Blog que reúne las entrevistas que realicé para el servicio español de la Agencia Alemana de Prensa (dpa) en los últimos 20 años.
Desde Carlos Monsiváis a Jorge Edwards, pasando por Ricardo Piglia, Siri Hustvedt, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Margo Glantz, Almudena Grandes, Luisa Valenzuela, Alan Pauls, Claudia Piñeiro, Juan Villoro y Fernando Vallejo, así como el traductor del "boom" Gregory Rabassa y el poderoso agente literario Andrew Wylie.

También compila otras notas sobre vida y obra de diferentes escritores y sobre las últimas ediciones de actividades culturales como los Congresos Internacionales de la Lengua Española, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

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sábado, 10 de noviembre de 2018

ESPACIO BORGES REVELA AÑOS CRUCIALES DEL ESCRITOR EN BIBLIOTECA CANÉ


"Los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo he estado siempre (y estaré) en Buenos Aires", escribió Jorge Luis Borges en "Fervor de Buenos Aires". Y la ciudad lo homenajea en estos días con la inauguración del Espacio Borges en el marco de la reapertura de la Biblioteca Miguel Cané, donde el autor argentino trabajó entre 1937 y 1946. 
La renovada biblioteca en el barrio porteño de Boedo ofrece ahora cinco salas que visibilizan distintas facetas del más universal de los escritores argentinos. Allí puede visitarse el pequeño cuarto que recrea el estudio donde se recluía a leer y trabajar en sus textos, así como las salas Borges autor y Borges lector, una línea de tiempo que recorre su biografía y un espacio audiovisual con diversas entrevistas.

La muestra permanente revela que la experiencia casi kafkiana de empleado municipal también tuvo su contracara fecunda. "No es exagerado decir que aquí, invisible, casi clandestinamente, nació ese Borges que cambió la literatura del siglo XX", apunta el curador de los textos Pablo Gianera.


El auxiliar primero contaba por entonces ya con varios libros publicados. Sin embargo, según rememoraba en su autobiografía, en el trabajo "los demás no se interesaban sino por las carreras de caballos, los partidos de fútbol y los chistes obscenos".
"Irónicamente, por ese entonces, yo era un escritor conocido, excepto en la biblioteca", se lamentaba. Pero con el paso del tiempo su perspectiva sobre esa etapa pareció ir cambiando, hasta llegar al reconocimiento de "una deuda de gratitud".
"Nueve años trabajó, mucho tiempo, como bibliotecario para la red de bibliotecas públicas. Fue el periodo del 37 al 46 donde él se termina de transformar en un escritor de ficción", destaca a dpa el coordinador general de la Dirección del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura, Ezequiel Mario Martínez.
Una de las joyas de la exposición es la recreación del espacio en el que Borges (1899-1986) solía recluirse por entonces, ambientado con silla, lámpara y escritorio antiguos, mientras se oye el rasgueo incansable de una estilográfica sobre el papel.
"Es un escritorio de época", comenta Martínez. "Quizás lo utilizó, no lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que se refugiaba en el sótano y en este lugar a leer y a escribir. Él contaba que en una hora y media, dos, cerraba todo el trabajo que tenía que hacer y después el resto de las horas leía. Acá leyó a Vicente Fidel López, a Paul Groussac. Y 'La Divina Comedia', en el viaje de tranvía 7 que hacía todos los días, una hora de ida y una hora de vuelta".
En una vitrina del estudio puede verse la ficha municipal del cuentista, poeta y ensayista, con el número de legajo 57323. Allí detalla "sí" detrás de "lee y escribe", así como sus estudios secundarios ("bachiller") y los "idiomas que posee": castellano, inglés, alemán y francés.
La viuda de Borges María Kodama recordó durante la inauguración el jueves pasado que "Las ruinas circulares", que el autor escribió en esa biblioteca, llegó a sus manos cuando ella tenía unos diez años y la impactó. 
Además relató que en una entrevista que Victoria Ocampo le hizo a Borges, éste  confesaba que nunca pudo volver a escribir algo con la intensidad con la que escribió ese cuento durante una semana. "Esa intensidad es lo que le tocó, sin entender intelectualmente nada, a una chica de diez años", comentó Kodama, quien hizo un llamamiento a "leer y sentir".
En la sala Borges autor descollan bajo las vitrinas las primeras publicaciones en la revista "Sur" en 1939 de "Pierre Menard, autor del Quijote" y de "La Biblioteca Total", ensayo que originó "La Biblioteca de Babel". Ambos relatos, asimismo imaginados entre las paredes de la Cané, también integran su celebrado libro "Ficciones" (1944).
Igualmente se destacan del acervo de la red de bibliotecas primeras ediciones de "Historia universal de la infamia" (1935), "Seis problemas para don Isidro Parodi" (de H. Bustos Domecq, seudónimo de Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares, 1942) y "El informe de Brodie" (1971).
Y en la sala Borges lector se despliegan obras que leyó en sus viajes en tranvía y en las instalaciones de la biblioteca, así como una breve constelación de libros que antologó, tradujo o reseñó. El autor de "El Aleph" opina por ejemplo sobre "La Divina Comedia" de Dante Alighieri: "es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos".
Años después de trabajar en el barrio de Boedo, el escritor quedó ciego en la década del 50. El gobierno militar que derrocó a Juan Domingo Perón lo nombró director de la Biblioteca Nacional en 1955, cargo que desempeñaría hasta 1973.
Los días de Borges en la Cané terminaron precisamente en 1946, con la llegada al poder del peronismo, al que siempre se opuso. Por entonces fue "ascendido" a la inspección de aves y conejos en los mercados públicos, según él mismo evocaba.
En las vitrinas del Espacio Borges pueden descubrirse también las palabras que el escritor pronunció con motivo de su renuncia, recuperadas por "Sur": "Nueve años concurrí a esa biblioteca, nueve años que serán en el recuerdo una sola tarde, una tarde monstruosa en cuyo decurso clasifiqué un número infinito de libros".
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jueves, 21 de junio de 2018

VALIOSA BIBLIOTECA REVELA TESOROS DE BIOY CASARES, OCAMPO Y BORGES

Correcciones manuscritas de Jorge Luis Borges, una carta de Gabriel García Márquez, primeras ediciones y curiosas dedicatorias son apenas las primeras joyas que emergen en estos días de la vasta biblioteca de los escritores argentinos Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo.

