus afirmaciones la atmósfera en la sala: “García Márquez se queda con nosotros, porque sus libros son parte de nuestra biografía”.
La actual edición de la FIL, que abrió sus puertas el sábado, se extenderá hasta el próximo 7 de diciembre con Argentina como invitada de honor, la nación donde justamente vio la luz por primera vez "Cien años de soledad" en 1967, antes de dar la vuelta al mundo.
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jueves, 17 de abril de 2014

CON EL ÉXITO DE GARCÍA MÁRQUEZ, AMÉRICA LATINA TUVO QUIEN LE ESCRIBA



"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". La frase inicial de "Cien años de soledad" y los centenares de páginas que le siguen recorrieron el mundo en más de 40 lenguas.

   Y es que, sin proponérselo, Gabriel García Márquez -quien falleció hoy a los 87 años en Ciudad de México- rompió la tradición de un continente poco acostumbrado a contar con escritores de éxito.

   El Premio Nobel de Literatura 1982, dueño de una extensa carrera literaria y una profesión que tampoco abandonó jamás, la del periodismo, lo definió así: "Los lectores de 'Cien años de soledad' son hoy una comunidad que, si viviera en un mismo pedazo de tierra, sería uno de los 20 países más poblados del mundo". No casualmente algunos estudiosos consideran esta novela como la de mayor difusión e influencia de la literatura hispanoamericana. 

   El británico Gerald Martin, autor de la "biografía tolerada" del escritor colombiano "Gabriel García Márquez: Una vida", sintetizó de esta manera la motivación para su labor: "Vi que era la persona que atraía a toda América Latina, que llevaba en ella todo lo que era América Latina". El biógrafo fue aún más lejos, equiparando a García Márquez con Charles Chaplin: "Ambos son héroes populares que llegan al corazón de la gente de manera muy directa".

   Y es que la saga de la familia Buendía en el pueblo de Macondo le dio reconocimiento internacional al novelista y narrador nacido en Aracataca en 1927, a la vez que se convertía en gran obra paradigmática del realismo mágico.

   Pero esto no fue un hecho aislado: mientras el acontecer político del continente atraía las miradas desde los rincones más remotos, lasegunda mitad del siglo XX fue testigo privilegiado de la salida de la novela latinoamericana a la palestra mundial.

   A partir de los años 60, las creaciones de García Márquez y también las del mexicano Carlos Fuentes y del peruano Mario Vargas Llosa recorrieron latitudes lejanas, que descubrían así las historias del continente. Este fenómeno permitió que también otros escritores latinoamericanos con obra anterior recibieran notoriedad internacional.

   Uno de los exponentes del llamado "boom de la literatura latinoamericana", el argentino Julio Cortázar, aseguraba: "Cuando los editores se despertaron a mis libros, a los de Fuentes, a los de García Márquez, a los de Vargas Llosa, se despertaron porque las primeras precarias y difíciles ediciones habían sido bruscamente leídas por un montón de gente que se las pasó de mano en mano y los editores, que no son tontos para ganar dinero, comprendieron perfectamente que esos escritores había que editarlos. Ellos no nos inventaron a nosotros".

   "Cien años de soledad", convertida en engranaje ineludible del "boom", debió atravesar sin embargo diferentes peripecias hasta lograr su publicación, en 1967 en Buenos Aires. 


   García Márquez recordaba que cuando quiso enviar la versión terminada de la novela a Francisco Porrúa de Editorial Sudamericana, no le alcanzó el dinero para remitir todo el paquete y debió dividirlo en dos. Por error mandó la segunda parte, y tuvo la suerte de que Porrúa, ansioso de leer la primera mitad, le anticipara dinero para que pudiera enviarla.

   La obra inspirada en los habitantes de la Aracataca natal de Gabo, con presencia de lo maravilloso y lo sobrenatural, se convirtiórápidamente en un éxito de ventas. Entre las interpretaciones propuestas para la novela, se apuntó a una gran metáfora en la cual se esconden Colombia y América Latina.