Muchos años después de la muerte de Bioy Casares (1914-1999) y de Ocampo (1903-1993), este tesoro literario llegó en 2017 a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de Argentina. 

Actualmente se exhibe allí un adelanto del contenido de las "cajas número 26", donde el librero Alberto Casares reunió el material que consideró más valioso.


La donación consta de 10 lotes de 33 cajas cada uno, con un total de unos 17.000 ejemplares. "Es sin lugar a dudas la última gran biblioteca de autor argentina que ha quedado junta en el país", afirma el investigador de la Biblioteca Nacional Germán 
Álvarez en entrevista con dpa. 

Álvarez y su colega Laura Rosato, especializados desde hace años en la investigación de materiales borgeanos y autores del catálogo "Borges, libros y lecturas", evaluaron el material en el depósito donde permaneció muchos años antes de que arribara finalmente a la Biblioteca Nacional que dirige Alberto Manguel.

Rosato explica a dpa que la donación "es importante en número, en la calidad de las figuras que representan los libros. Estamos hablando de la biblioteca de Borges, de Bioy Casares y de Silvina Ocampo, con las ricas vidas literarias, con las familias que cada uno de ellos tiene y que se representan en esa biblioteca".

El autor de "El Aleph" -quien cultivó una legendaria y extensa amistad con Bioy- armaba "como una red de intercambio libresco", analiza Álvarez. Por lo tanto, "la biblioteca de Bioy iba a ser el gran reservorio de este intercambio, de este desprendimiento de la biblioteca de Borges". 

En las vitrinas de la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional se muestran por ejemplo correcciones manuscritas de Borges (1899-1986) para la primera edición de su cuento "El Zahir", publicado en la revista "Anales de Buenos Aires". Asimismo sorprenden sus dibujos en tinta negra y lápiz dentro de "The Paradoxes of Mr. Pond" de Gilbert Keith Chesterton.

"Borges y su hermana Norah escribían y dibujaban juntos de niños y después se dividieron las tareas", indica Álvarez. "Era una disciplina que no era nada ajena a él, tenía mucha inclinación también por la plástica", acota.


La complicidad entre el escritor argentino más universal y el maestro de la literatura fantástica se refleja en una edición de "Finnegans wake" de James Joyce, con anotaciones de juegos de palabras. Asimismo puede reconstruirse su labor de antologistas en un volumen de "Best crime stories", en cuyo índice Bioy apunta: "no", "maybe", "never" o "bueno".

En la sala con acceso restringido descollan además, con sus correcciones y tachaduras, una primera edición de la emblemática novela "La invención de Morel" de Bioy, así como de "Viaje olvidado", primer libro de la menor de las hermanas Ocampo.

Los equipos de la Biblioteca Nacional trabajan actualmente en la restauración de la colección donada de manos privadas. Su destino final será el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges, dirigido por Álvarez y Rosato.

Las "cajas 26" también revelaron un amplio entramado de amistades literarias. El colombiano García Márquez le dedica a Bioy un ejemplar de su discurso de aceptación del Nobel de Literatura "La soledad de América Latina": "Con el terror compartido por los discursos (dichos y oídos)".

Y en una carta manuscrita que Gabo envió al ganador del Cervantes 1990, se refiere a él como "Querido Adolfo" y le manifiesta: "Mi asombro por tu resistencia descomunal ante los embates de once discursos me hizo pensar que una cena inolvidable no lo sería menos porque terminara antes de los postres".

Bioy -hijo único de una familia de estancieros acaudalados- y Silvina -hermana de Victoria Ocampo y una de las voces más singulares de las letras argentinas- también recibieron volúmenes dedicados de compatriotas como Ernesto Sabato ("Tres glosas") y Oliverio Girondo ("Campo nuestro"). Alejandra Pizarnik, en tanto, le envió a Ocampo un ejemplar de "Extracción de la piedra de la locura" con un collage.

Asimismo destacan entre otras joyas que estarán expuestas hasta fines de julio en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional un volumen de "Prólogo" (1929) de Bioy, libro que luego repudiaría, y un dibujo infantil atribuido a Silvina.

Rosato puntualiza que se puede apreciar "la originalidad de la vanguardia a la que pertenecieron Bioy, Silvina y Borges en sus bibliotecas personales. La irrupción de la literatura inglesa, las vanguardias artísticas, las colecciones de revistas de arte, se ven reflejadas perfectamente". 

A diferencia de los libros que fueron propiedad de los padres de Bioy, Adolfo Bioy Domecq y Martha Casares Lynch, que también integran esta colección, en la biblioteca del matrimonio de escritores se observa "el corte de la tradición cultural de la élite argentina", indica.

Los investigadores adelantan que este valioso acervo además contiene las guías Michelin que utilizó el gran viajero Bioy, así como una colección entera de la mítica revista "Sur" y la de novelas policiales "El Séptimo Círculo" dirigida por Borges y el autor de "La invención de Morel".

Rosato y Álvarez abrigan gran expectativa respecto del potencial de esta importante donación, porque sostienen que "estas bibliotecas son la autobiografía de su dueño". Así que no dudan en señalar que, más allá de las "cajas 26", "el tesoro es toda la colección".

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martes, 9 de mayo de 2017

EL CUENTO INFANTIL QUE BORGES NARRÓ Y NUNCA ESCRIBIÓ LLEGA AL PAPEL

Jorge Luis Borges recibió en 1981 a un grupo de niños de cuarto grado en su casa y los cautivó contándoles un cuento. Uno de esos privilegiados alumnos, el escritor Matías Alinovi, recupera en el libro "El secreto de Borges" la historia que el célebre autor improvisó esa tarde.
En ese relato oral que ahora llega al papel, el más universal de los escritores argentinos reveló cinco años antes de su muerte en 1986 en Ginebra la razón de su longevidad: "el agua de tortuga" que bebió en su infancia.
"Sentado en un sillón verde, con bastón, muy viejo, estaba Borges", se lee en las páginas del cuento infantil con ilustraciones de Diego Alterleib, lanzado por el sello Pequeño Editor durante la actual 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
El encuentro se concretó después de que la maestra se enterara de que uno de sus alumnos, José Manuel, era el nieto de Fanny, ama de llaves de Borges, y le pidiera que gestionase la cita. "Entramos con ímpetu de chicos. Lo primero que hicimos fue abalanzarnos sobre los caramelos que (el escritor) tenía en una bandeja en el centro de una mesa", rememora Alinovi en diálogo con dpa.
Diego Alterleib y Matías Alinovi
Los alumnos de la escuela del barrio le regalaron al autor de "El Aleph" un gran paquete de caramelos masticables. El escritor se encontraba "en la postura que para nosotros es clásica de Borges, con las manos sobre el bastón. Miraba un poco para arriba, no miraba de frente", afirma Alinovi, que entonces tenía nueve años.
En la casa de Borges en la calle Maipú, en el centro de Buenos Aires, se congregaron unas 20 personas, entre los alumnos del colegio San Marón, la maestra, la directora y Fanny. "Era un departamento muy sencillo, con un living bastante chico", recuerda Alinovi, amigo de José Manuel, con quien compartía sus tardes en la cercana Plaza San Martín.
Alinovi (Buenos Aires, 1972) evoca a ese Borges viejo y ciego que los recibió hace más de tres décadas como "lejano". "Al mismo tiempo le prestábamos mucha atención. Era un momento bastante solemne".
Borges comenzó a hablar y confesó que antes de que lo visitaran tenía dos miedos. "El primero era que viniéramos, porque él no sabía de qué iba a hablar con chicos de cuarto grado. Pero el segundo miedo, que era más fuerte que el primero, era que no viniéramos, así que ahora estaba contento porque habíamos venido", escribió Alinovi.
Luego el escritor, uno de los más influyentes del siglo XX, solicitó a los alumnos que le dijeran sus apellidos. Los niños así lo hicieron y él supo de dónde provenían.
Poco después fue "una palabra de mucho peso cuando él dijo 'les voy a contar cómo llegué a ser tan viejo'. Ya nos habíamos sentado en el parqué y eso sorprendió", señala el autor de las novelas "La Reja" y "París y el odio".
Borges, nacido en 1899 en Buenos Aires, refirió que cuando era niño en su casa no había agua corriente y la sacaban de un aljibe. Todas las casas del barrio tenían pozos, que daban al mismo lago debajo de Palermo.
Un vecino puso tortugas de agua en su pozo y en poco tiempo hubo muchísimas. Borges relató que se había dado cuenta de que "el agua que había tomado cuando era chico no era agua, sino agua de tortuga. Y como las tortugas vivían tanto, él también había vivido tanto".
Los pequeños visitantes no eran el tipo de público que solía frecuentar a Borges, que nunca escribió cuentos para niños. Sin embargo, Alinovi señala: "Entendí todo, entendí el sentido del cuento, se ve que las palabras que usó fueron muy transparentes, porque vi todas las imágenes de lo que dijo".
Alinovi, que luego estudió física, concurrió a la cita con un grabador que le dio su madre para la ocasión. "Grabé todo muy obedientemente y durante años escuché esa grabación que obviamente perdí".
Tras la desaparición de ese registro, atesoró el encuentro en su memoria. "Es un recuerdo que yo recuerdo recordar igual hace mucho tiempo. Conté muchas veces esta anécdota desde que soy chico. Mi mamá, mi papá, me decían 'contale a fulano cuando fuiste a la casa de Borges'. De alguna manera se armó un relato canónico, un relato oficial para mí mismo, que yo siempre conté igual. No podría contarlo de otra manera", indica.
¿Cuándo surgió la idea de plasmar esa experiencia en el papel? "Siempre pensé que quería hacer algo, pero lo que quería hacer era un poco ambicioso y nunca tomaba cuerpo. Y un día hace relativamente poco pensé: 'él nos contó un cuento para chicos, quizá simplemente la historia es un cuento para chicos y es lo que hay que hacer'".
A la pregunta de si luego volvieron a tener contacto con Borges, Alinovi apunta que sí, porque el escritor fue a su colegio, invitado a dictar una charla. "Tengo el recuerdo de verlo a él sentado en una silla, con un micrófono. No sé de qué habló".
Y muchos años después de aquella tarde en la que Borges les narró el cuento infantil que nunca escribió, Alinovi reflexiona sobre la figura del escritor argentino: "Ha traído la gloria y la condena de convocarte a la superación literariamente. Colocó la vara muy alta, dejó un desafío y marcó el futuro. Escribir como él, copiarlo, es condenarse, eso es obvio".

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miércoles, 22 de junio de 2016