   La narrativa del Premio Nobel 1982, que ha transitado entre lacrónica y la ficción, constituye en sí misma un fenómeno de masividad inusitado. El autor de "El otoño del patriarca", "El coronel no tiene quien le escriba" y "El amor en los tiempos del cólera" despertó la admiración por todo el planeta gracias a su personalísima mezcla de realidad y fantasía y su estilo solventado por los ricos aportes de la tradición oral.

   Ryszard Kapuscinski sostenía por ejemplo: "En mi país, Polonia, Gabriel García Márquez es un mito. Desde hace años tiene vastas filas de admiradores y sus libros se venden en grandes cantidades".

   En tanto, en 2010 el otro gran exponente del "boom" y "enemigo íntimo" de Gabo, Vargas Llosa, se adueñó finalmente también del galardón de la Academia Sueca, volviendo a encumbrar a América Latina en el mapa literario. Aunque García Márquez, en las antípodas del credo liberal del peruano, lo antecedió en nada menos que 28 años.

   Al recibir el Nobel en 1982, Gabo manifestó con humildad: "Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras". 

   "Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte".


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lunes, 26 de marzo de 2007

GARCÍA MÁRQUEZ Y "CIEN AÑOS" PIERDEN SOLEDAD EN CARTAGENA DE INDIAS


Cartagena de Indias, 26 mar (dpa) - Su presencia era más que esperada, pero no por ello dejó de cautivar a los asistentes al IV Congreso Internacional de la Lengua Española. El escritor colombiano más célebre de todos los tiempos, que afirma detestar los congresos literarios y la vida intelectual, no solamente participó, sino que hasta tomó la palabra.

Vestido de blanco y con una corbata en tonalidades marrones, Gabriel García Márquez no se hizo rogar y se acercó hasta el micrófono en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias para definirse como "un artesano insomne que no sale de su sorpresa por todo lo que le ha sucedido". Los aplausos lo habían acompañado ya apenas ingresó al lugar ubicado a pocos metros de la Puerta del Reloj que conduce a la ciudad vieja.

Con la presencia de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, del presidente anfitrión Álvaro Uribe, del mandatario panameño Martín Torrijos y del ex presidente estadounidense Bill Clinton, el padre del realismo mágico se limitó a decir: "No sé a qué hora sucedió todo, sólo sé desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie que le haga más feliz la vida a un lector inexistente".

Se fundió en un abrazo con el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, quien le entregó el primer ejemplar del "Cien años de soledad" promovido por la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española, un honor conferido anteriormente sólo al Quijote. Millones de lectores de todo el mundo "han hecho el viaje iniciático a Macondo", apuntó el director de la RAE, antes de que el autor se llevara la novela bajo el brazo, ésa que le abrió las puertas al reconocimiento internacional.

"Hoy me tocó levantar la cabeza para asistir a este homenaje, que agradezco y no puedo hacer otra cosa que detenerme a pensar qué es lo que me ha sucedido", explicó el escritor y periodista que celebra 80 años de vida, 60 de la publicación de su primer cuento, 40 de la edición de la saga de los Buendía en Macondo y 25 de haber sido galardonado con el Nobel de Literatura.

"Los lectores de 'Cien años de soledad' son hoy una comunidad que si viviera en un mismo pedazo de tierra sería uno de los 20 países más poblados del mundo. No se trata de una afirmación jactanciosa, al contrario, quiero apenas mostrar que ahí está una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano. El desafío es para todos los escritores, todos los poetas, narradores y educadores de nuestra lengua", señaló.

Pero además de la presencia oficial de diversas autoridades, el escritor también estuvo rodeado por amigos como el mexicano Carlos Fuentes, quien evocó: "Conocí a Gabriel García Márquez allá por 1962, en la Ciudad de México y en la calle de Córdoba 48, una casa llamada 'la mansión de Drácula', por su evidente aspecto transilvánico y sede de la compañía productora de cine de Manuel Barbachano Ponce".