JORGE LUIS BORGES ANALIZA EL TANGO Y SUS MITOS EN UN LIBRO INÈDITO



Jorge Luis Borges ofreció cuatro disertaciones sobre tango en 1965, que durante largo tiempo quedaron en el olvido y por estos días son recuperadas en un libro inédito, cuya publicación coincide con el trigésimo aniversario de la muerte del gran escritor argentino.
Un Borges chispeante se permite recitar e incluso cantar ante el auditorio, mientras repasa el origen, los símbolos y los mitos de la música emblemática del Río de la Plata en "El tango. Cuatro conferencias", recientemente editado por Sudamericana en Argentina.
El escritor afirma que el tango surge clandestinamente en Buenos Aires en el año 1880. Y, al igual que poco después el jazz en Estados Unidos, aparece en las "casas malas" (burdeles). Borges evoca haber visto a principios del siglo XX a parejas de hombres bailando, porque "las mujeres del pueblo conocían la raíz infame del tango y no querían bailarlo".
Pero luego los "niños bien" lo llevaron a la capital francesa. "Y cuando el baile fue aprobado y adecentado en París, entonces, el barrio Norte, digamos, lo impuso a la ciudad de Buenos Aires, que ahora lo acepta", observa el escritor fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra.
Borges recuerda que inicialmente el tango es "un baile valeroso y feliz", pero luego "va languideciendo y entristeciéndose". Y no se ahorra críticas al mítico Carlos Gardel: "Tomó la letra del tango y la convirtió en una breve escena dramática, una escena en la cual un hombre abandonado por una mujer, por ejemplo, se queja".
Las grabaciones siguieron un largo periplo hasta convertirse en el libro que saldrá en España en septiembre: Le llegaron al escritor vasco Bernardo Atxaga en 2002 de manos de José Manuel Goikoetxea, a quien se las había regalado el gallego Manuel Román Rivas, que había vivido en Argentina. La viuda de Borges, María Kodama, escuchó las cintas y confirmó su autenticidad en 2013.
Hace más de medio siglo, el diario argentino "La Nación" escribía a fines de septiembre de 1965 una nota titulada "De temas del tango hablará Jorge L. Borges", anunciando un ciclo de conferencias todos los lunes de octubre.
Estos encuentros, a los que Borges prefiere denominar "charlas", se realizaron en un departamento del barrio porteño de Constitución, en el sur de la ciudad, tan entrañable para el escritor. "El sur es una suerte de corazón secreto de Buenos Aires", afirma.
Martín Hadis, especialista en la obra de Borges que trabajó en el cuidado del texto definitivo del libro, cuenta a dpa que, sobre todo al comienzo, al escritor le daba timidez dar conferencias. Pero con los años logró sobreponerse "y definitivamente se convirtió en una actividad que disfrutaba".
"Al fin y al cabo, una conferencia implica transmisión de saberes, y a Borges le gustaba compartir los temas que le fascinaban y le daban curiosidad. Este es ciertamente el caso. De hecho en estas conferencias improvisa tanto que, como solía hacerlo también al dar clase, se va por tangentes, para luego regresar al tema original, simplemente porque esas tangentes le parecen divertidas o contribuyen a retratar un clima", apunta.
Hadis -quien trabajó previamente en la edición e investigación de "Borges profesor"- analiza que, "ante otras audiencias, más masivas, Borges era minucioso y erudito. En estas conferencias sin duda también lo es, pero es cierto que además está improvisando, está hablando además sobre un tema que pertenece, digamos, a su sentir y a su esencia. Se nota que está bastante a gusto y se está divirtiendo".
Transcribir una conferencia de Borges se parece más a la labor de traducir que a un mero trabajo de copista, indica. "La complejidad de los temas y el entramado de fuentes es tal que hay que entender el tema del que Borges está hablando y saber qué piensa al respecto; también hay que conocer su vocabulario y los giros idiomáticos que usa", señala el autor de "Siete guerreros nortumbrios: enigmas y secretos en la lápida de Jorge Luis Borges" y "Literatos y excéntricos: los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges".
Al comienzo del libro Borges rememora que con el dinero obtenido por el segundo Premio Municipal de Literatura, dedicó el año 1929 a una investigación sobre el poeta argentino Evaristo Carriego, que se transformó en un estudio sobre el mundo del tango. 
Más de tres décadas después, Borges concluye las conferencias indicando que "el tango nos da a todos un pasado imaginario", y que "oyendo el tango todos sentimos que, de un modo mágico, hemos muerto 'peleando en una esquina del suburbio'". El tango, y sobre todo la milonga, "fue un símbolo de felicidad", añade.
Hadis destaca que la escritura borgeana tiene una cadencia oral, en tanto que su discurso oral posee la precisión de sus párrafos escritos. "Esta proximidad entre lo escrito y lo oral se acentuó con el agravamiento de su ceguera. A partir de la década del '50, aproximadamente, Borges ya no escribe sus textos: los dicta. De manera que la oralidad y lo escrito se fusionan". 
Y el investigador agrega: "Borges es siempre Borges, erudito, genial, original y lúcido, cuando escribe poemas, cuando dicta conferencias, cuando da clases o cuando escribe un cuento. Siempre, esencialmente, es el mismo".
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sábado, 11 de junio de 2016

JORGE LUIS BORGES, UN DESTINO LITERARIO QUE MARCÓ EL SIGLO VEINTE

"Siempre he sentido que mi destino era, ante todo, literario; es decir que me sucederían muchas cosas malas y algunas cosas buenas, pero siempre supe que todo eso, a la larga, se convertiría en palabras", explicó alguna vez el argentino Jorge Luis Borges, uno de los escritores más influyentes del siglo XX. 
Murió el 14 de junio de 1986 en Ginebra, lejos de su Buenos Aires natal y con un enorme prestigio internacional, aunque sin adueñarse del Nobel de Literatura. "Yo siempre seré el futuro Premio Nobel. Debe ser una tradición escandinava", bromeaba Borges, quien dedicó su vida al ejercicio constante de la actividad literaria.
El precoz Georgie -como lo llamaban en su casa- nació el 24 de agosto de 1899 en pleno centro porteño y aprendió a leer en inglés antes que en castellano. Poco queda de esa ciudad que habitó sus escritos, pero lo que sí persiste, a tres décadas de su muerte, es su obra: con magistrales cuentos, poemas y ensayos se erigió en el escritor argentino más universal.
El autor de "El Aleph" y "El hacedor" trazó un inigualable universo literario habitado por espejos, laberintos, bibliotecas y tiempos circulares, donde también abundan la manipulación de la memoria y la identidad. A la vez, apeló a las citas de libros reales e imaginarios, con un estilo deslumbrante por su precisión. "Si no repito a los otros, me repito a mí mismo. Quizá yo no sea otra cosa que una repetición", decía.
Dueño de una erudición sólo comparable a su memoria prodigiosa, no incursionó en el género de la novela. "No veo una literatura sin cuento o sin poesía, en tanto que una novela de 400, 500 páginas, puede muy bien desaparecer", opinaba.
Pasó su infancia en el barrio porteño de Palermo, donde conoció las andanzas de compadritos y cuchilleros que luego habitarían sus ficciones. Tenía apenas nueve años cuando realizó su primera
traducción del inglés al castellano: "El príncipe feliz", de Oscar Wilde. En 1914 viajó con su familia a Europa y se instaló en Ginebra, donde cursó el bachillerato. En su posterior paso por España, entre 1919 y 1921, tomó contacto con el ultraísmo.
A su vuelta redescubrió su ciudad natal, que lo inspiró para su primer libro de poemas, "Fervor de Buenos Aires" (1923). Este primer ciclo poético se completó con "Luna de enfrente" (1925) y "Cuaderno San Martín" (1929). Por entonces gestó también sus primeros ensayos, "Inquisiciones" (1925), "El tamaño de mi esperanza" (1926) y "El idioma de los argentinos" (1928).
En la década del '30 inició una larga y entrañable amistad con Adolfo Bioy Casares. Compartieron numerosas aventuras literarias, como la compilación de antologías de la literatura fantástica y policial, y entre 1942 y 1977 escribieron juntos varias obras con los seudónimos de Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch.
Borges, lector apasionado de los más diversos temas, trabajó como auxiliar desde 1937 en la Biblioteca Municipal Miguel Cané. En la década siguiente fue testigo de una experiencia histórica crucial en la Argentina, la del peronismo, al que siempre se opuso. No casualmente el gobierno de Juan Domingo Perón lo degradó en 1946 al cargo de inspector de ferias municipales. Por esa época se consagró con la publicación de los libros de cuentos "Ficciones" (1944) y "El Aleph" (1949).
Como consecuencia de una enfermedad congénita, la ceguera le sobrevino en la década del '50, aunque lo había ido alcanzando gradualmente desde la infancia. En sus propias palabras, "fue como un lento atardecer de verano", que sin embargo no le impidió seguir dictando sus obras.
El gobierno militar que derrocó a Perón designó a Borges director de la Biblioteca Nacional en 1955, cargo que desempeñaría hasta 1973. Además fue nombrado profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1956. Era un puesto a su medida: el escritor contaba que la primera vez que emprendió la lectura del Quijote lo hizo en la lengua de Shakespeare.
En la década del '60 comenzó a extenderse el reconocimiento a su obra. Fue galardonado con el Premio Formentor en 1961, compartido con Samuel Beckett, y el Cervantes en 1979, con Gerardo Diego. Pero no logró ser galardonado con el Nobel, lo que muchos adjudicaron a sus posturas políticas, que desagradaban a la Academia Sueca. "Todo el mundo sabe que es una cuestión política, evidentemente", aseguró su viuda María Kodama a dpa. 
Al recibir el Cervantes, Borges describió así el proceso creativo de un autor: "Tiene que sentir, luego soñar, luego dejar que le lleguen las fábulas; conviene que el escritor no intervenga demasiado en su obra, debe ser pasivo, debe ser hospitalario con lo que le llega y debe trabajar esa materia de los sueños..."
En 1967 Borges se casó con Elsa Astete, pero luego se separó y regresó a vivir con su madre, Leonor Acevedo, con quien mantuvo siempre un vínculo muy estrecho. Poco antes de morir contrajo matrimonio con Kodama, a quien conoció cuando ella era una joven estudiante. Eligió pasar sus días finales en Ginebra y pidió ser enterrado en esa ciudad, donde actualmente se encuentra su tumba, en el cementerio de Plainpalais.
En entrevista con la escritora Liliana Heker, Borges contó sus razones para seguir su incansable destino literario: "Sartre dejó de escribir cuando se quedó ciego. Yo no entiendo eso. Al contrario, yo he pensado: ahora que estoy ciego, tengo que seguir trabajando, porque ¿qué justificación tiene mi vida si no trabajo?" Y añadió: "¿Qué otra cosa puedo hacer sino escribir? Y eso no lo hago por vanidad, sino porque tengo que poblar mi tiempo de algún modo".
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MARÍA KODAMA: BORGES NO RECIBIÓ EL NOBEL POR RAZONES POLÍTICAS

A 30 años de la muerte de Jorge Luis Borges, su viuda María Kodama se muestra convencida de que el escritor argentino de mayor proyección universal no ganó el Premio Nobel de Literatura por razones políticas. En diálogo con dpa, rememora por otra parte un reencuentro del autor de "El Aleph" con Julio Cortázar en el Museo del Prado de Madrid.
Sobre la cuestionada decisión de la Academia Sueca de no concederle el galardón a Borges, una de las figuras más prominentes de las letras del siglo XX, asegura: "Todo el mundo sabe que es una cuestión política, evidentemente". 
La esposa de Borges y heredera de su legado cuenta que el escritor recibió una llamada desde Suecia antes de ir a aceptar un doctorado de una universidad chilena durante el régimen del dictador Augusto Pinochet, en la que se le habría insinuado que reviera esa decisión.
Kodama brinda su testimonio en detalle sobre esa comunicación telefónica: "Era un periodista, creo. (Borges) Me dice 'no nos hagamos ilusiones' y va hasta el teléfono. Cuando él hablaba por teléfono yo me iba, porque era su intimidad. Entonces me agarra del brazo para que no me vaya".
"Le dijo 'mire, yo le agradezco muchísimo su preocupación, pero hay dos cosas que un hombre no puede permitir: sobornar o dejarse sobornar. Muchas gracias por llamarme, buenas tardes' y colgó", refiere la escritora y traductora, que conoció a Borges cuando era una joven estudiante.
"La gente es muy perversa, porque cuando un hombre como él recibe un doctorado, el presidente del país es protocolo que vaya. Cuando fue en Francia, estaba Mitterrand, cuando fue en Inglaterra, el marido de la reina bajó en un helicóptero en los jardines de la universidad para un almuerzo que daban en honor de Borges. Pero la gente es muy muy perversa, y entonces empezaba 'que Pinochet, que esto, que lo otro'", explica. "Él no fue invitado por Pinochet, sino que fue invitado por la Universidad Católica", subraya.
Kodama relata el diálogo que mantuvieron tras la llamada. "Le pregunté '¿no quiere pensarlo? Puede decir que está mal, que está enfermo, lo que quiera'. Y me dijo '¿usted haría eso?' 'Usted sabe que no'. '¿Y por qué quiere que yo lo haga?' 'No, yo no quiero que lo haga, yo le pregunto'". 
Entonces Borges la abrazó, le pidió que olvidaran el tema y siguieran con la traducción que estaban haciendo. "Se terminó, nunca más se mencionó el tema. Además él sabía que lo había acabado él mismo. Al decir eso, ya lo sabía", señala.
La presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges destaca que, junto con su literatura, lo que más admira del autor que quedó ciego en la década del '50 es justamente esa virtud "de no dejarse manejar, de ser libre". "Eso me fascina en una persona, la libertad".
Encuentro único ante "Perro semihundido"
Kodama describe asimismo con emoción el momento del encuentro entre los dos gigantes de las letras argentinas, Borges y Cortázar, delante del "Perro semihundido" de Goya en el Museo del Prado.
"Soy miope, de lejos no veo, pero era imposible no ver una figura de dos metros de alto que avanzaba", apunta en referencia al espigado escritor que vivía en París.
"A mí me gusta mucho la obra de Cortázar. Entonces le digo emocionada, 'ay, Borges, ahí viene Cortázar'. Él me responde 'y usted querrá saludarlo' y yo, 'como usted quiera'. Antes de que terminara de decir 'como usted quiera', Cortázar estaba abrazándolo y diciéndole 'maestro, usted publicó mi primer cuento', que era 'Casa Tomada', 'yo lo admiro'. Y entonces él ahí cambió, por supuesto".
La distancia entre el autor de "El Aleph" y el de "Rayuela" se produjo "a raíz de la política, porque Cortázar estaba en la posición contraria a la de Borges", considera. Por lo tanto, "ese encuentro fue maravilloso, ver a los dos escritores cuyos cuentos para mí son maravillosos, delante del 'Perro semihundido' de Goya... me quedó como un 'slide' o, como dicen ahora, una 'selfie' para toda mi vida", apunta Kodama. "Un momento único, magnífico".
A la pregunta de cuál es actualmente la mejor manera de cuidar el legado borgeano, la viuda -que impulsó varias causas judiciales con ese fin- manifiesta: "Tratando de que no lo arruinen, tratando de que sea respetado. Es una tarea muy complicada".
La tumba de Borges en Ginebra
Kodama cree que el autor de "Ficciones" -que no inscribió su nombre entre los ganadores del Nobel, pero sí se adjudicó el Premio Cervantes y el Formentor, entre otros- pudo sentir el reconocimiento que merecía antes de morir el 14 de junio de 1986. 
"Justamente antes de ir a Ginebra, de partir, él sabía que partía, tuvo una gira impresionante de homenaje en Italia", indica. "Realmente fue maravilloso, incluso él pudo ver una retrospectiva de (Johann Heinrich) Füssli", el pintor de "La pesadilla", cuadro al que admiró.
Kodama recuerda a su marido como un hombre conversador. "Por ejemplo los que lo adoraban eran los conductores de taxi. Él andaba siempre de un lado para el otro en taxi. Entonces abría la billetera y decía 'sírvase'. 'No, maestro', le decían. Nadie le cobraba".
También evoca que a Borges le gustaba mucho andar por las calles de Buenos Aires, la ciudad en la que nació en 1899 y que habitó su literatura. "Caminábamos por Florida, por San Telmo, la parte de la biblioteca antigua de (la calle) México, y a veces por el zoológico para ver a los tigres, que él amaba y yo también".
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miércoles, 27 de abril de 2016