Y explicó: "Nuestra amistad nació allí mismo, con la instantaneidad de lo eterno", leyendo su homenaje incluido en el renovado "Cien años de soledad", revisado por el propio García Márquez. "Gabo culminaba en México un joven periplo que lo había llevado de Aracataca a Barranquilla, de Sucre a Zipaquirá, y luego de Bogotá a Roma, Londres y París, en mosaicas tabletas de información escritas en 'El Universal', luego en el 'Heraldo', finalmente en 'El Espectador', que lo sorprende en el exilio europeo dejando atrás, pero teniendo siempre presentes, las tensiones colombianas".

"Honramos hoy en Colombia a uno de sus hijos y en Cartagena de Indias, la más bella ciudad del Caribe, a un escritor y a un hombre, Gabriel García Márquez, que con su obra nos dice que aún nos falta mucho por decir. Y que al contarnos una historia, nos asegura que la historia aún no termina, porque no hemos escrito nuestra última palabra. Hoy comienzan los próximos cien años de Gabriel García Márquez, y empieza también el primer día del próximo lector de 'Cien años de soledad", señaló Fuentes en un aplaudido discurso.

También "Cien años de soledad" llega en buena compañía: abren la nueva edición una breve semblanza de García Márquez escrita por Álvaro Mutis y el homenaje de Fuentes, así como una parte central del análisis que hizo Vargas Llosa de la narrativa de García Márquez. Sin embargo, el ex presidente colombiano Belisario Betancur advirtió ayer que la inclusión del material del escritor peruano "no establece que se hayan reanudado las relaciones entre García Márquez y Vargas Llosa".

Para acercar a otras voces cercanas al escritor, se exhibió esta mañana un fragmento del documental "Buscando a Gabo", de Luis Fernando "Pacho" Bottía, con testimonios de Mutis, Plinio Apuleyo Mendoza y Jaime García Márquez, entre otros, en tanto que la música llegó de la mano de la agrupación Los Niños Vallenatos dirigida por el maestro Andrés Turco Gil, una actuación que Gabo acompañó con sus palmas.

Así llegó a su fin el homenaje que Cartagena de Indias y el IV Congreso Internacional de la Lengua le organizaron a García Márquez, con la convicción de que quien declara ser "uno de los seres más solitarios" que conoce diera el brazo a torcer. Y así fue: Gabo finalmente se dejó acompañar.

domingo, 25 de marzo de 2007

EL ARTE TAMBIÉN SE RINDE ANTE GARCÍA MÁRQUEZ EN CARTAGENA DE INDIAS


Cartagena de Indias, 25 mar (dpa) - A pocas horas de que se levante mañana el telón del IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena de Indias, la ciudad colombiana le rinde homenaje a través del arte a quien despunta como uno de sus grandes protagonistas: Gabriel García Márquez.

"Música y músicos en la obra de Gabriel García Márquez", de la pintora Claudia Ruiz, se exhibe en el Palacio de la Inquisición de la ciudad a orillas del Mar Caribe. La artista exploró minuciosamente la presencia de la música en la obra del Premio Nobel de Literatura 1982 y así llevó al lienzo entre otros el sonido de la saga de los Buendía.

"La música ha sido tema central de mi obra, especialmente el jazz. En 1997 decidí mirar hacia mi país, escogí al azar una novela de García Márquez y descubrí un universo musical increíble", explicó la artista colombiana que entre otros participó en la exposición itinerante del Smithsonian Institution de Washington entre 2002 y 2006.

"Yo lo leía, lo escuchaba y lo visualizaba, los mismos fragmentos me iban capturando", señaló a dpa. Así por ejemplo surgió pintar a partir de la siguiente frase de "El otoño del patriarca": "...la estrella polar se movía en el sentido del cortejo fúnebre y los instrumentos de cuerda se tocaban solos dentros de los armarios cuando sentían pasar el cadáver".