MARÍA KODAMA: "BORGES, COMO LOS ANTIGUOS GRIEGOS, PERTENECÍA A SU CIUDAD"

Jorge Luis Borges funda míticamente su ciudad, la canta a través de sus poemas, la narra a través de sus cuentos, afirma su viuda María Kodama en el prólogo de "Borges cuenta Buenos Aires". En diálogo con dpa, Kodama asegura además que el escritor argentino, "como los antiguos griegos, pertenecía a su ciudad".
A casi tres décadas de la muerte del autor de "El Aleph", Kodama presentó en la 42 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires este libro que reúne 12 relatos borgeanos -entre ellos "El Sur", "El libro de arena" y "Hombre de la esquina rosada"-, acompañados por imágenes de Carlos Greco.
La esposa de Borges y heredera de su legado se muestra complacida con el acento que pone la cita editorial en recordar al escritor nacido en 1899 a través de diversas actividades. "Borges siempre era una figura familiar y cuando estaba en Buenos Aires venía siempre a la feria, así que pienso que es muy lindo esto, que la feria le rinda homenaje a los 30 años de su partida".
Kodama cree que "Borges, como los antiguos griegos, pertenecía a su ciudad. Los griegos decían por ejemplo 'Zenón de Elea', siempre era el lugar donde habían nacido lo que correspondería a lo que ahora es el apellido. Y pienso que con Borges y Buenos Aires se produce eso también. Nació en Buenos Aires y Buenos Aires es para él casi su propio ser".
La escritora y traductora apunta que la ciudad a orillas del Río de la Plata se encuentra desde siempre presente en la literatura borgeana. "El tema de Buenos Aires está desde 'Fervor de Buenos Aires', que es el primer libro que él escribe en el año 1923 cuando vuelve de Europa, hasta el final de su vida, es decir a través de toda su obra".
La relación del autor argentino de mayor proyección universal con su metrópoli variará a lo largo de su vida. "Primero es el descubrimiento de esa ciudad cuando él vuelve y después cómo va sufriendo él el cambio que va teniendo esa ciudad. Hasta que al final dice que la ciudad que él conoció ya no existe, porque lógicamente ha sido objeto del cambio natural del tiempo y de la gente", analiza Kodama.
"Finalmente dice que todo eso no importa, porque un día el obelisco será talado, no existirá más, pero habrá un poeta que cante a esa otra ciudad que él ya no podría reconocer. Va a cantar a esa ciudad y a través de eso la ciudad es eterna", señala Kodama, que participará en los próximos días en otras actividades que la feria dedica al escritor, como el Encuentro Internacional "Un Borges para el siglo XXI".
En la tapa del libro de gran tamaño editado por emecé se ve a Borges con un bastón en la mano izquierda y un puñal en la derecha. "Borges cuenta Buenos Aires" está cruzado por imágenes de viejas casas de ladrillo con antiguas puertas y ventanas, majestuosas estaciones ferroviarias y otros edificios históricos y monumentos de la ciudad, junto a cuchillos, laberintos y felinos presentes en su universo literario.
A la presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges le agrada que no sean "imágenes convencionales", ya que el volumen muestra una Buenos Aires que no es la de los libros turísticos, "como si fuera buscando lo que es la esencia de los cuentos".
Mientras tanto, varias ciudades se sumarán a las conmemoraciones internacionales por el trigésimo aniversario de la muerte de Borges el 14 de junio de 1986 en Ginebra. Kodama, quien conoció al escritor cuando era una joven estudiante, adelanta: "Estamos organizando junto con la embajada y la Fundación Bodmer en Ginebra el gran homenaje. Y va a haber también un homenaje que ya comenzó en España, que de Madrid va a ir a Sevilla".
"Y como cierre también organizamos con el Instituto Cervantes de Nueva York en la primera quincena de diciembre un gran homenaje, porque la biblioteca del instituto tiene el nombre de Borges. Entonces se celebran las dos cosas, los 25 años de la biblioteca y los 30 años de la partida de Borges", cuenta.
Kodama asimismo evoca sus momentos de trabajo junto al escritor, que había quedado ciego en la década del '50 y dictaba sus textos. "Escribía cuando quería, como él decía, cuando la musa aparecía, sino no. Recuerdo una vez que un muchacho llegó y le dijo 'maestro, estoy desesperado. Me siento todas las mañanas ante el papel en blanco y no se me ocurre nada'. Y Borges le dice: '¿no sería mejor esperar a que se le ocurra algo para ponerse frente al papel en blanco?'", recuerda risueña.
Si Borges pasaba un tiempo sin escribir, no lo vivía "como algo dramático". "Leíamos, nos divertimos muchísimo. Evidentemente fui el amor de su vida y el amor de mi vida fue él, sino 30 años después no voy a seguir con él, si no hubiera sido así", subraya.
A la pregunta de si el cuentista, poeta y ensayista fue consciente de la fama que alcanzó, contesta sin dudar: "Lo vivía inocentemente, no era una persona jactanciosa, ni una persona que quisiera estar en un primer plano, eso se lo daban los otros. Él decía que su obra era una equivocación".
Kodama manifiesta no extrañar a Borges: "Es una sensación rara, porque todos ustedes me ayudan a tener como 'el milagro secreto'. Porque el hecho de que lo nombren, de que organice conferencias, de que dé conferencias, todo eso hace que yo sienta, aunque sé que él no está, que está vivo. Interiormente está en mí, es una presencia permanente".
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viernes, 10 de junio de 2011

JORGE LUIS BORGES, O EL HACEDOR DE UN UNIVERSO LITERARIO INIGUALABLE

Buenos Aires, 10 jun (dpa) - "Sería tan raro que yo me muriera. No por el hecho de morirme en sí, que sería de lo más común, a todos les ocurre, sobre todo a mi edad; sino que sería raro que yo, tan rutinario, hiciera algo fuera de mis hábitos", bromeaba Jorge Luis Borges poco antes de su fallecimiento el 14 de junio de 1986 en la ciudad suiza de Ginebra.

Pero la vida del escritor argentino de mayor proyección universal finalmente se apagó hace un cuarto de siglo, a los 86 años. Lejos de su Buenos Aires natal, y con un enorme reconocimiento en todo el mundo, aunque sin adueñarse del Premio Nobel.

Nacido el 24 de agosto de 1899 en pleno corazón porteño, el precoz Georgie -así lo llamaban en casa- aprendió a leer en inglés antes que en castellano. Poco queda de esa ciudad que supo transformar en paisaje de sus escritos. Pero lo que sí persiste es su obra: con magistrales cuentos, poemas y ensayos, se erigió en una de las figuras más prominentes de las letras del siglo XX.

El autor de "El Aleph" y "El hacedor" trazó un inigualable universo literario habitado por espejos, laberintos, bibliotecas y tiempos circulares, donde también abundan la manipulación de la memoria y la identidad. A la vez, apeló a las citas de libros reales e imaginarios, con un estilo deslumbrante por su precisión.

La ensayista Beatriz Sarlo señala que Borges desclasificó los géneros literarios, las jerarquías culturales y el orden. "Los estremecimientos que recorren sus relatos son el efecto y el síntoma de la desclasificación", apunta.

En tanto, su biógrafo Alejandro Vaccaro explica a dpa: "La vigencia de la obra de Borges está dada por su originalidad y genialidad. Sus relatos de sesgo fantástico son únicos en el mundo. Su obra no sólo está vigente, sino que crece y agiganta su figura año tras año".

Borges se confesaba gran lector de cuentos, pero no así de novelas, género en el que no incursionó. Y comentaba: "No veo una literatura sin cuento o sin poesía, en tanto que una novela de 400, 500 páginas, puede muy bien desaparecer". También admitía: "Mis amigos me dicen que mis cuentos son muy superiores a mis poesías".

"He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay en la tierra una sola página, una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad", reveló en el prólogo de "El informe de Brodie" (1970).

Pasó su infancia en el barrio porteño de Palermo, donde conoció las andanzas de compadritos y cuchilleros que luego habitarían sus ficciones. Tenía apenas nueve años cuando realizó su primera traducción del inglés al castellano: "El príncipe feliz", de Oscar Wilde. En 1914 viajó con su familia a Europa y se instaló en Ginebra, donde cursó el bachillerato. En su posterior paso por España, entre 1919 y 1921, tomó contacto con el ultraísmo.

A su vuelta redescubrió su ciudad natal, que lo inspiró para su primer libro de poemas, "Fervor de Buenos Aires" (1923). Este primer ciclo poético se completó con "Luna de enfrente" (1925) y "Cuaderno San Martín" (1929). Por entonces gestó también sus primeros ensayos, "Inquisiciones" (1925), "El tamaño de mi esperanza" (1926) y "El idioma de los argentinos" (1928).

En la década del 30 inició una larga y entrañable amistad con Adolfo Bioy Casares. Compartieron numerosas aventuras literarias, como la compilación de antologías de la literatura fantástica y policial y la creación de un escritor imaginario, H. Bustos Domecq, seudónimo con el que publicaron entre otros "Seis problemas para don Isidro Parodi" (1942).

Borges, quien imaginaba que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, trabajó como auxiliar desde 1937 en la Biblioteca Municipal Miguel Cané. En la década siguiente fue testigo de una experiencia histórica crucial en la Argentina, la del peronismo, al que siempre se opuso. No casualmente el gobierno de Juan Domingo Perón lo degradó en 1946 al cargo de inspector de ferias municipales.

Por esos años, el escritor erudito, irónico y polémico se consagró con la publicación de los libros de cuentos "Ficciones" (1944) y "El Aleph" (1949).

Como consecuencia de una enfermedad congénita, la ceguera le sobrevino en la década del '50, aunque lo había ido alcanzando gradualmente desde la infancia. "Fue como un lento atardecer de verano", explicaba, que sin embargo no le impidió seguir dictando sus obras.

En 1955, el gobierno militar que derrocó a Perón designó a Borges director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñaría hasta 1973. Fue nombrado profesor de literatura inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1956, tras afirmar: "Sin darme cuenta me estuve preparando para este puesto toda mi vida". De hecho, el escritor contaba que la primera vez que emprendió la lectura del Quijote lo hizo en la lengua de Shakespeare.

En la década del 60 comenzó a extenderse el reconocimiento a su obra. Fue galardonado con el Premio Formentor en 1961, compartido con Samuel Beckett, y el Cervantes en 1979, con Gerardo Diego. Pese a que su prestigio no paraba de crecer, no logró ser galardonado con el Nobel. Muchos lo adjudicaron a sus posturas políticas, que desagradaban a la Academia Sueca.

Aunque padeciera a causa del amor, se enamoró muchas veces. En 1967 se casó con Elsa Astete, pero luego se separó y regresó a vivir con su madre, Leonor Acevedo, con quien mantuvo siempre un vínculo muy estrecho. Poco antes de morir contrajo matrimonio con María Kodama, su acompañante de los últimos años. Eligió pasar sus días finales en Ginebra y pidió ser enterrado en esa ciudad, donde actualmente se encuentra su tumba, en el cementerio de Plainpalais.