Asimismo plasmó en un cuadro al italiano Pietro Crespi, personaje de "Cien años de soledad": "Se encerraba horas y horas a tocar la cítara. Una noche cantó. Macondo despertó en una especie de estupor, angelizado por una cítara que no merecía ser de este mundo...". También retrató a las rivales Rebeca y Amaranta, bailando al ritmo de la pianola afinada por Crespi.

Por su pincel pasaron además los Aurelianos, los hijos del coronel Aureliano Buendía con su cruz de ceniza en la frente: "Se fueron en tropel, precedidos por la banda de música y reventando cohetes...".

Otros cuadros de Ruiz se inspiraron en fragmentos de otras obras del escritor nacido en 1927 en Aracataca, como "Del amor y otros demonios", "La mala hora", "Doce cuentos peregrinos" o "La hojarasca".

La artista sostuvo que por lo general los lectores "se quedan muy en el realismo mágico y no ven más allá". "La música es protagónica, es una constante, es el hilo conductor en muchos casos". Ruiz indicó que la serie, que se propone seguir, llegó a 35 cuadros, de los que actualmente se presentan 24 en el Palacio de la Inquisición.

Se trata de la cuarta vez que la muestra se exhibe en Colombia. En esta oportunidad puede apreciarse hasta el 6 de abril de 2007 en el lugar del que el propio García Márquez -que tiene una de sus residencias en La Heroica- ha dicho: "Nadie se ha sorprendido nunca que la casa más bella de la ciudad haya sido el tremendo palacio de tortura de la inquisición".

En tanto, a pocas cuadras de allí, en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, se exhibe hasta el 15 de abril "En homenaje a Gabito... La vieja guardia de los años 50". Allí pueden verse pinturas de tres amigos ausentes del escritor, de la época en que era "Gabito": Enrique Grau (1920-2004), Alejandro Obregón (1920-1992) y Cecilia Porras (1920-1972).

"Fueron artistas fundamentales en la puesta al día con la modernidad del arte en el Caribe y en Colombia. El espíritu gregario de la gente del Caribe condujo este encuentro, que se materializó en una nueva generación de creadores, hoy fundamentales en el desarrollo de la cultura nacional desde la segunda mitad del siglo pasado", señaló el curador Eduardo Hernández Fuentes.

"La década del 50 fue decisiva para la consolidación de los postulados modernistas que abrieron nuevos caminos al arte y a la literatura en nuestro país", añadió.

Mañana, cuando comience el Congreso de la Lengua que se extenderá hasta el 29, continuarán los festejos garciamarquianos. Inmediatamente tras la solemne sesión inaugural en el Centro de Convenciones tendrá lugar un homenaje al padre del realismo mágico, con participación de su amigo Carlos Fuentes, y le será entregado el primer ejemplar de la edición de "Cien años de soledad" preparada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Y es que los 80 años de vida de García Márquez, los 60 años de la publicación de su primer cuento, los 40 años de "Cien años de soledad" y los 25 de la concesión del Nobel son razones más que poderosas, por lo cual Cartagena de Indias apenas está comenzando a celebrar.

viernes, 2 de marzo de 2007

DE LA PLUMA DE GABO, LAS HISTORIAS DE A. LATINA RECORRIERON EL MUNDO


Buenos Aires, 2 mar (dpa) - "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". La frase inicial de la célebre novela "Cien años de soledad" y los centenares de páginas que le siguen ya dieron la vuelta al mundo mientras su autor, Gabriel García Márquez, está a punto de festejar sus 80 años.