En su vejez concedió numerosas entrevistas, en las que sorprendía con sus réplicas ingeniosas. Como por ejemplo cuando en un estudio de televisión parisino le preguntaron: "¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?" A lo que Borges respondió: "Es que éste ha sido un siglo muy mediocre".

EL PREMIO NOBEL, UN MITO ESCANDINAVO DESLUCIDO POR IGNORAR A BORGES

Buenos Aires, 10 jun (dpa) - Mario Vargas Llosa, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, pudo romper el año pasado la larga espera y atribuirse el galardón que la Academia Sueca le negó sistemáticamente a Jorge Luis Borges. En sus primeras reacciones, el escritor peruano dijo sin rodeos: "Pues me da un poco de vergüenza recibir yo el Premio Nobel, no habiéndolo recibido Borges".

Y es que a 25 años de la muerte del autor de "El Aleph", sus méritos para acceder al máximo galardón de las letras "son tan universales y actuales, que para siempre el Nobel será el premio que se deslució al ignorar a Borges", analiza el estudioso y testigo de la literatura latinoamericana contemporánea Julio Ortega.

"He sido, lo puedo contar ahora que dejé de serlo, uno de los críticos consultados por el premio. Y aunque el acuerdo era generalizado a favor de Borges, una y otra vez le fue denegado. Más ha perdido el Nobel que Borges", afirma el peruano Ortega a dpa.

María Kodama, viuda del escritor, sostuvo que su marido no inscribió su nombre en la lista de ganadores por "cuestiones políticas", pese a haber sido uno de los mejores autores del siglo XX. "Su forma de pensar no caía bien", dijo Kodama hace un tiempo en España. "Era un hombre íntegro y no se dejaba llevar por la corriente, aunque esto le supusiera perder muchas cosas".

Las razones para que Borges se quedara sin el galardón de la Academia Sueca fueron triviales, observa Ortega. "Porque habían premiado recientemente a otros escritores de lengua española, porque Borges había recibido una medalla de Pinochet, porque para algunos lectores Borges seguía siendo más europeo que latinoamericano, porque la diplomacia argentina ha solido ser muy poco borgiana, y, no hay que descartarlo, por mera ignorancia".

También el escritor argentino Pablo de Santis estima que Borges perdió el Nobel al aceptar una condecoración del dictador chileno y por el discurso que entonces pronunció. "El escritor chileno Miguel Rojas Mix, autor de grandes ensayos sobre América Latina, me recordó en una ocasión la frase que Borges dijo en esa oportunidad: 'Prefiero la clara espada a la furtiva dinamita'", indica De Santis, ávido lector de Borges, a dpa.

Y coincide: "Le quitó más prestigio al premio que a Borges. La fama de Borges está fundada en dos géneros casi olvidados por el siglo XX: el cuento y el ensayo breve. Si su obra alcanzó trascendencia sin haber escrito novelas, bien podía tenerla sin haber ganado el Nobel".

Tras el anuncio de que sería el undécimo hispanohablante en quedarse con la máxima distinción a la que puede aspirar un literato, Vargas Llosa reflexionó en medio de su alegría: "Creo que es una ausencia (Borges) que ha sido muy justamente criticada. También la Academia Sueca se equivoca a veces".

Y antes de llevarse el Nobel, el colombiano Gabriel García Márquez comentaba en una nota periodística la infructuosa espera del asiduo candidato: "Borges es el escritor de más altos méritos artísticos en lengua castellana, y no pueden pretender que le excluyan, sólo por piedad, de los pronósticos anuales". "Lo malo es que el resultado final no depende del derecho propio del candidato, y ni siquiera de la justicia de los dioses, sino de la voluntad inescrutable de los miembros de la Academia Sueca".

"Yo siempre seré el futuro Premio Nobel. Debe ser una tradición escandinava", se resignaba el autor fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra, cuyas opiniones políticas escandalizaron a la Academia Sueca. El argentino Roberto Alifano, quien fuera secretario de Borges, cuenta a dpa cómo vivía el escritor el anuncio del esquivo Nobel: "La noticia, cada año, cuando no se lo otorgaban, la recibía con una sonrisa y con una broma. Decía: 'Está bien que no me lo den; no me lo merezco. Pero eso hace que muchos se sientan culpables y me otorguen otros premios'".

Borges obtuvo todas las distinciones posibles a excepción del Nobel, subraya el biógrafo y coleccionista argentino Alejandro Vaccaro. "Las razones por las cuales no le han concedido el Nobel son sin dudas de orden político. Fue candidato durante 25 años y en ese lapso lo obtuvieron muchos escritores notablemente inferiores a Borges desde el punto de vista literario. Esa negativa constante ha desprestigiado el premio".

Mientras, el español Agustín Fernández Mallo, quien publicó recientemente "El hacedor (de Borges), Remake", homenaje y reelaboración del libro original, explica a dpa: "Si lo comparamos con el alcance de la obra de otros escritores, sí debería haber recibido el Nobel, ya que Borges es uno de los autores que más ha influido a partir de la primera mitad del siglo XX, y no sólo en habla hispana, sino también en el ámbito anglosajón. Lo que el 'caso Borges' ha demostrado es que ese premio no es el territorio, sino un sesgado mapa del territorio".

Los criterios de la Academia Sueca para decidir el galardón cambian según los jurados, indica Ortega. "En una época favorecían a los escritores de izquierda, porque representaban la resistencia de las sociedades sometidas por la violencia. O a escritores del bloque soviético, censurados y mal traducidos. En otra, favorecieron las voces del Tercer Mundo, para ensayar la inclusividad. Más recientemente, han optado por premiar a escritores de lenguas que no han tenido aún un Premio Nobel de Literatura. Es un premio, qué duda cabe, político hasta cuando no quiere serlo".

El profesor del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown (Providence, Rhode Island) considera que el Nobel es más importante en español que en otras lenguas. "Es, como dijo Borges, un mito nórdico. Es remoto, más bien imprevisible, y tiende al patetismo", concluye Ortega.

Entretanto, hasta que la Academia Sueca abra en unos cuantos años los archivos que arrojen luz sobre qué sucedió con la candidatura del escritor argentino, la única certeza es que Borges quedará para siempre como el Nobel que no fue.