"Las novelas no empiezan como uno quiere sino como ellas quieren", admitió el propio escritor colombiano, nacido un domingo 6 de marzo de 1927, con una extensa carrera literaria y una profesión que tampoco abandonó jamás: el periodismo. Y el destino también quiso que la saga de la familia Buendía en el pueblo de Macondo le diera reconocimiento internacional y se convirtiera en una obra paradigmática del realismo mágico.

Pero esto no fue un hecho aislado: mientras el acontecer político del continente atraía las miradas desde los rincones más remotos, la segunda mitad del siglo veinte fue testigo privilegiado de la salida de la novela latinoamericana a la palestra mundial.

A partir de la década del sesenta, las creaciones de García Márquez -Premio Nobel de Literatura 1982- y también las del mexicano Carlos Fuentes y el peruano Mario Vargas Llosa recorrieron latitudes lejanas, que descubrían así las historias del continente. A la vez este fenómeno permitió que otros escritores latinoamericanos, con obra anterior, se incorporaran a la notoriedad internacional.

Uno de los exponentes ya fallecido del llamado "boom de la literatura latinoamericana", el argentino Julio Cortázar, aseguraba: "Cuando los editores se despertaron a mis libros, a los de Fuentes, a los de García Márquez, a los de Vargas Llosa, se despertaron porque las primeras precarias y difíciles ediciones habían sido bruscamente leídas por un montón de gente que se las pasó de mano en mano y los editores, que no son tontos para ganar dinero, comprendieron perfectamente que esos escritores había que editarlos. Ellos no nos inventaron a nosotros".

"Cien años de soledad", convertida en engranaje ineludible del "boom", fue publicada por primera vez en Buenos Aires a mediados de 1967, por lo que 2007 celebrará asimismo los 40 años de su lanzamiento editorial.

La obra inspirada en los habitantes de la Aracataca natal de Gabo, con presencia de lo maravilloso y lo sobrenatural, se convirtió rápidamente en un éxito de ventas y fue traducida a unos 35 idiomas. Entre las interpretaciones propuestas para la novela se apuntó a una gran metáfora en la cual se esconden Colombia y América Latina.

La narrativa del Premio Nobel 1982, que ha transitado entre la crónica y la ficción, constituye en sí misma un fenómeno de masividad inusitado. El autor de "El otoño del patriarca", "Crónica de una muerte anunciada" y "El amor en los tiempos del cólera" despertó la admiración por su personalísima mezcla de realidad y fantasía y su estilo solventado por los ricos aportes de la tradición oral.

Gabo, que se confiesa esclavo de un rigor perfeccionista, ha contado que estuvo varias veces a punto de prescindir del apellido Buendía "por su rima ineludible con los pretéritos imperfectos. Sin embargo, el apellido acabó imponiéndose porque había logrado para él una identidad convincente".

"Cien años de soledad", escrita en México entre 1965 y 1966, también transformó la vida del autor, quien llegó a decir en una vieja entrevista que le hubiera gustado que sus libros "hubieran sido reconocidos póstumamente, al menos en los países capitalistas, en los que uno se convierte en una especie de mercancía".

El escritor de característico bigote y pobladas cejas, reacio a las entrevistas, considera que éstas son invaluables pero no para publicar, sino como material de base para el reportaje, al que considera "género estelar del mejor oficio del mundo".

Al recibir el Nobel en 1982, Gabo manifestó: "Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte".

En los últimos años, vio la luz su esperada autobiografía "Vivir para contarla" (2002), donde García Márquez ofrece la memoria de sus épocas de infancia y juventud. Su último libro fue la novela "Memoria de mis putas tristes", con la que retomó en 2004 el relato de ficción.

En el año en que se cumplen asimismo 25 años de su obtención del Nobel, el escritor colombiano más célebre de todos los tiempos será centro de un homenaje a fines de mes durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española en Cartagena de Indias. Y la Real Academia Española (RAE) presentará allí una edición especial de "Cien años de soledad" con revisión del propio autor, ratificando la vigencia de la mítica Macondo.